Juan Miguel Morales Pérez (Santa Brígida, 1978) conoce el Club Baloncesto Gran Canaria desde perspectivas muy diferentes. Como jugador cumplió el sueño de debutar en la ACB con el equipo amarillo, en diciembre de 1997, y quince años después regresó a la entidad para cerrar su carrera deportiva en el filial. Desde entonces ha desarrollado una trayectoria de catorce temporadas consecutivas en la entidad, especialmente vinculado a su estructura de formación, hasta asumir ahora la dirección general en una etapa de profundos cambios institucionales y deportivos.
Formado inicialmente como maestro, Morales ha completado su preparación con estudios de gestión deportiva, dirección de eventos, coaching y psicología del alto rendimiento. A esa formación suma una extensa carrera como jugador profesional, desarrollada fundamentalmente en equipos de la Península. Su nuevo cometido le sitúa al frente de la gestión de una entidad que afronta una temporada en Primera FEB después de perder la categoría y que acaba de iniciar una reorganización de su estructura directiva.
Morales defiende un modelo de gestión menos centralizado, reivindica el trabajo de los profesionales del club y considera que los éxitos deportivos de los últimos años no deben impedir reconocer las necesidades de mejora de la organización. Recuperar la identidad histórica del Gran Canaria, acercarlo a la sociedad y conseguir que genere más recursos propios son algunas de las prioridades que plantea para esta nueva etapa.
[PREGUNTA] ¿Cómo se toma este nombramiento como director general, que supone asumir una responsabilidad ejecutiva tan importante dentro del club?
[RESPUESTA] Lo primero es agradecer la oportunidad que se me ha brindado, tanto a la propiedad como al consejo de administración y al presidente. Es un enorme honor y, al mismo tiempo, una gran responsabilidad. Asumo este reto con mucha ilusión, pero también con la humildad de quien conoce la dimensión de este club y lo que representa para toda la isla de Gran Canaria. He tenido la oportunidad de trabajar en diferentes áreas y de vivir su realidad desde dentro. Esa experiencia me ha permitido conocer nuestras fortalezas, entender nuestros desafíos y confirmar el enorme potencial que tiene el club. Ahora me corresponde asumir un papel más ejecutivo, coordinar mejor el trabajo de todos y ayudar a que avancemos con un rumbo claro.
Tiene una frase en su cuenta de Instagram que dice «Nos convertimos en lo que pensamos», con la que, por cierto, estoy muy de acuerdo. ¿En qué va a pensar el Gran Canaria a partir de ahora, con usted como director general?
Hay una parte que tiene que ver con el modelo de club. Creemos en una forma de trabajar en la que el trabajo en equipo y una organización sólida sean la base del proyecto. Los mejores proyectos son los que tienen un rumbo claro y una manera de trabajar que va más allá de las personas que ocupan cada puesto. Nuestro objetivo es construir un club en el que todas las áreas trabajen de forma coordinada, con confianza, responsabilidad y objetivos compartidos. Estoy convencido de que escuchar diferentes puntos de vista y tomar decisiones de forma conjunta hace que el club sea más fuerte y esté mejor preparado para el futuro. En ese sentido, la experiencia de nuestro presidente, José Miguel Álamo, será muy importante, pero también la del vicepresidente, Manuel Sánchez, y la de los consejeros Roberto Guerra y Patricia Muñoz, cada uno desde su ámbito. Venimos de una forma de trabajar más centralizada en la figura de una persona y queremos construir un modelo más colectivo. Mi papel es coordinar, escuchar, resolver obstáculos y llevar a la práctica la estrategia que marquemos, cuidando tanto la gestión como la cultura del club.
¿Cuál serán los pilares de este nuevo camino?
Hay dos pilares que considero fundamentales. Uno es nuestra identidad. El Gran Canaria ha construido durante décadas una personalidad propia que debemos seguir protegiendo. Nuestra manera de competir, de comportarnos y de representar esta isla forma parte de nuestro patrimonio, y creo que es algo que quizás hemos ido perdiendo en las últimas temporadas. Esa identidad pasa también por seguir creyendo en el talento de nuestra tierra, no como una obligación, sino como una filosofía compartida por todo el club. Queremos contar con personas que entiendan qué significa vestir esta camiseta, porque cuando un jugador o un profesional se identifica con el club, esa conexión también llega a la grada. Y el otror es abrir todavía más el club y el equipo a la sociedad. El Gran Canaria pertenece a toda la isla y debemos fortalecer las relaciones con las instituciones, los patrocinadores, las empresas, los centros educativos, los clubes y los aficionados. Recuerdo la conexión que existía con jugadores como Roberto Guerra o Jim Moran. Tenemos que recuperar y fortalecer esos vínculos.
