"Cuanto más me exijo, más encuentro dentro de mí". La frase es de Ayrton Senna y probablemente Raúl Asencio del Rosario podría hacerla suya. No sólo porque le gusta la Fórmula 1 ni porque la afición por el motor le venga de familia. Hay algo en esas palabras que conecta con la manera en que el futbolista grancanario ha construido su carrera: apretar cuando parece que ya no queda mucho más que apretar.
Los coches forman parte de su paisaje familiar desde mucho antes de que él naciera. Su abuelo, Benito del Rosario Velázquez, fundador de Grúas Benito, comenzó en 1969 trabajando como conductor en el auxilio en carretera y levantó después una empresa que terminó convirtiéndose en una referencia del sector en Gran Canaria. Su padre, Pepe, continúa vinculado al mundo del automóvil desde su taller. De ahí procede una pasión que Raúl comparte con los suyos. Este verano viajó junto a su padre y su hermano para contemplar en directo un Gran Premio de Fórmula 1. En Canarias tampoco es extraño encontrarlos alrededor de una prueba automovilística.
Pero la frase de Senna sirve para contar algo más.
Montaña rusa
Asencio tiene 23 años y ya sabe que una carrera puede acelerarse mucho más deprisa de lo que uno imagina y que, en ocasiones, también hay que aprender a levantar el pie. En los últimos años ha conocido el Bernabéu, Anfield, la selección española y el reconocimiento de convertirse en futbolista del primer equipo del Real Madrid. También los juzgados, los insultos desde las gradas, las lesiones y el peso de errores propios.
El más reciente ocurrió este agosto en Gran Canaria. Asencio fue interceptado en un control de tráfico en San Bartolomé de Tirajana con una tasa de 0,90 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. Reconoció los hechos en un juicio rápido y fue condenado a una multa de 14.400 euros y ocho meses sin permiso de conducir. No hay resiliencia que sirva para disfrazarlo: fue una irresponsabilidad. Él mismo la ha reconocido y ha expresado públicamente su arrepentimiento.
Señalado, perdón y absolución
Más largo y doloroso fue el procedimiento judicial abierto por los hechos ocurridos en 2023 alrededor de unas imágenes sexuales grabadas sin consentimiento. Asencio no participó en la grabación ni aparecía en ella. La acusación contra él se circunscribía a haber mostrado a un tercero uno de los vídeos que había recibido, sabiendo que había sido obtenido sin permiso. Una de las dos jóvenes afectadas era menor de edad. El proceso terminó este jueves: las dos víctimas ratificaron su perdón —en el camino también fueron resarcidas económicamente—, la Fiscalía retiró la acusación por revelación de secretos y la magistrada dictó su absolución en una sentencia firme.
Asencio pidió perdón y, una vez terminado el procedimiento, habló públicamente de lo ocurrido. Dijo estar "profundamente arrepentido" y aseguró haber aprendido de la experiencia. La absolución cierra el recorrido judicial, pero no borra lo sucedido. Tampoco convierte estos años en una historia sencilla. Porque mientras el asunto permaneció abierto, Asencio tuvo que jugar al fútbol con un ruido ensordecedor alrededor.
Insultos
En diferentes estadios españoles fue objeto de insultos que sobrepasaron cualquier crítica deportiva e incluso cualquier reproche legítimo por su conducta. LaLiga llegó a denunciar ante Competición y la Comisión Antiviolencia algunos de ellos. En El Sadar se escucharon gritos deseándole la muerte; en otros campos la escena volvió a repetirse. En redes, para muchos fue culpable de los peores delitos aunque no tuvieran nada que ver con su participación en los hechos. Durante meses, el nombre de Raúl Asencio dejó de pertenecer únicamente al fútbol.
Y, sin embargo, cuando rodaba la pelota, respondió. Quizá porque eso es lo que lleva haciendo desde niño.
A contracorriente
En Canarias sobran mediapuntas. Niños que quieren el balón al pie, regatear a dos rivales y aparecer cerca del área. Asencio escogió otro lugar. Él quería ser central. Lo tuvo claro prácticamente desde que empezó a competir. En Veteranos del Pilar ya llamó la atención antes de incorporarse, con nueve años, a la cadena de filiales de la UD Las Palmas. La propia ficha oficial del Real Madrid conserva hoy ese recorrido: Veteranos del Pilar, UD Las Palmas, cantera madridista, Castilla y primer equipo.
Quienes lo entrenaron de pequeño recuerdan algo que ayuda a entender al futbolista que vino después. Miguel González, uno de sus primeros técnicos en la UD, contó años más tarde que aquel niño estaba "obsesionado con el remate de cabeza". Era ordenado, rápido, tácticamente aplicado y, sobre todo, quería mejorar. No se conformaba con despejar. Repetía movimientos. Trabajaba el juego aéreo. Ensayaba faltas. Quería añadir cosas a su fútbol.
Trabajo y constancia. Una y otra vez.
Días difíciles
La UD Las Palmas entendió pronto que allí había algo. El problema fue que también se percató el Real Madrid. En 2017, cuando Asencio terminaba su etapa infantil, el club blanco llevaba meses siguiéndolo. Tenía 14 años cuando abandonó Gran Canaria. Ahí apareció otra curva.
