El entrenador de la UD Las Palmas, Luis García. / EFE
El entrenador de la UD Las Palmas, Luis García. / EFE

La UD Las Palmas y el eco de Kresic en 2000

La crisis de resultados del equipo amarillo —cinco jornadas sin ganar— reabre viejas dudas sobre el proyecto y evoca un precedente de hace 26 años: entonces también hubo desconfianza, ruido y un vestuario cuestionado; la respuesta fue liderazgo y ascenso

Martín Alonso

Abril de 2000.

Doce años fuera de Primera División pesaban entonces como una losa sobre la UD Las Palmas. Las urgencias históricas —esa ansiedad por regresar a la élite del fútbol español que tan bien definió Ángel Cappa— marcaban cada conversación, cada portada, cada susurro en la grada. Tras cuatro temporadas en Segunda construyendo proyectos con dinero que terminó convertido en una mole de deuda, el club entregó todo el poder a Sergio Kresic.

Mando absoluto. Talonario abierto. Un once sin canarios por primera vez en la historia del club. Una plantilla diseñada desde el despacho del entrenador. Y un equipo que, como ahora, no enamoraba. No jugaba al fútbol: cumplía trámites administrativos en horario de oficina. Era eficaz por momentos, disciplinado casi siempre, pero incapaz de encender la chispa que convierte un estadio en hogar y no en sala de espera.

Dos victorias en 11 partidos

El curso 1999/00 había comenzado con firmeza. La UD Las Palmas habitaba la zona alta de Segunda División. Para arrancar 2000 incluso ganó un derbi al CD Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López en el tercer partido oficial del año. Pero después llegó el vértigo. Entre el 16 de enero y el 1 de abril, sólo dos victorias en once jornadas. El ascenso se desdibujaba en el horizonte.

Y entonces apareció lo peor: la sospecha.

Ese rumor que siempre ronda a los equipos que pelean por subir. Que si los futbolistas no quieren ascender. Que si el salto de categoría significará rescisión de contratos y nuevos fichajes. Que si hay más comodidad en la duda que en el riesgo.

Ambiente tóxico

El ambiente se volvió tóxico. La crítica dejó de ser análisis para convertirse en sospecha permanente. Fue entonces cuando Kresic ejecutó su mejor movimiento como entrenador de la UD Las Palmas. No fue táctico. No fue estratégico. Fue humano.

La UD Las Palmas cae 1-2 frente al Córdoba en un partido raro con varios goles anulados./ UD LAS PALMAS
Ale García, delantero de la UD Las Palmas, en el reciente partido ante el Córdoba CF. / UD LAS PALMAS

Veinticuatro horas antes de medirse a la UE Lleida, que llegaba como segundo clasificado empatado con el CD Tenerife, el técnico croata leyó un manifiesto en defensa de su plantilla. No habló como un empleado del club. Habló como un líder. “No consiento ni un día más que se dude de la profesionalidad y entrega de ningún miembro de la plantilla. Critíquennos. pero no nos ofendan por sistema”.

Apeló a la inteligencia de la afición. Suplicó que cesara la hostilidad. Recordó que el futbolista, por mucho que cobre, no deja de ser un hombre con corazón y sentimientos. Y lanzó una advertencia sencilla y profunda: un hilo de miedo puede ser un gol que no entra o un segundo que te hace llegar tarde.

Aquel discurso no fue un desahogo. Fue un punto de inflexión.

Mismo panorama

La UD Las Palmas venció 1-0 a la UE Lleida con gol de Renaldo. En las siete jornadas siguientes ganó seis partidos. El 21 de mayo consumó el ascenso frente al Elche CF. Aquel equipo, construido a base de talonario, no era poesía en movimiento. Emocionaba tanto como un tornero fresador en el taller. Pero terminó siendo eficaz porque encontró un liderazgo que lo sostuvo cuando el ruido amenazaba con romperlo todo.

Hoy, casi veintiséis años después, la UD Las Palmas vuelve a transitar por la misma cornisa. Cinco jornadas sin ganar. Un juego que no conmueve. Un entorno que duda. Un proyecto que empieza a ser examinado con lupa.

El equipo que dirige Luis García también transmite esa sensación de trámite, de cálculo, de contención permanente. No es un equipo que arda; es un equipo que administra. Y cuando la emoción desaparece, el fútbol se convierte en una ecuación sin alma.

¿Quién es el líder?

La diferencia entre aquella primavera de 2000 y este presente no está en los puntos ni en las rachas. Está en la voz que se levanta cuando el ambiente se enrarece. En quién es capaz de mirar al entorno y decir basta. En quién asume el desgaste de proteger al vestuario y convertir la crítica en impulso y no en veneno.

Hace casi veintiséis años fue Kresic. Hoy, la pregunta flota en el aire del Estadio de Gran Canaria: ¿Quién dará ahora el paso al frente para ejercer de líder y rescatar a la UD Las Palmas del atolladero?