Gran Canaria ya no compite: examina su propia ejecución. La visita de la delegación de la FIFA, este lunes, ha servido para medir el grado de avance de una sede que ya forma parte del mapa del Mundial 2030, aunque pendiente de la validación definitiva que el organismo internacional comunicará en diciembre. Y el diagnóstico es claro: el modelo convence, pero el calendario empieza a exigir resultados tangibles.
El contexto nacional refuerza su posición, pero también eleva la exigencia. Las renuncias de A Coruña y Málaga, ambas tras haber superado el corte inicial, han reducido el número de sedes en liza por decisión propia, mientras Valencia y Vigo buscan su encaje definitivo. En ese escenario, Gran Canaria no pelea por entrar, sino por consolidarse sin fisuras dentro de la lista final.
Ficha financiera
El principal aval de la isla está en su modelo. La FIFA valoró especialmente que Gran Canaria cuenta con el respaldo de todas las administraciones públicas implicadas, un elemento clave en un proceso donde la coordinación institucional marca diferencias. A ello se suma la existencia de una ficha financiera ya definida para la reforma del Estadio de Gran Canaria, una herramienta que garantiza la sostenibilidad de la inversión y el control de los recursos públicos.
La financiación del proyecto refuerza esa imagen de solvencia. La UD Las Palmas participará directamente en la remodelación del estadio con una aportación de 60 millones de euros sobre un presupuesto total de 174 millones, un compromiso que no es habitual en otras candidaturas y que refuerza la credibilidad del proyecto ante la FIFA.
El calendario, además, ya está en marcha. La licitación de las obras está prevista para mediados de abril, lo que marcará el inicio de una fase decisiva. La reforma deberá estar finalizada en junio de 2029, un año antes del arranque del Mundial, un margen que obliga a no cometer errores.
Sede solvente
Más allá de la infraestructura, la FIFA avaló la solvencia global de la isla como sede. El plan de movilidad recibió elogios por su coherencia, mientras que el plan de seguridad superó las expectativas. En este punto, la candidatura jugó una carta de peso: el Estadio de Gran Canaria acogerá en junio una misa del papa León XIV, un evento que ya cuenta con el visto bueno del Ministerio del Interior, el Vaticano, la Guardia Suiza y el equipo de seguridad del pontífice.
La capacidad para gestionar grandes eventos es otro de los argumentos que refuerzan la candidatura. La experiencia acumulada con los partidos de la UD Las Palmas o citas multitudinarias como el Granca Live Fest sirvió como ejemplo práctico de que la isla está preparada para manejar grandes concentraciones de público.
A ello se suma una ventaja estructural difícil de igualar: la planta alojativa y la conectividad. La FIFA destacó que Gran Canaria cuenta con una de las mejores capacidades hoteleras y de conexiones aeroportuarias de todo el torneo, un factor clave en la logística de un evento global.
Asterisco a la totalidad
Sin embargo, la buena nota llega acompañada de un aviso que condiciona todo el proceso. La delegación de la FIFA dejó claro que en la próxima visita, prevista entre octubre y noviembre, la isla deberá mostrar avances visibles en la obra del estadio. De no ser así, la candidatura podría empezar a entrar en una zona de riesgo en cuanto a los plazos.
La decisión final se conocerá en diciembre, y hasta entonces el margen se estrecha. Gran Canaria ha cumplido con nota en planificación, coordinación y diseño. Ahora, el reto es ejecutar.
Porque si algo dejó claro la FIFA es que el modelo convence… pero la opciones para que Gran Canaria sea sede definitiva del Mundial 2030 están, de momento, en La Nube —nombre del proyecto ganador para reformar el estadio—.
