Toni Cruz júnior se incorpora al proyecto del Al-Nasr de Bengasi junto a Víctor Afonso. / AH
Toni Cruz júnior se incorpora al proyecto del Al-Nasr de Bengasi junto a Víctor Afonso. / AH

Toni Cruz júnior: “Estoy convencido de que en el futuro habrá posibilidades de entrenar a la UD Las Palmas”

El joven técnico, tras destacar en el futbol canario, da el salto al Al-Nasr de Libia junto a Víctor Afonso y valora la oportunidad profesional y económica que supone su nueva etapa

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Julio Cruz

Con veinte años ya sabía lo que era conquistar una liga al frente de un vestuario sénior. Con veintiuno consiguió un ascenso. Ahora, Antonio Cruz Ramírez —Toni Cruz júnior— (Las Palmas de Gran Canaria, 2002) se prepara para cambiar la tranquilidad de casa y el liderato de la UD Balos por un desafío en el fútbol libio. El técnico grancanario se incorpora al proyecto del Al-Nasr de Bengasi junto a Víctor Afonso, quien asumirá durante esta temporada las funciones de director de Fútbol y Metodología del club de la ciudad de Bengasi, la segunda en importancia del estado árabe tras la capital Trípoli. 

Criado entre Triana y Santa Brígida y formado en el colegio Claret, Cruz es Entrenador Nacional de Fútbol, con licencia UEFA PRO, y estudiante de Ciencias del Deporte. Con la UD La Palma se convirtió en el entrenador más joven de España en conquistar un título sénior: ganó la liga de Primera Regional con veinte años y logró el ascenso a Preferente con veintiuno. Después disputó el playoff de acceso a Tercera RFEF y continuó su recorrido en la UD Balos, a la que deja líder y como el equipo menos goleado de su categoría.

Hijo de Toni Cruz, reconoce en su padre a su principal referente, aunque defiende sus propias ideas desde la cercanía, la honestidad y un fútbol que pretende ser protagonista. Antes de partir, habla del vértigo de la decisión, de la oportunidad de construir un futuro profesional y de un sueño que permanece ligado a su tierra: entrenar algún día a la UD Las Palmas. Al conocer durante la conversación que Al-Nasr significa "la victoria" o "el triunfo", se sorprende y agradece el descubrimiento: "Me ha encantado". Un buen augurio para la etapa que está a punto de comenzar.

[Pregunta] Ha dirigido y dirige a futbolistas mayores que usted. ¿Cómo se gana su confianza alguien que llega tan joven y tiene que decidir quién juega y quién no?

[Respuesta] Evidentemente, también les genera un choque a los directores deportivos. Cuando ha habido posibilidades de firmar en diferentes categorías, a algunos les atrae y a otros les da mucho miedo. Dentro de la directiva de un club puede haber opiniones divididas por ese factor. La verdad es que tuve suerte porque, cuando empecé a dirigir banquillos sénior con veinte años, caí de pie a nivel de resultados. El equipo estaba mal y logramos revertir la situación mediante un trabajo totalmente diferente a lo que se hacía. Creo que con honestidad, siendo cercano y transmitiendo correctamente los conocimientos que tienes, uno se va ganando la confianza. También hay que confiar en uno mismo y entender que, independientemente de la edad, los roles pueden darse así. Luego es clave que los resultados acompañen en ese proceso. Al final, al que gana es muy complicado criticarlo y el que pierde, aunque sea muy bueno, es muy malo.

¿De dónde viene su relación con Víctor Afonso y por qué decide contar con usted para esta aventura?

Nosotros hicimos playoff a Tercera RFEF el año que debutamos en Preferente y después mantuvimos la categoría. Víctor supo de mi existencia y, hablando con mi padre y después conmigo, me comentó que quería volver a activarse como entrenador. Quería llevarse a alguien joven, con ambición, nuevos métodos y nuevas maneras de trabajar. Pensó que yo era la persona ideal para ese rol. Yo también pensé que él era la persona ideal para aprender de su experiencia, de su bagaje y de su veteranía. Creo que vamos a ser un tándem muy bueno. Le llegaron otras ofertas, pero la de Libia fue la que avanzó. A partir de ahí hubo que arreglarlo todo para tomar la decisión.


Ha hablado del vértigo que siente ante esta etapa. ¿Qué se lo produce?

