Víctor García: “Este descenso debe servir para construir un club más sólido”

El técnico analiza la salida de la ACB, el nuevo escenario en Primera FEB y el modelo de entidad desde la única y privilegiada mirada que le otorga comenzar su 36ª temporada ininterrumpida en el CB Gran Canaria

Víctor García, entrenador ayudante del CB Gran Canaria. / EFE
Víctor García, entrenador ayudante del CB Gran Canaria. / EFE

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Julio Cruz

Hay pocas personas que puedan explicar el CB Gran Canaria desde una posición como la de Víctor García. No solo por su vasto conocimiento del baloncesto, sino porque prácticamente toda su vida deportiva está ligada al mismo escudo. Entró en el club con diez años, en 1990, y jugó en sus categorías de formación hasta los 18. Comenzó entonces a entrenar y nunca se ha marchado. Son 36 temporadas consecutivas en el Granca: ocho como jugador y 28 como técnico, 17 en el primer equipo. 

Ha sido campeón del Mundo en 2019 y de Europa en 2022 como integrante de la selección española que dirigía Sergio Scariolo. Hace muy poco, durante el recién terminado verano, dirigió a España como primer entrenador en el Europeo U18, logrando clasificarse para el Mundial U19 del próximo año. Solo acceden cuatro selecciones europeas y España se había quedado fuera en las dos ediciones anteriores.

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Toda esa trayectoria le ha permitido contemplar el crecimiento del CB Gran Canaria desde dentro y desde prácticamente todos sus escalones. Pero hay algo más. García posee una mirada especialmente analítica sobre el baloncesto y sobre el propio club. No se limita a la pista ni al siguiente partido. Habla de estructuras, identidad, formación, masa social, presión, expectativas o modelos de club.

Y lo hace ahora, con el aplomo y el rigor que le caracteriza, desde uno de los momentos más delicados de la historia reciente del Granca: después de un descenso inesperado y con el reto de reconstruirse para regresar a la máxima categoría. La competición en Primera FEB arranca este sábado para el Granca, otra vez contando en sus filas con García, quien encarna como nadie los valores de la entidad.

— [Pregunta] Después de toda una vida en el club, ¿cómo explica el descenso después de tres décadas?

— [Respuesta] No es fácil de analizar porque trabajamos en un mundo donde existen muchísimas variables, y muchas de ellas son humanas. Esto no son matemáticas. Lo que hay que asumir es que se dieron una serie de situaciones que nos llevaron a hacer una muy mala temporada y, finalmente, a esa situación. A nivel deportivo no estuvimos al nivel que requería la competición, eso es evidente. Y creo que hay otra cuestión importante: hay equipos que están preparados para pelear por no descender y mentalmente están preparados para vivir esa situación. Nosotros llevábamos muchísimos años peleando por otras cosas: por entrar en playoff, jugar la Copa, disputar finales, clasificarnos para Europa... Veníamos de temporadas muy buenas en las que pensar en el descenso era casi imposible. Cuando de repente tienes que enfrentarte a eso, cuesta asumirlo. Empiezas a jugar con una mochila muy grande, con una carga de negatividad importante alrededor porque no estás ofreciendo el rendimiento que se esperaba de ti. 

—¿Es suficiente con una mala temporada deportiva para explicar lo sucedido o todo provienetambién de decisiones anteriores y cuestiones estructurales?

—Todo va junto. Hubo decisiones deportivas y estructurales que también influyeron. Veníamos, por ejemplo, de una estructura de plantilla determinada en Eurocup y después, al jugar Champions, las necesidades con los cupos cambiaron. Cada temporada, además, cuando haces buenos años, resulta muy complicado mantener el bloque y tienes que volver a acertar con muchos jugadores nuevos, conseguir que encajen y que aparezca una buena química. Y eso necesita tiempo y no siempre sucede. También creo que existía cierta desafección con una parte del público que quizá arrancó cuando se decidió no jugar la Euroliga. Al final es una suma de plantilla, equipo, club y condiciones mentales. Hay temporadas en las que quizá no tienes una plantilla tan buena y, sin embargo, todo sale de cara porque existe una química extraordinaria. Y otros años sucede lo contrario.

