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Guedes y Tonono, en los posters promocionales de Arehucas. / UDLP

La UD Las Palmas, el Eldense y las heridas que el fútbol no puede cerrar

Guedes y Tonono jugaron juntos en la primera visita del Eldense al Estadio Insular | Más de seis décadas después, la muerte de Jesús de Miguel recuerda que hay derrotas que ninguna victoria puede reparar

El 10 de febrero de 1963, el CD Eldense visitó por primera vez Gran Canaria para disputar un partido oficial contra la UD Las Palmas. Aquel domingo, en el Estadio Insular, los amarillos ganaron 6-0 con tres goles de Gilberto y otros tres repartidos entre León, Germán y Collar. Rosendo Hernández había alineado un equipo en el que convivían futbolistas llamados a escribir algunas de las páginas más hermosas de la historia del club. Entre ellos estaban Juan Guedes y Tonono. Nadie podía imaginar entonces que aquellos dos muchachos, de 20 y 19 años, respectivamente, morirían siendo todavía futbolistas en activo.

El fútbol tiene estas paradojas cuando se mira por el retrovisor de la memoria. Uno repasa una alineación antigua, reconoce los nombres, recuerda los goles y termina descubriendo que conoce el destino de personas que aquella tarde todavía tenían toda la vida por delante. Guedes y Tonono estaban empezando a construir una de las mejores UD Las Palmas que hemos conocido. Junto a Germán, León, Castellano y tantos otros, llevarían al equipo a Primera División, al subcampeonato de Liga y a competir en Europa. Eran futbolistas extraordinarios, pero también amigos y compañeros que compartían algo más que un vestuario.

Guedes murió el 9 de marzo de 1971, con 28 años, después de una enfermedad que había interrumpido su carrera unos meses antes. La noticia dejó a Gran Canaria sin uno de sus grandes ídolos y a la UD sin el futbolista que había gobernado su centro del campo durante casi una década. Miles de personas acompañaron su entierro hasta el cementerio de San Lázaro. Cinco días después, el equipo volvió a jugar. Perdió 2-0 contra el Sporting en El Molinón. Tonono estuvo sobre el césped, pero ya no tenía a su amigo a su lado.

El segundo golpe

Cuatro años después, la tragedia regresó al mismo vestuario. Tonono había disputado su último partido el 31 de mayo de 1975, contra el Málaga, cuando una enfermedad de rápida evolución terminó apartándolo del fútbol. El 8 de junio, mientras el defensa permanecía gravemente enfermo, la UD Las Palmas goleó 4-0 al Real Madrid en el Insular, en la ida de los cuartos de final de Copa. Germán quiso comunicarle aquella alegría. No pudo hacerlo. Tonono murió al día siguiente, con apenas 31 años.

El siguiente compromiso llevó a los amarillos al Bernabéu. Antes de que comenzara el encuentro se guardó un minuto de silencio por el futbolista fallecido. El Madrid ganó 5-0 y eliminó a la UD de una competición en la que había acariciado las semifinales. Aquel resultado, que en otras circunstancias habría provocado una enorme decepción, apenas podía competir con la tristeza que acompañaba al equipo. Habían perdido a su capitán. Todo lo demás había cambiado de tamaño.

Jesús de Miguel. / CD TENERIFE

Jesús de Miguel

Resulta inevitable recordar estas historias durante una semana en la que el fútbol canario ha vuelto a encontrarse con la muerte. Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife, falleció el martes a los 30 años después de la terrible entrada cometida por Jesús Owono durante el encuentro contra el Andorra. La noticia ha dejado desolados a sus familiares, amigos, compañeros y a una afición que había acudido al Heliodoro para ver un partido y terminó enfrentándose a algo para lo que nadie está preparado.

Las tragedias de Guedes, Tonono y Jesús de Miguel ocurrieron en épocas y circunstancias diferentes. No necesitan parecerse para que podamos reconocer el mismo dolor. La muerte de un futbolista joven altera violentamente el orden de las cosas. El vestuario pierde a un compañero, una familia a alguien irreemplazable y la afición descubre que detrás del escudo y de la camiseta había una vida que importaba mucho más que cualquier resultado.

Lo importante

Este domingo, a las 17.30 horas (DAZN y Movistar+), la UD Las Palmas —en el primer partido de Albert Sánchez en el banquillo local— volverá a encontrarse con el Eldense, 63 años después de aquella primera visita al Insular. El fútbol ha cambiado tanto que el equipo alicantino llega ahora vinculado a Lionel Messi, que anunció su adquisición a través de una operación pendiente de la autorización del Consejo Superior de Deportes. La presencia del argentino en la propiedad seguramente habría resultado inimaginable para los futbolistas que disputaron aquel 6-0 de 1963.

También han cambiado los estadios, las cuentas, los entrenadores y la manera de consumir este deporte. Pero algunas cosas permanecen. Los equipos siguen siendo grupos de personas que trabajan juntas, comparten dificultades y aprenden a confiar unas en otras. Esa convivencia, que tantas veces se utiliza para explicar una victoria, adquiere un significado mucho más profundo cuando alguien falta.

La UD Las Palmas tuvo que seguir jugando después de perder a Guedes y a Tonono. El CD Tenerife tendrá que encontrar ahora la manera de regresar al campo sin Jesús de Miguel. No porque el fútbol pueda reparar semejantes ausencias, sino porque la vida, incluso cuando parece imposible, continúa. Y en ese camino la amistad, la solidaridad y el cuidado de quienes tenemos cerca valen bastante más que cualquier clasificación.

Albert Sánchez, nuevo entrenador de la UD Las Palmas. / ELVIRA URQUIJO A.-EFE

Desmentir a Bill Shankly

Durante noventa minutos somos capaces de discutir un fuera de juego como si nos fuera la vida en ello. Nos enfadamos por una sustitución, nos arruina el domingo un gol encajado en el descuento y convertimos una derrota en una desgracia. Quizá esa exageración forme parte del encanto del fútbol. Pero esta semana nos ha recordado que también conviene saber dónde termina.

El domingo habrá un balón, dos porterías y tres puntos en juego. La UD Las Palmas, después de ganar al Real Oviedo (2-3) y empezar a recuperar a piezas como Sandro, Recoba o Ale García, intentará ganar al Eldense y volveremos a preocuparnos por lo que ocurra sobre el césped. Está bien que así sea. También necesitamos recuperar nuestras pequeñas rutinas.

Bill Shankly, mítico entrenador del Liverpool FC, decía que el fútbol era mucho más importante que la vida y la muerte. Quizá fuera una manera de explicar la pasión desmedida que despierta este juego. Pero hay semanas, como esta, en las que la realidad nos recuerda que ni siquiera el fútbol puede competir con la vida.

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