La primera vez que Xerach Peñate, (baterista, compositora, productora y cantante grancanaria) pidió algo grande no lo hizo desde la prudencia —se nota que prefiere lo opuesto a ser una persona comedida— lo hizo desde la intuición. Frente a ella tenía al promotor de Camela, que acababa de ver uno de sus conciertos y le preguntaba cómo podía ayudarla. Xerach no dudó demasiado. “Llévame de telonera de Camela”, respondió. Hoy ya suma cinco conciertos abriendo para uno de los grupos más populares de la música española.
La escena parece improbable. Una artista canaria que mezcla pop electrónico, techno, percusión tradicional, danza contemporánea y hasta monólogos teatrales actuando antes de que miles de personas canten Cuando zarpa el amor. Pero precisamente ahí, en esa aparente contradicción, es donde la artista canaria, encuentra sentido a su proyecto.
“No tiene mucho sentido, pero eso es lo que le da todo el sentido”, dice entre risas.
Talento de cuna
La artista, nacida como Xerach Peñate, lleva prácticamente toda su vida sobre un escenario. Empezó a tocar la batería con cuatro años. Tiene 33. Durante más de una década fue músico para otros artistas. Tocó con Ale Acosta —con quién compartió escenario hace algo más de una semana en Canarias Tiene el Flow—, con Christina Rosenvinge o con La Mare. Pero mientras acompañaba proyectos ajenos seguía escribiendo canciones propias, buscando un lenguaje que no terminaba de encajar ni en el pop tradicional ni en los circuitos alternativos.
Hace tres años decidió construir su propio universo artístico. Uno en el que podía tocar la batería con una mano, el teclado con otra y cantar al mismo tiempo. Uno en el que las canciones convivieran con la performance, la danza o el teatro. Uno en el que la estética tuviera tanto peso como el sonido.
“Yo hago pop electrónico, pero siempre digo que hago autoficción”, explica. “Compongo canciones sobre cosas que me pasan y luego las transformo. Como soy batería, mis canciones tienen mucho peso rítmico: bajos de techno, ritmos de tambora, muchos coros…”.
En directo, esa identidad se multiplica. Xerach aparece vestida de blanco junto a sus bailarinas, con maquillaje teatral y una puesta en escena que bebe tanto del concierto como de las artes escénicas. Habla de sus shows como espacios híbridos donde todo suma: el cuerpo, la iluminación, el discurso visual y la música. “Cuando encuentras tu identidad artística, todos esos rituales ayudan. Te ayudan a encontrarte”, asegura.
El reto Camela
Lo más difícil de abrir conciertos para Camela no era compartir cartel. Era enfrentarse a un público que no había ido a verla a ella. “El público quiere ver a Camela. Yo sabía perfectamente que no venían a verme a mí”, reconoce.
Ahí apareció el reto que más le interesaba: conquistar a espectadores que no esperaban encontrarse una propuesta como la suya. La primera prueba fue en Jerez. Xerach terminó una canción que ni siquiera ha sacado y ocurrió algo inesperado: parte del público empezó a corearla. “Pensé: ‘¿Qué está pasando aquí?’ Fue increíble”.
Desde entonces, la experiencia se ha convertido en una especie de entrenamiento acelerado para una artista acostumbrada a moverse entre márgenes menos comerciales.
“Hay gente en primera fila que está en la zona VIP mirándote con cara rara”, cuenta riéndose. “Pero son unas tablas increíbles. Me está permitiendo llevar mi proyecto a muchas ciudades”.
También habla de Camela con admiración. Le interesa especialmente cómo el grupo consiguió convertir una música históricamente despreciada por parte de la industria en un fenómeno masivo y profundamente popular.
Cuando le pregunto, en la intimidad de la redacción de Atlántico Hoy, qué canción del dúo llevaría a su propio terreno artístico, responde rápido: Cuando zarpa el amor. Luego bromea mirando a cámara: “Y si Don Omar está viendo esto, que me lleve de telonera”. Y ojalá, porque su versión techno de Pobre Diabla bien merece un reconocimiento por parte del cantante puertorriqueño.
La generación canaria
La conversación inevitablemente termina girando hacia Canarias. Hacia el momento que vive la música hecha desde las Islas. Hacia esa sensación de que algo está cambiando.
Xerach diferencia entre música e industria musical. Para ella, en Canarias siempre ha habido músicos brillantes. La novedad es otra: ahora algunos artistas canarios están ocupando el centro del mercado musical.
“Podemos tener a Quevedo, a Ptazeta o a muchos otros en el número uno de las plataformas, pero eso no significa que aquí haya mejores espacios para tocar”.
La artista insiste varias veces en esa contradicción. Mientras Canarias exporta nombres capaces de liderar listas internacionales, muchos músicos siguen teniendo dificultades para actuar en las propias Islas.
“Nos faltan circuitos. Antes existían espacios como Playa Viva o en la Plaza de la Música. Ahora parece que se apuesta más por traer artistas enormes de fuera que por convertir a los de aquí en esos grandes artistas”.
La reflexión no nace desde el resentimiento, sino desde una idea muy concreta de identidad cultural. Xerach habla constantemente de mezcla, de fusión y de pertenencia. Por eso no le sorprende que Quevedo haya incorporado timples o referencias tradicionales en un disco de reguetón, ni que el folklore canario esté encontrando nuevos lugares dentro de la música urbana.
Para explicarlo utiliza un ejemplo inesperado: el merengue en Galicia. Cuenta cómo muchas orquestas canarias viajaron durante años al norte peninsular y terminaron dejando allí parte de esos sonidos caribeños. La música, dice, nunca ha sido algo puro. Siempre ha sido movimiento. “Vivimos en una época globalizada. Nunca fuimos solo una cosa”.
“Ahora hay orgullo canario”
Aun así, hay algo que Xerach percibe diferente respecto a hace años: la relación de los jóvenes con la identidad canaria.
“Antes existía mucho eso de ‘vete fuera porque aquí no hay oportunidades’. Ahora noto orgullo por lo local”.
Habla de nuevas generaciones que aprenden silbo, que conocen mejor la historia de las Islas y que ya no sienten complejo a la hora de reivindicar símbolos culturales propios.
“Hay una frase que me encanta: mientras más local, más internacional”. Por eso cree que muchos artistas canarios están conectando con el público desde un lugar emocional muy concreto: la necesidad de preservar una identidad que sienten amenazada por la masificación turística y la homogeneización cultural. “La cultura refleja lo que estamos viviendo. Hay una lucha común por proteger lo nuestro”.
En esa conversación aparecen nombres como Lajalada, Julia Rodríguez, Rodrigo Cuevas o propuestas alejadas completamente del mainstream. Xerach insiste en que la riqueza musical canaria no puede resumirse únicamente en los artistas más virales.
“Somos ocho islas llenas de talento y además muy diverso. Entre Quevedo y Julia hay un abismo artístico, y eso es maravilloso”.
El próximo paso
Mientras gira por España junto a Camela, Xerach prepara ya el lanzamiento de su segundo disco: Tú me quieres, yo te adoro, previsto para el 18 de septiembre.
El álbum hablará sobre cómo se relaciona emocionalmente la generación que ronda la treintena. “No sabemos si nos queremos, si nos adoramos o qué está pasando”, resume riendo. Dice que es un disco más energético que el anterior y que siente que, por primera vez, puede ver claramente una evolución en su identidad artística.
Un día después de publicar el álbum actuará en el Festival Boreal, en Tenerife. Casi en casa.
“Me parece poético”, admite. “Después de recorrer toda España, voy a presentar el disco en mis Islas. Y yo a mis Islas las adoro”.
