Mientras más de medio mundo dirige estos días la mirada a Estados Unidos para seguir las evoluciones de la Copa Mundial de fútbol, en Las Vegas, en pleno desierto de Nevada, otro escaparate deportivo de primer nivel ha vuelto a proyectar el talento de Canarias. La NBA Summer League, el laboratorio donde las treinta franquicias de la mejor liga del mundo ponen a prueba a sus jóvenes promesas y preparan el futuro de sus plantillas, ha reunido este verano a un nutrido grupo de profesionales isleños que trabajan, cada uno desde su ámbito, en la élite del baloncesto mundial.
Las Vegas reúne cada verano a miles de personas que persiguen el mismo sueño. Entre ellas ya es habitual escuchar acento canario. Unos llevan zapatillas. Otros una pizarra. Otros un fonendoscopio o una carpeta llena de informes médicos. Todos forman parte del mismo partido. Y todos ayudan a explicar por qué el baloncesto de las islas hace tiempo que dejó de mirar a la NBA desde la distancia para empezar a formar parte de ella.
La imagen resulta mucho más significativa de lo que parece a simple vista. Sobre la pista, Guillermo y Jorge Díaz-Graham persiguen el sueño de consolidarse en una franquicia NBA destacando con los Mavericks de Dallas. En el banquillo, el grancanario Marco Justo continúa creciendo dentro del cuerpo técnico de los New York Knicks. Y, aunque su día a día transcurre a más de 3.500 kilómetros de Nevada, otro canario sigue con especial atención cuanto sucede en la Summer League. Daniel Medina, director médico y de rendimiento de los jugadores de la organización de los Washington Wizards, conoce mejor que casi nadie el valor real de un torneo que para el aficionado dura unos días, pero que para las franquicias puede marcar el rumbo de una temporada... o de una carrera.
Jóvenes talentos
Su voz ayuda a entender por qué Las Vegas se ha convertido en una parada obligatoria para la NBA. Cada verano confluyen allí jugadores recién elegidos en el draft, jóvenes que buscan un contrato, entrenadores, ejecutivos, médicos, preparadores físicos, analistas y ojeadores. Es el mayor punto de encuentro del baloncesto profesional estadounidense.
Medina sonríe cuando mira alrededor de los pabellones de Las Vegas. Hace unos años era extraño encontrarse con otro profesional canario en un evento de la NBA. Hoy ocurre justo lo contrario. Cada verano aparecen nuevos nombres. Algunos sobre el parqué. Otros en los banquillos. Otros en departamentos que el aficionado ni siquiera ve durante un partido.
"Es una buena oportunidad para ver talento joven", explica Medina a Atlántico Hoy. Sin embargo, la competición es mucho más que un escaparate para novatos. También sirve para que jugadores con experiencia recuperen ritmo después de varios meses sin competir o culminen procesos de recuperación física. En el caso de los Wizards, cuya temporada terminó en abril, representa además el primer escenario para empezar a construir la dinámica del nuevo proyecto deportivo.
Universidad y Barça de Guardiola
El médico grancanario afronta su séptima temporada al frente del área médica y de rendimiento de los jugadores de la organización que integra a los Washington Wizards de la NBA, el equipo de la G League y la franquicia de la WNBA. Bajo su coordinación trabaja un equipo multidisciplinar, de medio centenar de profesionales, formado por médicos, preparadores físicos, fisioterapeutas y psicólogos cuya misión va mucho más allá del tratamiento de lesiones. El objetivo consiste en optimizar el desarrollo integral de cada jugador, controlar las cargas de trabajo, prevenir problemas físicos y acompañar su evolución durante toda la temporada.
Su carrera tampoco ha seguido un camino convencional. Antes de cruzar el Atlántico comenzó a ejercer como médico de clubes deportivos en el Universidad CF de Las Palmas. Posteriormente se incorporó al FC Barcelona durante la etapa de Pep Guardiola, donde profundizó en una metodología de trabajo basada en la prevención, la ciencia aplicada al rendimiento y el análisis individualizado. Aquella experiencia terminó abriéndole las puertas del deporte profesional norteamericano.
Desde Washington observa con satisfacción un detalle que hace apenas unos años habría parecido impensable. "Es muy significativo que un grupo de canarios sobresalga en una liga tan competitiva como la NBA", resume. La mejor prueba está precisamente en Las Vegas.
