La UD Las Palmas destituye a Rubén de la Barrera: las claves de una caída anunciada

La derrota ante el Mallorca (3-1) precipita una decisión adelantada por Atlántico Hoy | Los malos resultados, el deterioro del juego, las lesiones y la creciente desconfianza del vestuario han terminado con la etapa del técnico gallego

Rubén de la Barrera y Luis Helguera, el día de la presentación del técnico como nuevo entrenador de la UD Las Palmas. / QUIQUE CURBELO-EFE
Rubén de la Barrera y Luis Helguera, el día de la presentación del técnico como nuevo entrenador de la UD Las Palmas. / QUIQUE CURBELO-EFE

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Martín Alonso

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Rubén de la Barrera ya es historia en la UD Las Palmas. El club amarillo ha anunciado este lunes la destitución del entrenador gallego después de la derrota sufrida el domingo ante el RCD Mallorca (3-1), un resultado que ha terminado por agotar la paciencia de la entidad. La decisión no llega por sorpresa. Atlántico Hoy adelantó la pasada semana que el técnico se jugaba su continuidad en Son Moix, donde una nueva derrota podía precipitar su salida. Así ha sucedido. De la Barrera abandona el banquillo —que asume temporalmente Juan Manuel Rodríguez— después de nueve jornadas, con tres victorias, dos empates, cuatro derrotas y una sensación de deterioro futbolístico que ha pesado tanto como los resultados.

El despido pone fin a un proyecto que comenzó con dos victorias consecutivas y que apenas ha necesitado dos meses de competición para perder buena parte de su crédito. La UD ha pasado de sumar seis puntos en las dos primeras jornadas a conseguir únicamente cinco de los 21 siguientes. El equipo que ganó al Albacete y al Ceuta en agosto no se parece demasiado al que ha terminado perdiendo en Mallorca. Por el camino han aparecido problemas defensivos, dificultades para controlar los partidos y una preocupante falta de recursos futbolísticos para encontrar soluciones cuando los encuentros se complican.

La dirección del club llevaba varias semanas analizando una situación que no se explicaba exclusivamente por los marcadores. El juego había empeorado con el paso de las jornadas y el entrenador tampoco había conseguido fortalecer su relación con la plantilla. Fuentes de la entidad describían antes del partido ante el RCD Mallorca una creciente desconfianza hacia su manera de gestionar el vestuario. “Va a lo suyo”, resumían desde dentro del club para explicar el comportamiento de un técnico poco inclinado a consultar sus decisiones y convencido de una idea futbolística que no estaba ofreciendo los resultados esperados.

De más a menos

La temporada comenzó con una victoria ante el Albacete (2-1) en el Estadio de Gran Canaria y otra frente al Ceuta (0-2) a domicilio. Seis puntos de seis posibles que permitieron afrontar con optimismo el regreso a Segunda División. El objetivo del ascenso exigía resultados inmediatos, pero también construir un equipo capaz de sostener su rendimiento durante una competición larga y especialmente exigente.

La primera señal de alarma llegó en Montilivi. El Girona FC goleó a Las Palmas (5-2) y dejó al descubierto una fragilidad defensiva que volvería a manifestarse en las jornadas posteriores. El empate sin goles frente al Leganés en Gran Canaria tampoco ayudó a despejar las dudas, aunque la victoria en Cádiz (0-1) permitió recuperar momentáneamente la tranquilidad.

Caída libre

A partir de entonces, el equipo entró en una pendiente que De la Barrera no consiguió corregir. Perdió contra el Real Burgos (1-2), volvió a caer en Ipurua ante la SD Eibar (3-2), empató frente al Real Valladolid (2-2) y terminó derrotado en Mallorca (3-1). Cuatro partidos consecutivos sin ganar, con tres derrotas y un empate, han terminado por condenar al entrenador.

La secuencia resulta especialmente significativa por la cantidad de goles recibidos. Las Palmas ha encajado diez tantos en sus últimos cuatro encuentros. La defensa, uno de los aspectos que más estabilidad debe ofrecer a cualquier aspirante al ascenso, se convirtió en una fuente constante de problemas. El equipo no solo concedía ocasiones, sino que encontraba enormes dificultades para proteger sus ventajas y controlar los momentos delicados de los partidos.

Una idea agotada

La pérdida de confianza en De la Barrera no se produjo únicamente por las derrotas. En el club preocupaba que el entrenador mantuviera su propuesta futbolística pese a que los resultados y el desarrollo de los encuentros aconsejaban introducir correcciones. La insistencia en determinados planteamientos, sin que apareciera una mejoría reconocible, terminó por alimentar las dudas sobre su capacidad para reconducir la situación.

El problema también estaba en la evolución del equipo. Las Palmas no había conseguido construir una identidad sólida ni desarrollar mecanismos que le permitieran competir con regularidad. Su fútbol se había vuelto cada vez más previsible, con dificultades para elaborar ataques, encontrar espacios y sostener la posesión en situaciones de presión. Cuando los partidos exigían soluciones diferentes, la respuesta casi siempre resultaba insuficiente.

Rubén de la Barrera, durante una rueda de prensa. / QUIQUE CURBELO-EFE
Rubén de la Barrera, durante una rueda de prensa. / QUIQUE CURBELO-EFE

Pérdida de talento 

La falta de talento de la plantilla constituye otra parte importante del diagnóstico, aunque ese problema señala directamente a Luis Helguera —director deportivo—. La UD afrontó la temporada con el propósito de regresar cuanto antes a Primera División, pero la confección del equipo dejó carencias que se han hecho más evidentes con el paso de las jornadas. La ausencia de futbolistas capaces de desequilibrar con continuidad, especialmente cuando el rival consigue cerrar los espacios, ha limitado las posibilidades ofensivas del conjunto amarillo.

