Nerera Pallares, en el puerto de Camariñas, Galicia, donde trascurre su novela. / DANIEL KATANGA
Nerera Pallares, en el puerto de Camariñas, Galicia, donde trascurre su novela. / DANIEL KATANGA

Nerea Pallares: "Mi novela busca darle visibilidad a las mujeres que sostienen el mundo"

¿Qué pasa si el tejido cesa? La autora de 'Punto de araña' explora los límites del cuidado y la palabra en el ciclo sobre el proceso creativo que organiza la Cátedra Mario Vargas Llosa en Las Palmas de Gran Canaria

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La escritora Nerea Pallares (Lugo, 1989) visita este jueves Las Palmas de Gran Canaria en el marco del ciclo de encuentros literarios que organiza la Cátedra Vargas Llosa y la Universidad de las Hespérides en su sede de Vegueta.

Tras el éxito de sus relatos, Pallares presenta su última novela, Punto de araña, una obra que explora la profunda conexión entre el tejido y el lenguaje. Ganó en 2025 el premio García Barros y está publicada por Libros del Asteroide.

Ambientada en la Costa da Morte, la autora rescata la voz colectiva de las mujeres del mar —redeiras y palilleiras— para reflexionar sobre la vulnerabilidad, la memoria y esa red silenciosa de cuidados que sostiene el mundo.

En esta entrevista, desbrozamos su proceso creativo, su mirada sobre el mercado editorial y la necesidad de imaginar nuevos horizontes de posibilidades a través de la ficción.

[Pregunta] Acaba de publicar Punto de Araña y viene a Las Palmas a hablar del proceso de creación literaria. ¿Cómo surge la novela?

[Respuesta] Me interesaba profundamente explorar las relaciones entre el tejido y el lenguaje. Es un concepto abstracto que aterrizó poco a poco al pensar en el texto como un tejido. Esta relación se hace evidente en el habla cotidiana a través de múltiples expresiones que usamos constantemente, como perder el hilo, ir al filo o bordar el discurso. Me interesa el tejido como una forma expresiva que existía incluso antes que la palabra. La historia cobra vida al preguntarme quiénes son las tejedoras que lo sostienen todo. La novela se sitúa en el tiempo presente en Camariñas, donde las protagonistas son las mujeres del mar. Ellas se relacionan con el tejido de formas muy distintas, alternando ocupaciones según la necesidad: son redeiras encargadas de reparar las redes de pesca, pero también encajeras, palilleiras y atadoras. Es en ese aterrizaje de la idea original donde surge toda la historia con estas mujeres como protagonistas.

Otra imagen promocional de la novelista Nerea Pallares en el puerto de Camariñas, Galicia. / DANIEL KATANGA
Otra imagen promocional de la novelista Nerea Pallares en el puerto de Camariñas, Galicia. / DANIEL KATANGA

¿Es la metáfora del tejido la que sostiene la estructura de la novela?

Sí, totalmente. La novela se divide en dos movimientos: tejer y destejer. Son las dos partes que la componen. Se trata de una metáfora que explora toda la novela y nace de una pregunta central: ¿qué sucede si el tejido cesa? Me refiero al movimiento del tejer entendido en un doble sentido, como acto físico en sí y como entramado social que une a la comunidad. Al cuestionar qué ocurre si ese movimiento se detiene, la novela indaga en qué es exactamente lo que se está sosteniendo a través de ese tejer constante.

Es como un diálogo colectivo que siembra la semilla de una rebelión. ¿Qué pasará si se rompe la red de cuidados que tejen las mujeres?

Se hace evidente en la novela, como en la realidad, que el sistema puede existir tal y como lo conocemos porque existe toda esta red invisible de cuidados. Son mujeres que en la sombra y de forma silenciosa asumen todas estas tareas, que no están suficientemente reconocidas ni justamente repartidas ni las tenemos tan presentes. El sistema depende de esa red invisible y silenciosa de cuidados asumida por las mujeres. Gracias al feminismo se ha politizado el cuidado y se ha sabido señalar el problema. La novela busca dar visibilidad y subir el volumen de esas tareas, ocupaciones o realidades que solemos dar por hechas. Ese trabajo de sostén posibilita la vida, pero normalmente no llevamos ahí nuestra atención.

¿Puede una novela cambiar el signo de los tiempos?

Más que algo transformador, lo veo como un gesto. Una rebelión entendida como un equilibrio de fuerzas, no como una venganza absoluta, que sería replicar la misma lógica para volver a los mismos problemas. La novela propone un cambio de sensibilidad y nuevos horizontes de posibilidad frente a un modelo agotado. Uso la ficción para imaginar otras formas de hacer las cosas porque creo que es necesario ese cambio de sensibilidad. Ahora mismo me interesa pensar en horizontes de posibilidad. Estamos en un momento en el que la realidad se resquebraja y no nos sirve. Todo está colapsando un poco y es desesperanzador no imaginarse otras formas de hacer las cosas. Por eso es interesante proponer algo así como un gesto desde la ficción. Creo que me ha salido una novela propositiva en ese sentido.

¿Lo buscada o surgió en el proceso?