Dejar un equipo líder, en puestos de ascenso directo a Tercera RFEF, estando feliz, en casa, con tus amigos y tu familia, para irte a un nuevo continente y a un país que ha tenido conflictos bélicos da respeto. Hay que tenerle respeto, pero tampoco miedo. Hay que tener cuidado y aprovechar la oportunidad, porque estos trenes a veces solo pasan una vez en la vida. También influye el momento vital en el que estoy. No tengo hijos ni un trabajo fijo. Tenía dos trabajos, el de entrenador y el otro que compaginaba con el fútbol, pero posiblemente era el momento en el que podía permitirme esta salida.

Toni Cruz júnior, durante un partido de la UD La Palma. / AH
Toni Cruz júnior, durante un partido de la UD La Palma. / AH

Además del crecimiento profesional, ¿qué peso tiene la parte económica en la decisión?

Está claro que también tiene su peso. Aparte de que es una oportunidad para crecer y de que es fútbol profesional, es un país árabe que compra la marca España y, evidentemente, compensa. Tengo la posibilidad de capitalizarme, de ir haciendo poco a poco mi hucha. Vemos lo complicado que está siendo para los jóvenes independizarse, comprar un piso o ahorrar. Esto también es una oportunidad para hacer lo que aquí en España sería muy complicado. En ese sentido, compensa mucho.

¿Cómo explicaría a un aficionado el nivel de la Primera División de Libia en comparación con el fútbol español?

Estas últimas semanas he hablado con Alejandro Menéndez —ex entrenador del Castilla o Racing de Ferrol—, que está allí y está firmando futbolistas de Primera RFEF. Algunos recién descendidos, otros consolidados en la categoría y otros jóvenes, dependiendo del perfil, pero jugadores de ese nivel. Creo que la Primera División de Libia puede ser una especie de Primera RFEF o una Segunda RFEF de muy alto nivel, aunque más cercana a Primera RFEF. Esa es la referencia que tengo antes de ir: equipos buenos, con jugadores que estaban compitiendo en esa categoría.

El Al-Nasr ocupa un lugar destacado dentro del fútbol del país norteafricano. 

Es de lo mejor que hay. Alejandro nos decía que íbamos a estar muy bien en Bengasi porque es una ciudad en la que se respira fútbol y hay dos equipos muy fuertes, como pasa por ejemplo en Madrid.  El Al-Nasr es uno de ellos. El año pasado quedó subcampeón del país y ha disputado competiciones africanas internacionales. Tiene unas categorías inferiores fuertes. Tenemos que reestructurarlo y modernizarlo, pero aprovechando que ya es un club consolidado en la élite del fútbol libio y capaz de todo.

¿Qué relación tendrán con el primer equipo?

En primera instancia vamos a estructurarlo todo: el sub-19, el sub-23, el sub-17, el sub-15… También ayudaremos al primer equipo. Es una reestructuración del club entero a nivel deportivo. El primer equipo tiene su entrenador. Víctor va a liderar esa reestructuración y yo estaré como segundo suyo. Entrenaremos en el campo con todas las categorías, pero cada una tiene su entrenador. Cada etapa, cada proceso y cada fase irán avanzando y se irán cambiando cosas.

Se trata también de mejorar el trabajo de los entrenadores y la estructura técnico-deportiva del club.

Sí, y de tomar decisiones. Después ya veremos cómo avanza todo y si acabamos entrenando a algún equipo, pero esa no es la primera fase.

Más allá del fútbol, ¿qué información han buscado sobre la vida y la seguridad en Libia?

Antes de ir intentamos recabar toda la información posible. Hemos hablado con otros entrenadores que estuvieron allí, como Clemente y Garrido, en etapas en las que el país atravesaba momentos más difíciles, y más o menos estuvieron bien. Ahora tanto Alejandro como el propio Víctor me han comentado que se está bien, que es relativamente seguro y que Bengasi es la ciudad más segura. También hemos hablado con personas que trabajan a nivel internacional y conocen bien Trípoli y Bengasi. Nos dicen que vamos a estar bien y que no debemos estar preocupados.

Se ha definido como un entrenador intenso, didáctico, honesto y cercano. ¿Cómo se traduce eso en su trabajo diario?

Me considero muy pasional. Tenemos una manera de trabajar en la que intentamos generar contextos, herramientas y situaciones para que el futbolista sea quien tome las decisiones. Al final son ellos los que deciden dentro del campo. No podemos estar como con el mando de la Play, pensando por ellos. También soy didáctico porque esto es un proceso de enseñanza. No es A o B: se trata de que, poco a poco, el futbolista vaya tomando decisiones. Y cercano, porque creo que es necesario escuchar al futbolista, saber cómo está y qué opina, sobre todo los veteranos. Esa cercanía, con honestidad, suele derivar en una buena gestión del grupo. Que jueguen más o menos siempre afecta a su felicidad, pero puedes generar un buen clima y confianza si saben que no les vas a mentir. Si vas de cara, pueden criticar tus decisiones, pero no tu manera de actuar.

