El humor actuó como válvula de escape en Canarias durante la Dictadura con las murgas y figuras como Pepe Monagas, Beuster, Felo Monzón y Eduardo Millares, una tradición que siguió en la Transición con Juan Luis Calero y Manolo Vieira, ya lejos de la época en la que se aplicó la ley de Vagos y Maleantes a varios humoristas isleños.
Conocer cómo el humor sobrevivió en estos periodos, de qué tipo era y cómo fue utilizado a modo de denuncia ha llevado al historiador Ricardo Rizo a indagar en su función en la Dictadura y la Transición, de lo que habla en una entrevista con EFE.
Investigación
Esta investigación, bajo la dirección del profesor Domingo Garí, la ha plasmado Rizo para su trabajo de fin de grado de Historia en la Universidad de La Laguna y para ella ha analizado las murgas durante la etapa franquista, el humor gráfico, radiofónico, el rural a través de Pepe Monagas y el urbano a través de Manolo Vieira.
Así, explica, en Canarias el Carnaval desafiaba a la conducta impuesta por la Iglesia y los componentes de las primeras murgas -las del Flaco o el Chucho- pertenecían a las clases más humildes, como trabajadores del puerto, del carbón y peones.
Los escasos medios de comunicación del momento no hacían referencia a las actuaciones murgueras "evitando así que se enterasen en Madrid" y su crítica, picaresca e ironía convertía a las murgas "en defensores del pueblo", añade el historiador.
Una mera burla
Como el término murga no estaba bien visto a raíz de la prohibición de los carnavales, varios de estos grupos optaron por denominarse como “afilarmónica”, un cambio de nombre que no fue más que una mera burla, y la primera fue la integrada por los componentes de la veterana murga Los Bigotudos, que pasaron a llamarse Afilarmónica NiFú-NiFá en 1954.
Las letras tenían que sortear la censura de las autoridades y como no era fácil elaborarlas recurrieron a la ayuda de humoristas como Luisa Machado, conocida popularmente como “Seña Pepa”, Arturo Navarro Grau, más conocido como “Cho Venancio” y “Cho Pacheco”, a quien le dio vida Julio Pacheco, entre otros.
Un ejemplo de esas letras en las que participó Arturo Navarro es el siguiente: “Me lo dijo Antonio que los concejales no sirven para nada ... que dejen las plazas y se manden a mudar”.
En Las Palmas de Gran Canaria hay que remontarse a 1976 para la formación de la Afilarmónica Los Nietos de Kika, con un estilo propio en sus letras, un humor fino y respetuoso y temas como la entrada de España en la OTAN, la transexualidad y el tradicional "pique" con Tenerife.
De la represión al humor
Añade Ricardo Rizo que los humoristas gráficos isleños tampoco escaparon a la represión ni a la cárcel, tal y como le ocurrió en los primeros años de la Guerra Civil a destacados pintores y caricaturistas tan insignes como Pedro de Guezala y Paco Martínez.
El inicio de la Segunda Guerra Mundial también ocasionó dificultades a otro de los grandes humoristas canarios, Harry Gordon Beuster (1931-2010), hijo de inmigrantes alemanes en Tenerife y con una obra reconocida internacionalmente por su estilo geométrico.
Autorización
Los únicos periódicos que contaron con autorización para la publicación de viñetas fueron Falange y El Día, aunque más tarde también contaría con permiso La Provincia, y dentro de este grupo de humoristas isleños destaca Felo Monzón que, junto con Ortiz Rosales y Policarpo Niebla, fundó de forma clandestina en el campo de concentración el diario Fyffes, en el que exponían sus viñetas.
En 1944 se llevó a cabo la “Primera Exposición de Humoristas Canarios” en Las Palmas de Gran Canaria, que reunió los trabajos de una nueva generación de artistas que se formó cerca de la playa de Las Canteras.
"El mago"
Entre estos jóvenes se encontraba Eduardo Millares, humorista gráfico influenciado por Felo Monzón pero con un estilo propio, con un humor muy limpio sin posiciones reivindicativas aparentemente y capaz de despertar simpatía hacia la identidad canaria con su personaje de “el mago”.
El mago es equivalente al personaje del paleto que aparecía en viñetas a nivel nacional pero Millares cambió esta connotación otorgándole a este personaje la peculiaridad de representar al pueblo y a la identidad canaria.
La mujer
La figura de la mujer también ocupa un papel importante en el humor gráfico, pero esta vez más desfavorecido, con una connotación sexual o económica, con el papel de la prostituta o el de la causante de las pérdidas económicas del marido.
Otros temas a los que los viñetistas del momento hacían alusión estaban directamente relacionados con el Ejército y la Iglesia, con viñetas de gran contenido anticlerical y, a partir de los años 60, aparece el personaje del turista.
Pepe Monagas
Uno de los grandes exponentes de un humor rural, costumbrista que se encarga de poner en valor los aspectos de la Canarias profunda, fue el escritor y dramaturgo Pancho Guerra, autor de Pepe Monagas, el mago que poseía una sabiduría popular y un conocimiento de su territorio que hacía que el lector se identificara con él creando, quizás sin pretenderlo, un símbolo de la identidad canaria.
También es importante destacar el humor radiofónico y su utilidad en Canarias no sólo como divertimento, sino como una herramienta para darle valor al acento canario, lo que fue posible gracias a personajes como Cho Pacheco, Seña Pepa y Cho Juan, interpretados por Arturo Navarro, Genoveva del Castillo y Juan Rolo, respectivamente, y que también contribuyeron a darle valor a la idiosincrasia canaria.
Señas de identidad
Estas referencias radiofónicas de humor costumbrista se convierten en señas de la identidad canaria y en vía para liberar tensiones, a través del humor, para gran parte de la población, según explicó a Ricardo Rizo un "sucesor" en este tipo de humor, Juan Luis Calero, creador de la popular "la señora" y sus frases tipo "mi marido me ha salido bueno, dentro de lo que cabe y gracias a Dios".
Canarias también contó con un pionero en el monólogo cómico, Manolo Vieira, quien inició su andadura profesional en plena transición relatando la cotidianeidad desde su barrio natal de La Isleta, y que llegó a confesar que su personaje Alexis era él de niño.
El humor sirvió de divertimento y válvula de escape en la Dictadura y en la Transición, pero también hay que valorar "que hacer reír es un arte", concluye Ricardo Rizo, quien está recopilando datos para ampliar la investigación y poder publicarla en el futuro.
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