Ese déficit no puede atribuirse exclusivamente al entrenador. La dirección deportiva también tiene responsabilidades en la construcción de una plantilla que, al margen de las lesiones, no ha demostrado hasta ahora disponer de suficientes recursos para imponer su fútbol con regularidad. De la Barrera tampoco encontró la manera de compensar esas limitaciones mediante el trabajo colectivo.

El vestuario

La relación con los jugadores fue otro de los factores que acabaron debilitando la posición del entrenador. Atlántico Hoy adelantó que dentro del club existía preocupación por la distancia entre De la Barrera y una parte de la plantilla, especialmente por su manera de tomar decisiones y por la escasa participación que concedía a los futbolistas en determinadas cuestiones relacionadas con el funcionamiento del equipo.

Las fuentes consultadas describían a un entrenador convencido de sus métodos, poco dispuesto a modificar sus planteamientos y que no acostumbraba a contrastar sus decisiones con los jugadores.

En un equipo construido para luchar por el ascenso, esa circunstancia adquirió una importancia considerable. La dirección del club entendía que los malos resultados podían corregirse, pero observaba con mayor inquietud la ausencia de señales de recuperación en el juego y el desgaste de la relación entre el banquillo y el vestuario.

La enfermería

De la Barrera también ha sido víctima de una plaga de lesiones que condicionó seriamente su trabajo. La UD llegó a acumular numerosas bajas y el entrenador tuvo que recurrir a futbolistas del filial para completar entrenamientos, convocatorias y alineaciones. La falta de continuidad de algunos jugadores impidió consolidar un once reconocible y redujo las posibilidades de introducir alternativas durante los partidos.

La lesión de Sergio Ruiz, que sufrió un problema en el menisco de la rodilla izquierda y tuvo que pasar por el quirófano, fue uno de los contratiempos más importantes. También aparecieron problemas físicos que afectaron a Viti Rozada, Enrique Clemente, Marvin Park y otros integrantes de la plantilla. Jesé Rodríguez se incorporó a la lista de bajas después de sufrir una rotura fibrilar en el abductor izquierdo durante el encuentro frente al Valladolid.

El jugador de La Unión Deportiva Las Palmas Jesé Rodríguez remata para marcar gol contra el Real Zaragoza / QUIQUE CURBELO - EFE
El jugador de La Unión Deportiva Las Palmas Jesé Rodríguez remata para marcar gol contra el Real Zaragoza / QUIQUE CURBELO - EFE

Otros ejemplos

La acumulación de lesiones obligó al cuerpo técnico a modificar sus planes constantemente. En algunos encuentros, futbolistas con escasa experiencia en el primer equipo tuvieron que asumir responsabilidades importantes. La cantera ofreció algunas respuestas positivas, pero no podía solucionar por sí sola los problemas estructurales de una plantilla que aspiraba a competir por las primeras posiciones.

El club ha tenido en cuenta esas circunstancias antes de tomar la decisión, aunque apuntan que otros equipos con problemas similares han sido capaces de hacerles frente con éxito. La falta de efectivos constituye un argumento importante para explicar parte del rendimiento, aunque no justifica por completo el retroceso futbolístico. La UD no solo había perdido jugadores por lesión. También había perdido seguridad, claridad y confianza en su propuesta.

El aviso de Atlántico Hoy

La destitución se produce después de que Atlántico Hoy adelantara la pasada semana que De la Barrera se encontraba ante un partido decisivo para su futuro. La información recogía el malestar existente en el club por los resultados, el empeoramiento del juego y la creciente distancia entre el entrenador y la plantilla.

La derrota frente al Mallorca ha terminado por activar una decisión que ya se contemplaba antes del desplazamiento a Son Moix. El equipo amarillo necesitaba una reacción que permitiera recuperar la confianza en el proyecto, pero el 3-1 ha confirmado la dinámica negativa y ha dejado al entrenador sin margen para continuar.

El balance de su etapa queda reducido a nueve jornadas, once puntos de 27 posibles y una trayectoria marcada por el contraste entre las dos victorias iniciales y los siete encuentros posteriores. La UD ha sido incapaz de encontrar estabilidad después de aquel comienzo prometedor y ha terminado pagando el precio de sus carencias futbolísticas y de una convivencia cada vez más complicada entre el entrenador y el grupo.

El presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez. /UD LAS PALMAS-ARCHIVO
El presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez. / UD LAS PALMAS-ARCHIVO

Desafío para el sustituto

La salida de De la Barrera tampoco resuelve por sí sola todos los problemas. El nuevo entrenador heredará una plantilla castigada por las lesiones, con déficits de talento en determinadas posiciones y con la necesidad de recuperar cuanto antes la confianza. La dirección deportiva tendrá que asumir también su parte de responsabilidad en una planificación que, por ahora, no ha respondido a las expectativas.

Rubén de la Barrera llegó con el encargo de conducir a Las Palmas hacia Primera División. Se marcha antes de completar el primer cuarto del campeonato, después de comprobar que las victorias de agosto no bastaban para sostener un proyecto que empezó a perder consistencia casi desde sus primeros tropiezos. El club ha decidido cambiar de entrenador. Queda por comprobar si también es capaz de corregir los problemas que han llevado al primero hasta la puerta de salida.

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