Hermanos Díaz-Graham
Con el dorsal 44, Guillermo. Con el 45, Jorge. Los hermanos Díaz-Graham vuelven a compartir equipo después de varios años de trayectorias universitarias separadas. Nacidos en Santa Cruz de Tenerife en 2003, comenzaron a jugar juntos en el Santo Domingo Juventud Laguna, dieron el salto al CB Canarias y cruzaron el Atlántico para competir en la NCAA con la Universidad de Pittsburgh. Más tarde sus caminos se bifurcaron —Guillermo terminó su etapa universitaria en San Francisco y Jorge en Oregon State—, aunque el baloncesto volvió a reunirlos en la organización de los Dallas Mavericks.
Su presencia en la Summer League no responde únicamente al simbolismo de dos gemelos compartiendo vestuario. Ambos fueron incorporados por los Texas Legends, el equipo vinculado a Dallas en la G League, y afrontan ahora el mayor escaparate de sus todavía jóvenes carreras. Cada entrenamiento, cada minuto sobre la pista y cada conversación con los responsables deportivos forman parte de un proceso de evaluación que puede abrirles definitivamente las puertas del baloncesto profesional estadounidense.
Aldama
En su estreno con los Mavericks coincidieron por primera vez bajo el mismo uniforme en una competición organizada por la NBA. El marcador —derrota frente a Los Angeles Lakers— quedó relegado a un segundo plano. La Summer League no premia tanto los resultados como la capacidad de convencer a quienes deben decidir el futuro de cada jugador cuando termine el verano.
Y, curiosamente, el destino ha querido que esa organización reúna este verano varias historias conectadas entre sí. A los hermanos Díaz-Graham se unirá además Santi Aldama, que afrontará la próxima temporada con los Mavericks después de su traspaso desde los Memphis Grizzlies, ampliando todavía más la huella canaria dentro de una de las franquicias más reconocibles de la NBA.
Con los campeones
Marco Justo continúa consolidando su carrera dentro del cuerpo técnico de los Knicks —actuales campeones de la NBA—, una progresión que confirma que el baloncesto canario ya no solo exporta jugadores. Su trabajo forma parte de una estructura en la que cada detalle cuenta: desde el desarrollo individual de los jóvenes hasta la preparación táctica o el análisis del rendimiento. La confianza de una franquicia como la neoyorquina en un entrenador formado en Canarias constituye otra muestra del prestigio que el conocimiento generado en las islas ha ido ganando durante los últimos años.
Marco Justo representa otra de las historias que explican el creciente prestigio del baloncesto canario. El técnico grancanario pasó una década en el cuerpo técnico del CB Canarias, donde participó en la conquista de dos Basketball Champions League y tres Copas Intercontinentales antes de iniciar su camino como primer entrenador y proclamarse campeón de Europa con la selección española sub-18. Su experiencia, tras ascender hace dos años a la ACB con el Palencia, lo ha llevado este verano a la NBA Summer League como entrenador invitado de los New York Knicks, una oportunidad para seguir enriqueciendo una trayectoria construida alrededor del desarrollo de jugadores y el aprendizaje permanente.
Pioneros
Pero la relación entre Canarias y la mejor liga del mundo no empezó en Las Vegas.
Mucho antes de que los pabellones de Nevada reunieran a los hermanos Díaz Graham, a Marco Justo o a Daniel Medina, otro canario abrió una puerta que entonces parecía reservada para unos pocos elegidos. Sergio Rodríguez fue el primero en demostrar que un jugador formado en las islas podía competir en la NBA. Su recorrido por Portland Trail Blazers, Sacramento Kings, New York Knicks y Philadelphia 76ers convirtió al base tinerfeño en un referente para toda una generación de jóvenes que comenzó a mirar al baloncesto estadounidense con una mezcla de admiración y convencimiento.
Después llegaron otros nombres que reforzaron el prestigio del baloncesto canario como escuela de formación.
Formados en La Vega
Uno de ellos fue Joel Freeland. El pívot británico terminó de moldear su juego en el CB Gran Canaria, donde completó una evolución que llamó la atención de la NBA antes de incorporarse a los Portland Trail Blazers. Su caso confirmó que el club claretiano no solo era capaz de competir al máximo nivel europeo, sino también de desarrollar jugadores preparados para dar el salto al otro lado del Atlántico.
Algo parecido ocurrió con Edy Tavares. Descubierto en Gran Canaria cuando apenas había comenzado a jugar al baloncesto, el gigante caboverdiano encontró en la entidad amarilla el entorno ideal para crecer hasta convertirse en una de las mayores irrupciones del baloncesto europeo de la última década. Su elección en el draft y su posterior traspaso a los Cleveland Cavs de LeBron James reforzaron la reputación internacional de una cantera que desde hace años figura entre las más respetadas de Europa.