Víctor García, durante un partido del Granca en el Arena. / EFE
Víctor García, durante un partido del Granca en el Arena. / EFE

—¿Cuál debería ser entonces el gran aprendizaje que deje el descenso?

—La gran enseñanza será lo que hagamos a partir de ahora. Tenemos que conseguir ser un club mucho más sólido y no depender únicamente de si el balón entra o no. Si este descenso sirve para tener una mejor estructura como club, una mejor masa social, un mayor arraigo, mejores categorías de formación y, en definitiva, para mejorar todo lo que somos como entidad, habrá tenido al menos ese efecto positivo. Tenemos que ser capaces de hacer internamente una valoración profunda de todo aquello que podemos mejorar para tener esa solidez y no depender exclusivamente de los resultados deportivos. Habíamos llegado a un punto en el que pensábamos que esto no nos podía suceder. 

—Quizá otra enseñanza sea precisamente no dar nada por sentado.

—Exactamente. Y cuando tienes que afrontar una situación así debes hacerlo con humildad. La Liga es tremendamente dura. Hay que estar dentro para vivirlo. Cada semana te juegas muchísimo y da igual dónde juegues porque nunca vas a ganar fácilmente. Además, buena parte de la historia del Gran Canaria se construyó precisamente así: con una enorme capacidad de lucha y haciendo las cosas poco a poco. Incluso cuando llevábamos muchos años entrando en playoff, desde el club se decía muchas veces que primero había que certificar la permanencia y aquello podía interpretarse como falta de ambición. Yo creo que no. El exceso de presión tampoco es positivo.

—¿Hay que recuperar entonces parte de aquella identidad?

—Yo siempre he vivido al Gran Canaria como un club humilde. Partimos de unas condiciones distintas, estamos lejos, competimos en Europa y sufrimos un desgaste enorme cuando disputamos dos competiciones, como hemos hecho durante muchísimos años. Eso, por mucho que ganes y por mucho que hayas conseguido, no puedes olvidarlo. Esa humildad y ese trabajo diario que el club tuvo durante tantos años es algo a lo que debemos agarrarnos otra vez para conseguir el objetivo que tenemos ahora.

—Han pasado ya unos meses desde el descenso. Hay nuevo presidente, nuevo patrocinador y la afición ha respondido. ¿Se empieza a mirar hacia delante?

— Lo primero que tenemos que hacer es quitarnos la mochila de negatividad. Ya hemos analizado lo ocurrido. Ahora toca mandar un mensaje de positivismo y de realismo. Primero hay que aceptar dónde estamos. Si hablamos de especies animales, sobrevive quien se adapta al medio. Nosotros estamos ahora en un medio diferente, en una competición diferente, con jugadores diferentes y un arbitraje diferente. Tenemos que adaptarnos. Yo creo muchísimo en la química y en las energías de los equipos. Tenemos que ser positivos, pero siempre desde el trabajo diario, el esfuerzo, la dedicación para entrenar y preparar los partidos y la actitud de los jugadores. No se trata de vender humo. Y después está el mensaje que está mandando la gente. El club ha descendido y, aun así, la afición está demostrando que quiere al Gran Canaria. Tenemos muchos abonados, existe una masa social detrás, hay un nuevo presidente, un nuevo patrocinador... Son señales positivas. Ojalá vayamos todos juntos y de la mano.

—Insiste en que el proyecto no debe depender exclusivamente de ascender a la primera. 

—Tenemos ejemplos muy claros. Bilbao estuvo en esta categoría hace pocos años y ahora es un club muy sólido, con una masa social muy importante, que ha ganado competiciones europeas. Aquella situación le sirvió para reconstruirse. También tenemos ejemplos como Estudiantes o Burgos, equipos con una capacidad económica importante que descendieron y no consiguieron subir inmediatamente. Eso demuestra que el dinero por sí solo no sirve. Tiene que ir acompañado de trabajo, de una buena dinámica y de hacer bien las cosas dentro y fuera de la pista. Por supuesto que queremos subir, pero el proyecto no puede ser tan cortoplacista como para pensar que, si no subimos, se acaba el mundo. Existe un club que nació en 1963, con muchísimos años de historia y mucha gente detrás que lo quiere y que ahora mismo lo está demostrando.