Madrid quedaba lejos de casa para un adolescente. Lejos de su padre y de su madre, Mari, trabajadora de Correos; lejos de su hermano; lejos de sus amigos y de aquella geografía del Cono Sur de la capital grancanaria —entre Hoya de la Plata y Salto del Negro— en la que había aprendido a darle patadas a un balón. Su familia no podía acompañarlo en aquella aventura. Se instaló en la residencia del club y empezó de nuevo. Fuentes cercanas a su trayectoria han recordado después hasta qué punto aquella separación marcó sus primeros años en Valdebebas.
Apretó los dientes. Cadete B. Cadete A. Juvenil C. Juvenil B. Juvenil A. RSC Internacional. Castilla. No hubo atajos.
Debut en el Bernabéu
Hasta que un 9 de noviembre de 2024 Éder Militão cayó lesionado contra Osasuna en el Bernabéu. Asencio entró en el minuto 30. Era el momento que llevaba media vida esperando. No sólo debutó: desde su propio campo levantó la cabeza y puso un balón extraordinario a Jude Bellingham para que el inglés marcara. Después del partido reconoció que había soñado con aquello desde que empezó a jugar al fútbol.
Dieciocho días después llegó Anfield.
Liverpool. Champions League. Una catedral del fútbol mundial con una liturgia única. Casi 60.000 personas. Salah, Luis Díaz, Darwin Núñez. Y un central grancanario de 21 años que unas semanas antes jugaba con el Castilla.
El Real Madrid perdió 2-0, pero regresó de Inglaterra con una certeza. Asencio estaba preparado. Salvó sobre la línea una acción en los primeros minutos, soportó la presión de un Liverpool desatado y no se escondió con la pelota. En medio de una noche pésima del campeón de Europa, fue una de las pocas noticias positivas del equipo.
Trabajo de riesgo
No todo el mundo está hecho para defender en el Real Madrid. Allí un error pesa más, una duda dura más y cada delantero que aparece enfrente suele ser uno de los mejores del mundo. Asencio demostró que podía hacerlo.
Después llegaron más partidos, la consolidación y la llamada de la selección española. En marzo de 2025, Luis de la Fuente lo convocó por primera vez para un partido de Nations League. El muchacho que había salido de Gran Canaria con 14 años entraba ocho después por la puerta de la Ciudad del Fútbol como internacional absoluto.
Fisura de tibia
La progresión, sin embargo, tampoco ha sido limpia. Su cuerpo terminó pagando parte de la factura. Fractura nasal, traumatismo craneal y, especialmente, una fisura en la tibia con la que llegó a disputar partidos. El problema se prolongó y ha condicionado también su preparación posterior. Otra vez parar. Otra vez gimnasio. Otra vez empezar.
En casa saben bien cómo funciona Raúl. Su padre conoce al futbolista y también al competidor. Su madre representa el otro anclaje, el que nada tiene que ver con estadios ni focos. Y su hermano Óliver, ligado profesionalmente al entrenamiento físico en Gran Canaria y volcado con causas sociales —apoyo a personas mayores para que se mantengas activos a través del deporte o ayudas a causas solidarias—, completa un núcleo familiar que ha permanecido alrededor del jugador cuando todo iba deprisa y, sobre todo, cuando las cosas se torcieron.
Quizá por eso la frase de Senna funciona. No como una absolución moral ni como una coartada. La resistencia no consiste en negar los errores. A veces consiste precisamente en mirarlos de frente, asumir las consecuencias y comprobar qué queda de uno después.
Apoyo de la familia
Raúl Asencio ha llegado a los 23 años con mucho más equipaje del que probablemente imaginaba cuando jugaba cualquier partidillo que apareciera entre las calles de su barrio. Ha cometido errores graves fuera del campo. Ha tenido que pedir perdón. Ha sido condenado por uno de ellos y absuelto judicialmente por el otro tras el perdón de las víctimas. También ha soportado insultos que ninguna equivocación justifica, ha jugado lesionado y ha tenido que demostrar una y otra vez que un muchacho salido de Gran Canaria podía defender la camiseta más pesada del fútbol.
Ahora el camino vuelve a estar delante. José Mourinho ya le ha recordado públicamente que ser jugador del Real Madrid no termina cuando uno abandona Valdebebas: "El jugador del Real Madrid lo es 24 horas al día". También ha advertido de que una cosa es cometer un error y otra acumularlos. A Asencio le corresponde entender el mensaje.
Tiene fútbol. Tiene 23 años. Tiene tiempo. Y tiene detrás una familia que sabe de talleres, grúas, motores y averías. Gente acostumbrada a una idea bastante sencilla: cuando algo se rompe, hay que saber qué ha fallado antes de volver a ponerlo en marcha.
Senna lo expresó de otra manera. Cuanto más me exijo, más encuentro dentro de mí. A Raúl Asencio le toca descubrir ahora qué más queda dentro. Contra casi todos. Contra sí mismo. Con la familia como único puerto seguro.
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