Rubén de la Barrera se juega el puesto como entrenador de la UD Las Palmas en Mallorca

El técnico llega muy cuestionado al partido del domingo tras sumar cinco puntos de los últimos 18 en juego | En el club preocupan el deterioro futbolístico, la gestión del grupo y una plaga de lesiones que ha dejado al equipo bajo mínimos

Rubén de la Barrera y Luis Helguera, el día de la presentación del técnico como nuevo entrenador de la UD Las Palmas. / QUIQUE CURBELO-EFE
Rubén de la Barrera y Luis Helguera, el día de la presentación del técnico como nuevo entrenador de la UD Las Palmas. / QUIQUE CURBELO-EFE

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Martín Alonso

Rubén de la Barrera se juega mucho más que tres puntos en Mallorca. La comisión deportiva de la UD Las Palmas se plantea un cambio en el banquillo si el equipo amarillo pierde este domingo ante el conjunto balear, en un partido que llega después de varias semanas de deterioro deportivo y de un empate frente al Real Valladolid que no ha conseguido despejar las dudas. La continuidad del entrenador gallego ha dejado de ser un asunto intocable.

No existe un ultimátum público ni el club pretende presentarlo de esa manera, pero el encuentro de Son Moix se ha convertido en una frontera importante. La dirigencia de la UD observa con preocupación una trayectoria que se ha torcido con rapidez. Los resultados pesan, aunque no son el único elemento que se está valorando. También preocupa la evolución del juego y, puertas adentro, la relación del entrenador con una plantilla que empieza a mostrar síntomas de desconfianza hacia su manera de gestionar el grupo.

Las Palmas comenzó la temporada con seis puntos de seis. Ganó al Albacete en el Estadio de Gran Canaria (2-1) y se impuso al Ceuta a domicilio (0-2). Aquel inicio permitió alimentar la expectativa de una pelea inmediata por regresar a Primera División. Desde entonces, sin embargo, la UD solo ha sumado cinco puntos de los 18 que se han puesto en juego.

La caída

El primer golpe fue especialmente duro. El Girona FC le hizo cinco goles (5-2) en Montilivi y expuso problemas defensivos que han reaparecido durante las semanas siguientes. Después llegó el empate sin goles ante el CD Leganés en Gran Canaria y una victoria en Cádiz (0-1) que pareció devolver cierta estabilidad al proyecto.

Fue un espejismo. La UD Las Palmas perdió después contra el Real Burgos (1-2), cayó en Ipurua frente al SD Eibar (3-2) y el pasado domingo no pasó del empate contra el Real Valladolid (2-2). Tres jornadas seguidas sin ganar, con dos derrotas y un empate, han colocado a De la Barrera bajo una presión que apenas existía unas semanas atrás.

Involución

La clasificación todavía no ofrece una situación irreparable. La UD suma 11 puntos después de ocho jornadas, con tres victorias, dos empates y tres derrotas. El problema está en cómo ha llegado hasta ahí. El equipo ha marcado 12 goles y ha recibido 13, una cifra especialmente llamativa para un aspirante al ascenso. Después de dejar la portería a cero ante AD Ceuta, CD Leganés y Cádiz CF, la UD Las Palmas ha encajado siete tantos en sus tres últimos encuentros.

La sensación dentro del club es que el equipo no ha crecido con el campeonato. Más bien ha ocurrido lo contrario. Las primeras jornadas dejaron una UD reconocible por momentos, capaz de presionar, correr y encontrar soluciones ofensivas. Con el paso de las semanas ha perdido continuidad, seguridad defensiva y claridad con la pelota. Los partidos se han vuelto más difíciles de controlar y los errores han adquirido un peso enorme.

Rubén de la Barrera, durante una rueda de prensa. / QUIQUE CURBELO-EFE
Rubén de la Barrera, durante una rueda de prensa. / QUIQUE CURBELO-EFE

El juego

El empate frente al Real Valladolid condensó buena parte de los problemas. La UD Las Palmas se adelantó muy pronto con un gol de Valentín Pezzolesi, pero el conjunto pucelano tardó apenas cinco minutos en igualar y antes de la media hora ya había dado la vuelta al marcador. El equipo amarillo reaccionó después del descanso y Elías Romero consiguió el 2-2, pero volvió a dejar la impresión de necesitar demasiado esfuerzo para corregir los problemas que él mismo había generado.

De la Barrera interpretó posteriormente aquella transformación desde el plano emocional. Habló del ruido y de la ansiedad que provoca querer hacer las cosas bien y sostuvo que la mejoría de la segunda mitad no había respondido a una modificación táctica. Para el técnico, recuperar tranquilidad y control era el camino para estabilizar al equipo.

En los despachos, sin embargo, el análisis ya va más allá de una mala racha. La preocupación nace de que no se aprecia una evolución positiva en el funcionamiento colectivo. La UD que llega a la novena jornada ofrece más dudas que la que comenzó el campeonato en agosto.