Ese ánimo estaba presente desde el inicio. Sabía cómo quería terminar la novela para lograr un sentido de circularidad y resonancia, cruzando el tiempo presente de Camariñas con un tiempo mítico. Me refiero a algo que viene de atrás y que sigue sucediendo. Las novelas son estados de ánimo.

¿Conoce a Nacho Vegas?

Sí, su música, pero no personalmente.

Él dice que "es tiempo de lobos" y usted que "es tiempo de descoser". ¿Hay lobos en su obra? ¿Quiénes son?

Sí, representan la desigualdad estructural, pero mi intención no era darles voz a ellos. Me interesaba el punto de vista colectivo de las mujeres y cómo el acto de escribir y tejer da forma a la vida de manera justa. La novela juega mucho a darle forma a los silencios, a lo que no se ve. Tejer y escribir son dos realidades que se entrecruzan continuamente porque hay toda una reflexión metaliteraria también a través del tejido. Estos lobos, como les llamas tú, está claro quiénes son, los conocemos porque están compartidos en muchas realidades simultáneas del presente, pero no me interesaba que fueran ellos quienes contasen la historia, sino todo lo contrario. Es más bien poder entenderlas a ellas, a estas mujeres. Hay un protagonismo colectivo de distintas generaciones y conocer su punto de vista es lo que quería transmitir.

Galicia está presente en cada párrafo. ¿Es Camariñas un personaje más?

Sin duda, junto al entorno de Costa da Morte. Me refiero a ese mar bravo y ese viento que bate todas las puertas de las casas. Un entorno que se mueve entre lo cotidiano y lo mítico, recordándonos nuestra vulnerabilidad ante la fuerza natural y la memoria colectiva de los naufragios. Las arañas son también la expresión de ese entorno como fuerza sobrenatural y protectora. La novela arranca con la llegada de Ari, pero también están las mujeres del pueblo... Lita, Catuxa, Cruz... Al mismo tiempo sucede eso y otra cosa que nos lleva a esa dimensión mítica. Por eso el mar es un personaje más y nos pone frente a una fuerza viva que se escapa a nuestro control. Es un mar hecho de memoria colectiva y de naufragios, porque el tiempo de Costa da Morte se mide en naufragios y esto implica que hay un mar visible y otro invisible, el de los pecios y los barcos hundidos. Es igual que las arañas, que tienen ese doble papel... Son protectoras, pero también temidas... Llamarlas puede ser algo bueno que se va de las manos, algo que escapa al control de estas mujeres.

¿Eligió narrarla con la voz de las mujeres del pueblo para darle esa especie de intensidad de tragedia griega?

Cada mujer es un personaje y tiene su propia historia, pero uso la voz del coro para mostrar que funcionan como un colectivo con un sentido mítico que viene de atrás, ¿no? Hay un fuerte sentido de la colectividad. La novela nos cuenta ese momento, pero ¿cuántas veces se han reunido las mujeres a lo largo de la historia? Quizás muchas, ¿no? Es una puerta que dejo abierta.

¿Buscó inspiración en Chantal Maillard, la poeta?

Sí, me interesa mucho su pensamiento sobre el texto como tejido, eso que dice del hilo y la saliva, o la necesidad de anudar la realidad de otro modo. De alguna manera, ese desanudado es lo que propone mi novela.

Lo elegante, según Roberto Bolaño, es leer. ¿Cómo lleva el masoquismo de sentarse todos los días a escribir?

No me siento todos los días. Mi proceso de escritura funciona más bien por fases. Hay una expansiva de búsqueda y documentación, y otra introspectiva de escritura intensa. No lo vivo como algo disciplinado ni organizado en torno a un horario, sino que escribo cuando la idea se va cristalizando; es un proceso que se sufre pero que también se disfruta.

¿Se pierde mucho en el camino de la idea a la edición? Imagino que son fuerzas que chocan.

En mi caso ha sido positivo porque las recomendaciones de editores expertos han mejorado la lectura y han aportado otros puntos de vista.

Primero relatos y ahora esta novela corta. ¿Para cuándo una historia más larga?

No tengo prejuicios en ese sentido. No pienso en un género cuando me siento a escribir, sino en las necesidades de la historia. No sé qué haré después de Punto de araña, si relato o novela larga, todo dependerá de cómo cristalicen las ideas. Necesito tiempo para sentarme a tirar de los hilos.

¿Algún consejo para la gente que lleva una novela dentro y no se atreve a sacarla?

Me parece terrible dar consejos. ¡Dios, es que no me gusta nada darlos! Además, estamos en una época en la que todo el mundo te da consejos que no pides, ¿no? Lo único que se me ocurre es ser honesta con una misma.

Sin honestidad parece imposible que algo funcione, ¿no?

Hay que eliminar el ruido: no estar pendiente de las tendencias del mercado ni de cómo se recibirá la obra. La clave es trabajar en lo que te apetece por el puro deseo de hacerlo.

¿Y frente al exceso editorial? Un informe del sector dice que de la mitad de los libros publicados no se lee ni uno ¿Sobran libros en España?

Es un drama de la lógica de mercado que trata al libro como un producto de usar y tirar. Se publican demasiados títulos sin cuidado, lo que estresa a libreros y perjudica a los autores, cuya obra apenas dura unos meses en las mesas de novedades. Deberíamos replantearnos si esta es la mejor forma de acompañar los libros hasta los lectores.