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Muere Segundo Almeida: la UD Las Palmas se queda sin voz. / UD LAS PALMAS

Muere Segundo Almeida: la UD Las Palmas se queda sin voz

El periodista que convirtió cada partido en un viaje sonoro deja huérfana a una generación que aprendió a ver al equipo con los ojos cerrados y el transistor encendido

A Segundo Almeida se le apagó la voz, cansado seguramente de contar, de tan amarillo que era, a la Unión Deportiva Las Palmas. Si usted peina canas y tiene algún recuerdo ligada a la UD, en el paisaje sonoro de su memoria aparecerá la dicción elegante, impecable, inconfundible, de Segundo.

Repase, no le engaño: la goleada al Torino, un tanto de Koke Contreras de libre directo en la portería de la Grada Curva, la final de Copa contra el Barça, las muertes de Guedes y Tonono, los ascensos a Primera, el maratón para recaudar dinero y evitar la desaparición del club en junio de 1992, la sintonía de su programa, el palo al equipo en medio de una mala racha... 

En todos esos momentos, si un aficionado de Las Palmas cierra los ojos, la voz que asaltará su memoria es la de Segundo Almeida. Este jueves, 26 de marzo de 2026, no ha muerto un periodista, se nos ha ido un gigante del oficio.

3-0 al Barça

De todas las hazañas de la UD Las Palmas que yo guardo entre mis recuerdos, yo tengo una vinculada muy nítidamente a la voz de Segundo Almeida. Tuvo lugar el 16 de febrero de 1986.

La tarde de aquel domingo se plantó en el Estadio Insular el FC Barcelona, que defendía el título de campeón de Liga. Con Terry Venables al frente, en aquel equipo que meses después perdió la final de la Copa de Europa contra el Steaua de Bucarest destacaban futbolistas como Urruti, Migueli, Alexandro, Calderé, Víctor Muñoz, Carrasco o Archibald.

Página del 'Diario de Las Palmas' del día posterior a la victoria contra el Barça. / AH

Yo, que por una cuestión de edad me había perdido unos años antes la visita del Barça con Maradona en la semifinal de la Copa del Rey del 84, me moría de ganas por ir esa noche al Insular. Mi deseo, remarcado en cada oportunidad que tuve durante la semana previa al duelo, se vio frustrado un par de horas antes del encuentro.

¿Peligro o Carnaval?

Mi madre puso sobre la mesa una razón incontestable: eran tiempos de hooligans y los estadios no eran los sitios más seguros del planeta para un niño. Así que sin lugar a la negociación me indicó que, por mucha perreta que montara en casa, me quedaba en tierra mientras veía a mi padre y a mi hermano Mario salir por la puerta.

La vida, con el tiempo, me despejó cualquier duda que aún guardara en la memoria sobre lo que yo consideraba una injusta prohibición: el plan de mi padre, en aquella noche de febrero, probablemente pasaba por empatar el partido —después de locutar por teléfono sus crónicas para Marca y Mundo Deportivo— con alguna fiesta de Carnaval en la que yo, obviamente, sobraba de pleno.

La rabieta me llevó a encerrarme en mi cuarto como acto de protesta. No duré mucho. Al poco de empezar el partido, mi madre, que planchaba en la cocina antes de hacer la cena, me llamó para decirme que la Unión Deportiva había marcado un gol. Yo, por lo temprano del momento, recelé del aviso. Me acerqué intentando mantener vivo algo de orgullo por el cabreo, pero cuando llegué me quedé atrapado por la magia que salía de un viejo transistor Panasonic negro que tenía una antena apuntando hacia la ventana.

Baile de la UD al Barça

De aquel aparato salía la voz de Segundo Almeida para contarnos a todos que Narciso había hecho el 1-0 en el minuto 12 de partido y la UD Las Palmas estaba tumbando a un dragón azulgrana. Sin un plan mejor —en nuestra vieja televisión Telefunken sólo había dos canales de televisión y los videojuegos, los móviles, las tablets e internet eran un asunto de ciencia ficción—, me tragué mi enfado y me senté en una silla que hoy aún resiste en el mismo lugar de la cocina de mi madre.

Segunda Almeida narraba y yo, a lomos de mi imaginación, viajaba por el Insular. Podía escuchar la trompeta de Fernando El Bandera, podía oler el césped y podía oler los puros de los compañeros de trabajo de mi padre con los que me sentaba, podía ver a Urquijo con su cámara al cuello sentado sobre una caja con la pegatina de Nikon en un lado, podía intuir los insultos a Pes Pérez y hasta podía colocar en qué lugar iba la valla publicitaria de Camel.

Montaje con el plantel de la UD Las Palmas en la final de Copa de 1978 y Segundo Almeida. / AH

Antes del descanso, en una falta lanzada desde la media luna en el borde del área, Koke Contreras hizo el 2-0 de falta. Y otro chileno, Santís, hizo el 3-0 definitivo en el minuto 73 tras un rechace de Urruti tras un remate suyo. Durante una hora yo me dejé llevar y Segundo Almeida me contó el baile de la Unión Deportiva Las Palmas al FC Barcelona. ¿No es eso magia?

Personal

Años después, casi por casualidad y casi sin querer, coincidí en el mismo grupo editorial que Segunda Almeida. Me presenté, se acordaba de mi padre y hablamos. Luego repetimos aquellas conversaciones el algunos encuentros más. Hablamos alguna vez por teléfono. Siempre con la Unión Deportiva Las Palmas por el medio. Todas con cariño y con respeto. Como un buen maestro. Y siempre con el mismo final: con el recuerdo de todas las veces que con su coche —ahora no sé si era un Mercedes o un BMW blanco— nos dejaba a mi padre y a mí en nuestra casa, después de un partido de la UD, mientras él seguía rumbo a La Garita.

En aquellos trayectos, Segundo y mi padre iban en los asientos delanteros. Ruymán y yo, en los traseros. Y así seguimos. Ellos nos marcan el camino.