En el corazón del Carnaval de Tenerife late una preocupación que va más allá de los brillos y la música: la sostenibilidad de su cantera. Con la desaparición progresiva de agrupaciones infantiles, la pregunta sobre quién tomará el relevo es cada vez más urgente.
Para abordar este debate crucial, conversamos con Natalia González, presidenta de la histórica comparsa Tropicana Infantil, que este año celebra su 30º aniversario. Desde su experiencia al frente de una de las agrupaciones infantiles más longevas, Natalia ofrece una mirada franca y crítica sobre los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones de carnavaleros: la falta de apoyo, la competencia de otras modalidades, las normativas permisivas y la escasez de personas dispuestas a asumir la laboriosa tarea de dirigir estos grupos.
En esta entrevista, desgrana la fórmula que ha mantenido viva a Tropicana durante tres décadas y expone, sin tapujos, lo que ella considera un error de base que podría poner en riesgo el futuro de la fiesta más importante de las Islas.
[Pregunta] ¿Qué significa para ti el Carnaval?
[Respuesta] Para mí son las fiestas más alegres, donde la persona se demuestra como es, saca su yo más profundo. Es un momento que todos esperamos, es pura alegría, felicidad... y también un poco de desmadre, que de vez en cuando viene bien. Este año, además, es especial para nosotros porque celebramos el 30 aniversario de Tropicana Infantil.
¿Cómo llegaste a Tropicana Infantil?
Llegué por mi hija. Ella fue componente de Tropicana Infantil hasta el año pasado, que cumplió 18 años. Poco a poco me fui enganchando y vinculando con el grupo. Este año ella se ha tomado un año sabático, pero estoy segura de que volverá. Al final, a quien le gusta el Carnaval siempre vuelve.
30 años son muchos. ¿Cómo se prepara un aniversario así?
Sí, estamos súper orgullosos. Estar 30 años en el Carnaval, y 27 de ellos en una modalidad en la que prácticamente estuvimos solos durante mucho tiempo, es un orgullo inmenso. Ha habido que trabajar mucho. Cuando tienes un concurso que te da motivación, tienes que reinventarte cada año, y yo creo que eso ha sido parte del éxito para que el grupo siga vivo.
De todos estos años, ¿hay algún espectáculo o fantasía que se te haya quedado especialmente en la memoria?
Sinceramente, todos me han gustado. Mi hija siempre me preguntaba al verme el traje (ellos no lo ven hasta el día de la presentación): "¿Pero te gusta, mamá?". Y yo siempre le decía que sí. La ilusión y la motivación de los niños lo hacen especial. Aunque es verdad que el año que volvimos después del COVID fue diferente, nos hizo valorar todavía más lo que teníamos y lo que hacemos.
Este año vuelven a participar en el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Es un reto motivador para el grupo?
Sí, claro. Nosotros siempre buscamos cosas diferentes para motivarnos. El Carnaval es pasarlo bien, pero el concurso también es un aliciente. Los niños están emocionadísimos, sobre todo los que no han ido nunca. Es la tercera vez que vamos, y además, creo que es bonito para Santa Cruz de Tenerife y para Candelaria ir a demostrar fuera lo que sabemos hacer bien. Es positivo en todos los sentidos.
Cambiando de tema, hablemos del apoyo a la cantera del Carnaval. Desde tu perspectiva, ¿crees que hace falta más apoyo institucional? Vemos que cada año se pierden murgas infantiles y no salen nuevas comparsas.
Yo siempre soy sincera con esto. Cuando tienes un Carnaval cuya base te permite tener menores en grupos adultos, hay algo que no entiendo. No puede haber comparsas adultas con niños de 15 años. No es solo por las conversaciones o el ambiente, sino por los horarios de los ensayos. No podemos hablar de proteger al menor y después meterlos en contextos de adultos. Lo primero que tendría que cambiar es la base: no permitirlo. Y luego, fomentar la cantera de verdad, que la gente se sienta motivada. Nosotros luchamos mucho por salir, pero a veces nos sentimos los grandes olvidados.
Algo se hace mal cuando hay 18 grupos coreográficos y no hay comparsas infantiles. La excusa no puede ser que ahora se escucha reggaetón; hay que hacer cultura de Carnaval. Las niñas que salen de Tropicana Infantil y se van a una comparsa adulta duran 5, 6 o 7 años porque ya saben lo que es. El que empieza con 16 años en un grupo adulto dura uno o dos. La gente que lo ha mamado desde pequeño tiene otra base.
¿Crees que el auge de los grupos coreográficos está restando capacidad a la creación de nuevas comparsas infantiles?
Yo creo que no, porque nosotros estuvimos 27 años prácticamente solos, cuando no había tantos grupos coreográficos. Es verdad que donde hay más grupos coreográficos se te pueden ir algunos niños, pero en nuestro caso nunca hemos tenido problemas de componente para el baile. El problema siempre ha estado más en la percusión, que tampoco se valora igual. Los padres a veces ven que un niño toque la percusión como algo menos positivo, y pasa igual en las comparsas adultas. Algo falla cuando en un sitio tan carnavalero no se forman nuevas agrupaciones. Y repito, lo primero son las bases: que en las comparsas adultas haya adultos. No es lo mismo el ambiente para un niño de 15 años hasta las 2 de la mañana en un ensayo. Hablamos mucho del cuidado del menor, pero después fallamos en esto.
Para terminar, ¿crees que sería viable plantear un concurso específico que fomente que las comparsas adultas creen sus propios grupos infantiles?
Uno de los grandes problemas de hoy, no solo con los infantiles, es quién coge los grupos. Muchos desaparecen porque no hay una directiva que se haga cargo. Llevar menores es cada vez más complicado por las demandas de los niños y el tema con los padres. Si las comparsas adultas se hicieran cargo de formar un infantil sería más fácil, pero sinceramente no lo veo, no por falta de voluntad, sino porque ellos ya tienen bastante con sus propios grupos.
El problema de fondo es que no hay gente que quiera asumir la responsabilidad de dirigir estos grupos. Ojalá cambie, no por los concursos, sino porque si no hay cantera, no hay Carnaval. Toda la gente que está ahora en los grupos ya tiene sus años, y dentro de 5 o 6 puede empezar a faltar relevo. Es un problema que veo en muchos oficios: la sociedad no fomenta que la gente se dedique a cosas que requieren tanto esfuerzo y que, además, no dan dinero. Se dedican horas por pura vocación.