Hemos escuchado muchísimas veces hablar de profesionalizar el Gran Canaria. De hecho, fue prácticamente una de las primeras cuestiones que planteó el nuevo presidente. Pero ¿qué significa exactamente profesionalizar el club?
Creo que cuando hablamos de profesionalizar el club debemos concretar qué queremos mejorar. Aquí hay buenos profesionales, con formación, capacidad y compromiso. A veces se hacen afirmaciones que, sin conocer suficientemente el trabajo diario, pueden poner en duda esa preparación, y me parece justo reconocer y defender el trabajo de mis compañeros. Eso no significa que todo esté bien ni que no haya que tomar decisiones. Tenemos que revisar cómo está organizado el club, definir claramente las responsabilidades, identificar qué áreas necesitan refuerzo y mejorar la coordinación. También debemos fijar objetivos, dar a las personas los medios para cumplirlos y evaluar los resultados. Antes de atribuir un problema al personal, hay que analizar si la estructura, los recursos y la organización son los adecuados. Profesionalizar el club también es planificar mejor, gestionar con rigor y construir una organización que esté a la altura de nuestra ambición deportiva y de nuestras posibilidades económicas.
En los últimos años ha habido muchos movimientos en el Gran Canaria, pero a veces da la sensación de que cambia todo para que, en el fondo, nada cambie.
Me gustaría que se notara un cambio en la gestión y en la estructura del club, pero eso no significa necesariamente contratar más personal o gastar más, sino trabajar mejor y aprovechar mejor los recursos que tenemos. Y si hay que tomar decisiones, obviamente hay que tomarlas. Creo que quizás el año pasado hizo falta tomar ciertas decisiones que no se tomaron. En cuanto a la estructura, lo primero que queremos es trabajar con las personas que tenemos, entender qué necesita cada área para hacer mejor su trabajo, cuidar el conocimiento y el compromiso que ya existen, aclarar las responsabilidades y detectar dónde podemos mejorar. Cada cambio debe responder a una necesidad real del club y ayudar a que funcione mejor. También tenemos que generar mayores posibilidades de encontrar nuevas vías de financiación.
¿Cómo valora la salida de Juanra Marrero?
Son decisiones difíciles, especialmente cuando afectan a compañeros con tantos años de trayectoria y cuya contribución al club merece respeto. Las situaciones de Juanra y Joan (Pera Vila) son distintas y cada una tiene su propio proceso. Por respeto a las personas y al club, prefiero no entrar en detalles ni hacer valoraciones personales. Ahora nuestra responsabilidad es mirar al futuro, trabajar con humildad y demostrar con hechos que vamos en la dirección adecuada.
¿Cuántos abonados tiene realmente el Gran Canaria, cuántas personas físicas, diferenciándolas de los abonos de empresas? ¿Está de acuerdo con la política de entradas regaladas?
Tenemos 5.234 abonados. Es verdad que hay abonos de empresas, como sucede en todos los clubes, vinculados a acuerdos comerciales, pero prácticamente todos los abonados son aficionados. En cuanto a las invitaciones, estamos intentando enfocarlas más hacia colectivos vulnerables, personas que no tienen recursos para acudir a los partidos y a las que queremos dar esa oportunidad. También hacemos acciones con la Federación Insular para que puedan asistir los clubes de la isla, estableciendo rotaciones. Hemos querido tratar este asunto con especial delicadeza, cuidar a quién se entregan las invitaciones y procurar que estén especialmente destinadas a esos colectivos que tienen menos posibilidades de acudir al pabellón. Que un niño de una casa de acogida pueda disfrutar de un partido de baloncesto me parece una acción positiva y una forma de acercar el club a quienes normalmente tienen más dificultades para acceder a él.
Sigue sin ser aprobado el presupuesto de la temporada pasada.
En el próximo consejo de administración se llevará el cierre del presupuesto de la pasada temporada y también el presupuesto de la actual. Durante estos meses se ha realizado un trabajo importante para cerrar muchas operaciones pendientes y poder presentar toda la información de manera detallada, con los informes correspondientes. Queremos tener una gestión totalmente transparente, que permita conocer bien la situación del club, y buscar la sostenibilidad económica de la entidad.
