Imagen de Puerto del Rosario / TURISMO DE FUERTEVENTURA
Imagen de Puerto del Rosario / TURISMO DE FUERTEVENTURA

La advertencia de un jubilado italiano que vive en Fuerteventura: "Hay muy pocas viviendas y no se alquilan por menos de 800 euros"

Giulio, un italiano jubilado que vive en Puerto del Rosario, cuenta la cara menos idealizada de mudarse a la isla: vivienda cara, precios similares a Italia y menos variedad de productos

Escucha el artículo ahora…

0:00
0:00

Actualizada:

Fuerteventura suele aparecer en el imaginario de muchos europeos como una isla luminosa, tranquila y perfecta para retirarse; con sus playas de arena blanca, clima suave durante buena parte del año, viento constante y un ritmo de vida muy distinto al de las grandes ciudades. Para quienes sueñan con jubilarse lejos del ruido, la segunda isla más grande de Canarias puede parecer casi una postal hecha a medida.

Pero vivir en una isla no es lo mismo que pasar unas vacaciones. Eso es precisamente lo que ha querido contar Giulio, un italiano de 70 años que reside en Puerto del Rosario y que compartió su experiencia en una entrevista publicada en el medio italiano Fanpage.it. Su testimonio no niega los atractivos de Fuerteventura. Al contrario, Giulio insiste en que está contento con su decisión. Sin embargo, también advierte de que la vida cotidiana en la isla tiene matices que no siempre aparecen cuando se habla de Canarias como destino ideal para jubilarse.

De turista a residente

La relación de Giulio con Fuerteventura empezó mucho antes de su mudanza definitiva. Durante años visitó la isla como turista y fue conociendo su ambiente, sus paisajes y su forma de vida. Hace una década decidió comprar una vivienda en la isla, aunque en ese momento todavía trabajaba y mantenía su vida repartida entre España e Italia.

El cambio definitivo llegó hace cuatro años, con la jubilación. Entonces se instaló de manera permanente en Fuerteventura y se registró en el AIRE, el Registro de los Italianos Residentes en el Extranjero. Desde entonces, su vida transcurre en Puerto del Rosario. Allí tiene su casa, su rutina y una etapa nueva después de dejar atrás su vida laboral en Italia. Pero también ha comprobado que residir todo el año en la isla implica mirar Fuerteventura con otros ojos.

La postal y la vida diaria

En la entrevista, Giulio resume bien esa diferencia entre la imagen idealizada y la realidad diaria. No dice que vivir en Fuerteventura sea malo, pero sí considera que faltan cosas que tenía en Italia. Uno de los primeros aspectos que menciona es el coste de vida. Frente a la idea extendida de que vivir en Canarias puede resultar mucho más barato, el jubilado sostiene que los precios no son necesariamente inferiores a los italianos.

Según su experiencia, al volver a la isla en julio encontró en supermercados precios similares a los que había visto en ciudades como Milán o Padua. También apunta a otro elemento que para él marca la diferencia, la variedad de productos.

Giulio considera que en Fuerteventura no existe la misma oferta que en Italia. Lo nota especialmente en algunos alimentos frescos, como el pescado, que —según cuenta— no siempre llega con regularidad y muchas veces se compra congelado.

Comer fuera y llenar el depósito

El jubilado italiano también habla de gastos cotidianos que, en su opinión, han cambiado o no resultan tan económicos como algunas personas imaginan. Entre ellos menciona la gasolina. Recuerda precios mucho más bajos en el pasado y señala que actualmente, pese a los descuentos, el combustible se sitúa en torno a cifras bastante superiores a las que él conoció al llegar.

Los restaurantes tampoco representan para él una gran diferencia respecto a Italia. Según su experiencia, salir a comer fuera en Fuerteventura puede tener precios similares a los de su país. Son detalles que quizá un turista no percibe de la misma manera durante una semana de vacaciones, pero que un residente incorpora a su presupuesto mensual.

La vivienda, uno de los grandes problemas

Uno de los puntos más sensibles de su relato es la vivienda. Giulio asegura que los alquileres han subido de forma notable desde la pandemia y que actualmente existe poca oferta disponible. Según explica, encontrar vivienda por menos de 800 euros resulta complicado. Comprar tampoco le parece una alternativa especialmente barata, ya que calcula que una vivienda de unos 100 metros cuadrados puede rondar los 250.000 euros.

Su reflexión conecta con uno de los debates más presentes en Canarias durante los últimos años: la presión sobre el mercado inmobiliario, el peso del turismo y la llegada de nuevos residentes extranjeros. Giulio no plantea el tema solo desde su caso personal. También señala que quienes se mudan a la isla deben tener presente que Fuerteventura no es únicamente un destino de descanso, sino un territorio donde vive población local y donde los cambios económicos también tienen consecuencias.

El Cotillo, Fuerteventura / TURISMO DE ESPAÑA
El Cotillo, Fuerteventura / TURISMO DE ESPAÑA

Turismo, residentes extranjeros y convivencia

La presencia de residentes italianos en Fuerteventura forma parte del contexto que recoge Fanpage.it en la entrevista. La comunidad italiana en Fuerteventura cuenta con 9.802 residentes oficiales. Giulio considera que la llegada de nuevos residentes se ha producido de forma poco controlada y relaciona ese fenómeno con la presión sobre la vivienda y con el debate sobre el turismo masivo.

Su mirada no es la de quien rechaza la isla en la que vive, sino la de alguien que intenta poner sobre la mesa la parte menos cómoda del sueño canario: cuando un lugar se vuelve muy deseado, también aumentan los precios, la competencia por la vivienda y la tensión sobre los recursos disponibles.

Sanidad y seguridad

El jubilado también compara la atención sanitaria con la de Italia. En este punto, su valoración es clara, considera que el sistema sanitario italiano funciona mejor. Además, menciona la seguridad como otra de sus preocupaciones. Según su percepción, la delincuencia ha aumentado en los últimos años, especialmente en zonas turísticas.

Son cuestiones que, según él, no suelen ocupar demasiado espacio cuando se habla de las ventajas de mudarse a Canarias, pero que forman parte de la vida real de quienes residen allí durante todo el año.

“No me quejo de donde vivo”

A pesar de todas estas críticas, Giulio insiste en que no se arrepiente de haberse mudado. Su balance sigue siendo positivo, pero alejado de la postal perfecta. Reconoce que la vida en Fuerteventura es buena y tranquila, con ritmos distintos a los de Italia. También explica que suele regresar a su país cuando necesita romper la rutina o reencontrarse con aquello que echa de menos. “No me quejo de donde vivo; echo de menos algunas cosas de nuestro país”, afirma en la entrevista.

Su conclusión resume el tono de todo su testimonio, está contento de vivir en Fuerteventura, pero cree que la situación se describe muchas veces de una forma demasiado idealizada.

Vivir en una isla no es estar siempre de vacaciones

La historia de Giulio sirve para recordar algo evidente, pero a menudo olvidado y es que mudarse a Canarias no equivale a vivir en unas vacaciones permanentes. Fuerteventura tiene playas, luz, calma y paisajes que explican perfectamente por qué tantas personas se enamoran de la isla. Pero también tiene precios, problemas de vivienda, limitaciones en la oferta de productos, dependencia del transporte, dificultades sanitarias percibidas por algunos residentes y tensiones vinculadas al turismo.

Porque una cosa es mirar Fuerteventura desde una tumbona durante una semana y otra muy distinta es hacer la compra, buscar casa, pagar gasolina, ir al médico y construir una rutina durante años.

Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora