Yo me había prometido que este fin de semana era para desconectar en El Hierro, pero así no se puede. Ferran ha tenido la mala baba de bordarnos la segunda estrella en el pecho justo cuando yo estaba en mi fin de semana de relax, y esto hay que narrarlo.
Para quienes no me conozcan, soy Álvaro Oliver, jefe de redacción de Atlántico Hoy en la provincia tinerfeña. Hace un mes y medio, calculé mal mis días libres y reservé una escapada de fin de semana a El Hierro coincidiendo con la final del Mundial.
"Bueno, igual España no llega. Y, si lo hace, habrá algún bar donde verlo", pensé cuando me di cuenta. Y vaya que si llegó. Con el 0 a 1 ante Francia ya estaba mirando dónde habría pantallas gigantes en la Isla del Meridiano para la cita mundialista.
Isora
Resulta, por casualidad, que había reservado mi estancia en un pequeñísimo núcleo de Valverde, alejado de toda contaminación acústica y lumínica. Resulta, por casualidad, que el Ayuntamiento de Valverde decidió que la única pantalla del municipio para ver a La Roja levantar la segunda iba a instalarse precisamente en Isora, el pueblecito en cuestión.
Pintaban bien las cosas, por lo tanto. Tenía miedo, cuando me di cuenta de que había cogido mis vacaciones en una casa rural en un pueblo de menos de 500 habitantes el el día de la final, de perderme el ambiente. Los isoranos se encargaron de mostrarme lo equivocado que estaba.
Una plaza atestada
Y es que este fin de semana eran las fiestas de Fátima e Isora se había engalanado. Los bailarines habían danzando por la mañana, y por la tarde todo el pueblo se había reunido en la plaza del centro cultural Francisco Acosta en torno a una cantina reciclada de los festejos y un proyector con la retransmisión de Radio Televisión Española.
A las ocho menos diez, entro a un recinto que supera con creces mis expectativas y me abro una cerveza que llevo bajo el brazo. Tras el sonido burbujeante de la lata y el primer trago helado, echo un vistazo alrededor y me encuentro con una cara que me es familiar.

Una cara conocida
"¿Será él?", me pregunto para mis adentros. Le he visto mil veces en actos. Incluso ha acudido como representante del Gobierno de Canarias a los premios Atlántico Hoy, pero cuando le veo en bermudas y cholas dudo de mi memoria.
"¿Eres Narvay?", le pregunto, a la vez que arranca el partido entre España y Argentina por la Copa del Mundo de fútbol. "¡Sí!", me responde, y no tarda en reconocerme. Estoy en un pueblo minúsculo de El Hierro viendo la final del Mundial con el consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias como compañero para comentar la jugada.
Acogimiento isorano
Me explica que está contento, que Isora es su casa y está viendo la final con su gente. Me presenta a su familia y sus amigos. El día anterior, el 18 por la tarde, me cuenta que ha estado presentando la Feria de la Almendra y el Higo en el mismo sitio donde estábamos animando a La Roja, y había sido un éxito.
Buen hombre, Narvay Quintero. Cercano con los suyos, acogedor con los invitados. Con menos de un cuarto de hora sobre el crono, me invita a una bebida y ya sé que, pase lo que pase en el partido, nuestra pena o gloria está unida.
Sube la tensión
Los minutos van pasando y comentamos cada jugada. El arbitraje de Slavko Vincic no nos convence, pero tenemos fe. La Albiceleste está indefensa, pero La Roja no castiga, y entre garimba y garimba hemos llegado al minuto 90 y el marcador sigue 0 a 0.
Narvay se muerde las uñas. Yo me muerdo las uñas. Toda Isora se muerde las uñas porque un error ahora sería catastrófico. Llega la prórroga, menos mal que hay un balón de oxígeno.
Nico marca, pero nos roban
Apenas hemos acabado de acomodarnos para la extensión de 30 minutos cuando Nico Williams bate al Dibu Martínez en un rechace y todo Isora salta. He tirado mi cerveza por los aires, pero el colegiado esloveno tiene otros planes y pita una falta inexistente de Merino sobre Otamendi que devuelve el marcador al empate. Mi garimba, sin embargo, no vuelve.
Las uñas no nos han crecido desde que nos las mordimos en el añadido del tiempo reglamentario, así que ya nos mordemos los muñones. Sin garimba, uñas, ni tiempo, sólo nos queda encomendarnos a la virgen de Fátima.
Nos adelantamos por fin
Y Fátima nos oye. A mi y a Narvay, que estamos juntos en esto. Corre el 106 sobre el crono y ya estamos en la segunda parte de la prórroga. Si nadie lo remedia, nos vamos a penaltis contra un especialista como el Dibu, para defender el arco de una Albiceleste que no ha hecho nada reseñable en todo el partido para merecer el trofeo y juega con uno menos desde la expulsión de Enzo Fernández.
Y por el campo se cruza la reminiscencia de don Andrés Iniesta Luján, 16 años después, guiando a los cachorros de De la Fuente a la gloria. El extremeño Pedro Porro inicia la jugada, con un centro a Nico Williams desde el vértice derecho del área. Nico, casi sobre la línea de fondo, devuelve la pelota al interior, con un testarazo que la deja botando en la frontal del área chica. Y ahí está Ferran, con el respaldo de 47 millones de españoles, que no perdona y la manda al fondo de la red.

Gooooool
E Isora salta por los aires. Todos gritamos, nos abrazamos. De repente, me veo colgado del hombro del consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias, que me mira y grita: "¡Goooooool!". Y yo le abrazo y grito: "¡Gooool, joder!".
Pero Argentina no iba a entregar las armas tan rápido. Los de Scaloni han resucitado de entre los muertos varias veces en este mundial, y han venido a quemar las naves.
Vienen las angustias
Ferran repite gol, pero se lo anulan en un fuera de juego milímetrico y en Isora se oye a alguno acordándose de Infantino. La anotación no sube al marcador y de repente parece que los argentinos despiertan. Que todo lo que no hicieron durante 115 minutos de encuentro lo van a intentar en los últimos cinco.
Se hacen eternos, y el añadido más. "¡Que pite ya el final!", grita un vecino de Isora. Yo miro a Narvay y estoy seguro de que secunda las palabras del paisano.
GRACIAS
Y llega el 125 y Slavko Vincic pita, por fin. Parece mentira, pero somos campeones del mundo por segunda vez. Recuerdo a Iniesta marcar contra Holanda en 2010 en el minuto 116 de la prórroga, recuerdo donde viví aquel 11 de julio cuando levantamos la primera. Tenía 14 años y estaba en un campamento de verano en la serranía abulense.
Me erizo todo. Ferran nos ha dado la segunda. Gracias don Andrés Iniesta, gracias Ferran Torres. Gracias Isora, gracias El Hierro y gracias Narvay. Lo recordaré siempre.

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