¿Qué fútbol le gusta? ¿Cómo quiere que jueguen sus equipos?

Evidentemente, hay que encajar las piezas y adaptarse a lo que tienes. Pero, más que hablar de fútbol directo o de toque, me gusta que el equipo sea mandón, agresivo, que esté constantemente dominando y en campo contrario, con verticalidad para hacer gol, que es el objetivo. También se puede ser dominante sin balón. Me gusta el fútbol asociativo, la ocupación racional de los espacios, el dinamismo y la libertad para que los futbolistas puedan intercambiar posiciones, liberar espacios y ocuparlos. Eso también les genera un proceso de aprendizaje y satisfacción al entender lo que hacen. La amplitud la puede ocupar cualquiera, pero alguien tiene que ocuparla. También tienen que saber qué hacer cuando perdemos la pelota o cuando la recuperamos, en los distintos contextos y fases del partido. Me gusta el fútbol asociativo y ser dominador, pero lo que más me gusta es ser muy agresivo en campo contrario, tanto con pelota como sin ella.

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Toni Cruz júnior, en la imagen, se dirige a los jugadores de su banquillo. / AH

¿Qué objetivos se marca a medio y largo plazo?

A medio plazo, seguir creciendo. Si sigo fuera, continuar capitalizándome y, sobre todo, abrir mi mercado en otros países o continentes, dentro de estructuras profesionales. A largo plazo, llegar al fútbol profesional. Si puede ser en España, mejor. Y si puede ser en mi isla, mejor todavía.

En su isla eso apunta a la UD Las Palmas. ¿Le gustaría entrenarla algún día?

Por supuesto. Sería un sueño para cualquier grancanario, para cualquier canario. Es un club histórico. Por la relación que tengo con él, sería un sueño para mí. No solamente espero que se dé, sino que estoy convencido de que habrá posibilidades. Me siento de la casa, aunque nunca he entrenado en las categorías inferiores de la UD Las Palmas. Es el vínculo como aficionado, el de mi padre y el de ir al estadio desde pequeño y conocer a las personas que trabajan allí. Mi padre ha sido entrenador de Las Palmas Atlético, director deportivo… Y luego es que es de nuestra tierra, es lo nuestro, para bien y para mal.

Más allá de ese vínculo, ¿cuál es su sueño como entrenador?

Llegar lo más lejos posible en el fútbol profesional, en España o en Europa. Ganarme la vida con esto de la mejor manera posible. En el futuro, me gustaría entrenar en España por muchos factores: comodidad, repercusión, estilo de fútbol, nivel… Es una de las mejores ligas del mundo.

El fútbol también es un sector en el que muchas personas terminan buscando otra salida profesional. ¿Tiene presente esa posibilidad?

Sí. Es un mundo volátil y con poca memoria. Por eso sigo formándome y estoy acabando la carrera de Ciencias del Deporte. Me gusta mucho el gimnasio y entreno todos los días. A nivel psicológico me viene muy bien, también por salud y por disfrute. Después están la universidad y los entrenamientos.

¿Podrá continuar la carrera académica desde Libia?

Sí, gracias a Dios puedo hacerla online. Me queda un año y medio. La he tenido que aparcar en algún momento, pero ahora voy a compaginarla seguro. Hay muchas salidas para el futuro. Puedo montar un centro de entrenamiento, ser preparador físico, aunque no sea mi idea principal, trabajar con futbolistas a nivel individual o ser profesor. Mi madre trabaja en educación y creo que también es una buena opción. La idea principal es seguir en el fútbol, pero sabiendo que es muy complicado.

En los últimos días ha recibido mucha atención mediática. ¿Cómo la está viviendo?

La verdad es que está siendo tremenda. Pero bien, todo eso es bueno y también ayuda a que nos conozcan y nos tengan en el radar, porque nos vamos muy lejos. Cuando ascendimos también se le dio bastante repercusión, pero ahora más. Se juntan Víctor Afonso, ser el hijo de Toni Cruz, ser tan joven… Se dan una serie de circunstancias que generan curiosidad y resultan interesantes.

Su padre ha sido una referencia constante. ¿Qué papel tiene en su manera de entender la profesión y de tomar decisiones?

Tengo muchos ídolos, pero uno de ellos es mi padre. Para mí es el número uno. Tenemos una relación fantástica. Es una persona capaz de trasladarme su experiencia, de animarme a aprovechar oportunidades que quizás él no aprovechó y de ayudarme a repetir sus aciertos y no sus errores.

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