El descenso a Primera FEB supone también un impacto económico importante para el Gran Canaria. ¿Qué consecuencias tiene para el presupuesto del club y cómo se ha trabajado para afrontar esa pérdida de ingresos?
Evidentemente, hay una merma importante de ingresos, especialmente en conceptos como los derechos de televisión. Las cifras concretas se conocerán en el próximo consejo de administración, cuando se presente el cierre económico de la pasada temporada y el presupuesto de la actual. Durante estos meses hemos trabajado intensamente para compensar esa pérdida de ingresos, aprovechar al máximo los recursos disponibles y conseguir que el descenso tenga el menor impacto posible en el presupuesto. Los patrocinadores han respondido muy bien, prácticamente todos han renovado, y también hemos buscado nuevas vías de financiación, además de contar con los ingresos generados por operaciones con jugadores de la cantera. Creo que hemos hecho un trabajo importante para presentar un presupuesto que nos permita seguir siendo ambiciosos, mantener una estructura de club que va mucho más allá del primer equipo y luchar por regresar a la ACB. Ahora tendremos que gestionar esos recursos con el máximo rigor y responsabilidad.
¿Cómo valora que la propiedad sea pública? ¿Se plantea algún cambio, incluso la posibilidad de encontrar un comprador privado para el club?
En principio, lo que queremos es generar mayores vías de negocio que permitan al club ser cada vez más autosuficiente y que esa aportación pública pueda ir reduciéndose en el futuro. Creo que esa es nuestra responsabilidad. Tenemos que intentar generar más ingresos, incorporar nuevos patrocinadores y explorar otras posibilidades de negocio. Estamos empezando esta nueva etapa y tendremos que seguir sentándonos con el nuevo presidente y con el resto del equipo de trabajo para valorar todas esas opciones. Pero creo que tenemos la responsabilidad de trabajar para que el club sea capaz de generar el mayor número posible de recursos propios.
Usted conoce especialmente bien la cantera porque ha sido su máximo responsable durante muchos años. Antes hablaba de recuperar la identidad del Granca. Sabiendo que es un asunto multifactorial y complejo, ¿qué peso cree que debe tener la presencia de jugadores canarios en el primer equipo durante los próximos años?
Creo que el trabajo que se haga en la cantera tiene que estar conectado con la dirección deportiva, con la dirección general, con la presidencia y con todos los responsables del club. Tenemos que saber qué queremos y qué identidad queremos construir. Por mucho que un director de cantera quiera formar jugadores, eso tiene que formar parte de una filosofía compartida. Durante estos años hemos tenido jugadores como Fabio Santana o Javi López, que tuvieron licencia con el primer equipo, aunque su participación fue más testimonial y no tuvieron continuidad. También ha habido otros jugadores canarios que han ido debutando y muchos que han desarrollado carreras profesionales. Es cierto que no hemos conseguido que demasiados se consoliden en el primer equipo, pero también hay que entender el nivel de exigencia en el que ha competido el Gran Canaria. Hemos tenido generaciones extraordinarias, equipos que fueron subcampeones de España y campeones del torneo de la Euroliga. Por nuestra estructura han pasado jugadores como Jean Montero, Khalifa Diop, Aleksander Balcerowski, David Mutaf, Rubén López de la Torre o Jovan Kljajić. Fuimos campeones de la EuroCup con cinco canteranos en aquel primer equipo, y no es fácil conseguir algo así. Pero también es verdad que todos echamos de menos a esa figura del jugador de la tierra, como podían ser Christian Díaz o Fran Guerra, con la que la afición se identifica especialmente. Yo también fui jugador del Gran Canaria y tuve que salir fuera para buscarme un sitio. A veces parece que es más difícil ser profeta en tu tierra. Por eso creo que tenemos que trabajar en esa dirección y que existe sintonía para hacerlo. He hablado con Francesc Solana y con Bruno Savignani y creo que estamos alineados en esa idea. El talento de la tierra trasciende lo que un jugador puede aportar en la cancha. Tiene un valor sentimental, de identificación con la afición y con el propio club. Evidentemente, los jugadores tienen que merecerse estar en el primer equipo, pero debemos tener en cuenta también lo que representa contar con ellos.
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