A menudo, las fechas más importantes no se perciben como tales cuando ocurren. El 24 de julio de 2025 todo parecía ordinario en la UD Las Palmas, pero fue el inicio de una historia de transformación. El comienzo de una crónica de progreso personal en la que entró en escena un ariete renacido, sostenido por una renovada fortaleza mental.
Hay razones del corazón que la mente no siempre entiende. Como sucede cuando uno se enamora: una urgencia íntima que empuja, una convicción emocional que se siente en el pecho. Ser amarillo no es una opción más; es un honor, un privilegio y una forma de vivir. Jesé lo sabía. Por eso quiso regresar a su equipo del alma: decidido, firme en su propósito y convencido de sus capacidades.
El cambio empezó por la actitud. Aprender de los errores, creer en las propias fortalezas y no rendirse jamás. El resultado es visible: un futbolista más reflexivo, cauto en los impulsos, prudente en la palabra y maduro en la comunicación.
Jesé comenzó calentando el banquillo, aceptando el rol con templanza y compromiso, sin perder de vista su objetivo. Hoy su lenguaje es otro: técnica, inteligencia táctica, velocidad, fuerza y una definición letal. Un jugador completo, capaz de influir en todas las fases del juego y de sumar talento individual al servicio del colectivo.
El éxito del grupo
El sentimiento de pertenencia a la UD Las Palmas trasciende lo deportivo. Es una identificación profunda que se manifiesta en orgullo en la victoria y resistencia en la derrota. Un lazo de lealtad y camaradería que une a jugadores y aficionados, y que antepone siempre el éxito del grupo al individual.
El Estadio de Gran Canaria nunca pasa desapercibido. Sus 32.392 asientos azules y amarillos sostienen el peso de generaciones de aficionados que vibran, sufren y sueñan por un escudo que representa mucho más que fútbol.
Un jugador amarillo no duda en el sacrificio, no parpadea ante el dolor y deja hasta la última gota de sudor sobre el césped. En el Estadio de Gran Canaria no se concibe la retirada ni la rendición. Aquí se compite hasta el final, incluso si toca cenar en el infierno cada noche de partido.
Fuerza y honor a la UD Las Palmas.