Traspaso
La historia más reciente la protagoniza Santi Aldama.
El ala-pívot grancanario se ha consolidado como uno de los jugadores españoles con mayor proyección en la NBA y este verano ha dado un nuevo paso en su carrera con su incorporación a los Dallas Mavericks. El destino ha querido que la franquicia texana se convierta, casi sin proponérselo, en un pequeño punto de encuentro para el baloncesto canario. Allí coincidirán Aldama y Marco Justo, mientras los hermanos Díaz Graham intentan convencer a la organización de que también pueden formar parte del futuro del club.
Sin embargo, limitar la huella de Canarias a quienes saltan a la pista sería quedarse solo con una parte de la historia. El crecimiento del baloncesto isleño también se explica desde lugares menos visibles.
El ojo de Himar Ojeda
En los despachos aparece Himar Ojeda, uno de los directivos con mayor prestigio del baloncesto europeo y actual director deportivo del Alba Berlín. Su trayectoria, primero en el Granca y después en distintos proyectos internacionales, refleja otra forma de exportar conocimiento: la gestión deportiva, la construcción de plantillas y la detección de talento.
Su presencia en torneos como la Summer League o el Portsmouth Invitational Tournament (PIT) —un torneo anual exclusivo para los 64 mejores jugadores universitarios de último año (seniors) de la NCAA— le han permitido descubrir talentos que no encontraron hueco en la NBA, pero que posteriormente triunfaron en Europa —como Jaycee Carroll, Kyle Kuric, CJ Wallace, Luke Sikma, Ryan Toolson, etc—.
Expansión silenciosa
En el arbitraje, Ariadna Chueca simboliza igualmente esa expansión silenciosa. Su progresión confirma que el baloncesto canario no solo forma jugadores y entrenadores, sino también profesionales capaces de abrirse camino en una de las facetas más exigentes de este deporte.
Hace dos años fue la primera mujer española en arbitrar un partido de la órbita NBA y este año ha vuelto a ser reclutada para repetir experiencia en el torneo de Las Vegas.
En Las Vegas también disputó Aday Mara sus primeros minutos como miembro de los Oklahoma City Thunder. El jugador aragonés, de madre canaria, presumió de sus raíces canarias en las horas previas al draft de la NBA. En medio del desierto de Nevada también estuvo presente Bruno Savignani, el nuevo entrenador del Granca, que formó parte del cuerpo técnico de Thiago Splitter al mando de los Bulls de Chicago.
Búsqueda de talento
Daniel Medina cree que ahí reside precisamente el mayor cambio experimentado durante los últimos años.
La NBA continúa buscando jugadores extraordinarios, pero alrededor de ellos cada vez resulta más importante el trabajo de médicos, preparadores físicos, fisioterapeutas, psicólogos, analistas y entrenadores especializados. El rendimiento ya no depende únicamente del talento. También de las estructuras que ayudan a desarrollarlo.
Canarias ha encontrado un espacio propio en ese nuevo escenario.
El crecimiento de clubes como el CB Gran Canaria y el CB Canarias, el trabajo de sus categorías de formación y la proyección internacional de muchos de sus profesionales han permitido construir un ecosistema que trasciende los resultados de un partido o una temporada. Hoy las islas exportan jugadores, pero también conocimiento, metodología y experiencia.
Las Vegas se ha convertido este verano en el mejor escaparate de esa realidad.
Años de trabajo
En una misma ciudad coinciden dos gemelos tinerfeños que buscan hacerse un hueco en la NBA; un entrenador grancanario que sigue creciendo dentro del cuerpo técnico de una de las franquicias más importantes de la liga; y un médico canario que dirige el área de rendimiento de toda la estructura deportiva de los Washington Wizards.
No es una casualidad. Es la consecuencia de muchos años de trabajo.
Mientras millones de personas siguen estos días el Mundial de fútbol, en los pabellones de Las Vegas también se escucha acento canario. Unos llevan zapatillas. Otros una pizarra bajo el brazo. Otros un fonendoscopio o un ordenador lleno de datos. Todos persiguen el mismo objetivo y todos forman parte de una misma historia.
Porque el baloncesto de las islas hace tiempo que dejó de mirar a la NBA desde la distancia. Ahora también contribuye a construirla.
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