El vestuario

A esa inquietud se ha añadido otro elemento más difícil de medir desde fuera: la relación entre el entrenador y sus jugadores. Fuentes del club consultadas por Atlántico Hoy apuntan a una creciente desconfianza de parte de la plantilla hacia la forma de trabajar de De la Barrera.

Una de las críticas internas tiene que ver con su manera de tomar decisiones y relacionarse con el grupo. En el club se considera que el entrenador consulta poco con los futbolistas y que existe una distancia cada vez mayor entre su gestión y las sensaciones del vestuario. “Va a lo suyo”, resumen desde dentro de la entidad para describir una situación que empieza a preocupar tanto como los resultados.

Jesé, autor del gol de la UD Las Palmas, se va de Puga. / GREGORIO MARRERO-EFE
Jesé, en el partido de playoff contra el Málaga CF, se va de Puga. / GREGORIO MARRERO-EFE

Enfado de Jesé

Eso no significa que el club descargue toda la responsabilidad sobre el técnico. También existe la convicción de que determinados errores individuales han condicionado partidos y de que algunos futbolistas están ofreciendo un rendimiento inferior al esperado. Pero la conexión entre entrenador y plantilla forma parte ya del análisis sobre el futuro inmediato del banquillo.

El episodio de Jesé frente al Real Valladolid añadió ruido. El delantero mostró ostensiblemente su disgusto cuando fue sustituido en el minuto 72 y realizó gestos desde el banquillo que evidenciaban su desacuerdo con la decisión. De la Barrera trató después de quitar importancia al episodio y defendió que mantiene una buena relación con el futbolista.

Horas más tarde se conoció que Jesé había sufrido una rotura fibrilar en el abductor izquierdo. Será baja ante el Mallorca y se incorpora a una enfermería que se ha convertido en una de las grandes circunstancias atenuantes de la temporada amarilla.

Once bajas

Porque cualquier juicio sobre el trabajo de De la Barrera tiene una enorme letra pequeña. La UD ha llegado a manejar hasta once ausencias y durante las últimas jornadas el entrenador ha tenido que recurrir constantemente a jugadores del filial para entrenar, completar convocatorias e incluso formar sus alineaciones.

Sergio Ruiz sufrió una lesión en el menisco externo de la rodilla izquierda y tuvo que pasar por quirófano. Viti Rozada, Enrique Clemente, Cedeño, Ale García, Marvin Park y Jeremia Recoba han formado parte de una lista de problemas físicos que ha ido cambiando semana tras semana. Sandro Ramírez tampoco pudo participar contra el Valladolid por molestias musculares. Jesé es ahora el último nombre en incorporarse.

Contexto presente

La sangría ha obligado a De la Barrera a reconstruir el equipo prácticamente cada jornada. Frente al Real Valladolid, por ejemplo, Andrés Rodríguez y Elías Romero estrenaron titularidad esta temporada y la cantera volvió a asumir responsabilidades importantes. Elías respondió con el gol del empate y ha aprovechado sus escasos minutos en el primer equipo para aportar un gol y dos asistencias.

La dirección deportiva tiene presente ese contexto. Las lesiones han reducido de manera considerable las posibilidades del entrenador y constituyen el principal argumento para relativizar parte de los problemas que está mostrando el equipo. Pero la preocupación del club ya no se limita a quién está disponible. También alcanza a qué hace la UD con los jugadores que sí puede utilizar.

Mallorca

El calendario tampoco concede una salida sencilla. Las Palmas visitará el domingo a un Mallorca que ha comenzado la temporada con 14 puntos en ocho jornadas y que solo ha recibido tres goles. El conjunto balear está dirigido además por Luis García Fernández, antiguo entrenador amarillo, lo que añade otro ingrediente a un encuentro que ya llega suficientemente cargado.

De la Barrera afrontará la cita sin Jesé y con una plantilla todavía castigada por los problemas físicos. Tendrá enfrente a uno de los equipos defensivamente más sólidos del campeonato y necesitará encontrar una respuesta después de haber encajado siete goles en las últimas tres jornadas.

Sin ultimátum (público)

El resultado tendrá consecuencias. Una victoria permitiría cortar de raíz la racha, ganar tiempo y reconstruir parte de la confianza perdida. Incluso una buena actuación puede entrar en la valoración de un club que durante estos días no mira únicamente el marcador. Pero una nueva derrota puede precipitar una decisión que hace apenas unas semanas parecía muy lejana.

La UD no ha anunciado ningún ultimátum a Rubén de la Barrera. Internamente, sin embargo, Mallorca aparece ya marcado como un partido capaz de decidir el futuro inmediato del entrenador. El problema para el técnico es que llega a Son Moix con casi todos los frentes abiertos a la vez: resultados, juego, lesiones y un vestuario cuya confianza empieza a resquebrajarse.

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