—El Gran Canaria tiene además una peculiaridad: su titularidad pública. ¿Cómo condiciona eso la construcción de un proyecto a largo plazo?

—Lo primero es aceptar que es la situación que tenemos. Pero mi visión personal es que contar con el Cabildo detrás supone un privilegio muy grande para el club. Es una institución con una enorme solidez y, para nosotros como profesionales, tener ese amparo es muy poderoso. Conseguir recursos privados en un deporte como el baloncesto es muy difícil. Hemos vivido además situaciones como la pandemia, sin público ni venta de entradas, y disponer de ese respaldo ha sido fundamental. La rentabilidad del baloncesto es muy compleja. Hemos visto clubes con muchísima solera que han atravesado enormes problemas económicos. Sin ese amparo nosotros también podríamos haber vivido situaciones muy complicadas.

Víctor García aplaude a los jugadores del Granca en un duelo contra el Valencia Basket. / KAI FÖRSTERLING-EFE
Víctor García aplaude a los jugadores del Granca en un duelo contra el Valencia Basket. / KAI FÖRSTERLING-EFE

—¿Y no tiene también inconvenientes depender de la Administración?

—Desde dentro del club yo no he tenido esa sensación. Históricamente creo que los buenos gestores tanto del club como del Cabildo han sabido ir de la mano: que el Cabildo dé su apoyo, pero que el club pueda trabajar de manera autónoma dentro de los presupuestos disponibles. La aspiración debe ser conseguir que el club sea cada vez más autónomo económicamente y que la aportación pública sea la menor posible. Pero ese respaldo siempre ha sido positivo y mi sensación es que desde el Cabildo se ha apoyado económica e institucionalmente al club dejando trabajar a los técnicos.

—El objetivo de ascender parece indiscutible. ¿Existe el riesgo de pensar que el Gran Canaria va a subir simplemente por ser el Gran Canaria?

—Estoy totalmente de acuerdo en que ese es uno de los grandes peligros. Hay que saber combinar las dos cosas. Lo primero es no esconderse: todos sabemos cuál es la meta. Y a partir de ahí hay que trabajar para conseguirlo con humildad, esfuerzo y la mentalidad adecuada cada día. Con la estructura no vas a subir. Vas a subir con el trabajo diario, con el equipo, con la mentalidad que tengas y siendo humilde cada vez que vayas a una pista. Hay clubes que han tenido estructuras muy superiores, que venían de la ACB y no consiguieron subir. Eso tiene que servirnos de aprendizaje. Solo suben dos y hay muchos equipos con nivel y capacidad para hacerlo. Esto es deporte. Si todo dependiese exclusivamente del presupuesto, nosotros no habríamos descendido.

—¿Cómo definiría la plantilla de esta temporada?

—Sobre todo, como una plantilla de gente comprometida. Creo que desde ese compromiso llega todo lo demás. Tenemos jugadores que quieren afrontar el objetivo con el esfuerzo que requiere esta competición. El talento sirve de poco si no existe ese compromiso. Me gusta la química que tienen y el esfuerzo que están demostrando cada día. 

—¿Qué equipos ve inicialmente entre los principales rivales?

—Hay equipos muy potentes. Diría Estudiantes, Granada, Valencia, Alicante y Cantabria. Después siempre puede caerse alguno y aparecer otro, pero de partida son equipos que han hecho muy buenas plantillas, cuentan con buenas estructuras y están realizando inversiones importantes. La competencia va a ser dura.

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Víctor García, en su etapa como primer entrenador del Granca. / E. CASAS-ACB PHOTO

—Otro debate habitual alrededor del Gran Canaria es la cantera. ¿Por qué resulta tan difícil que aparezcan jugadores canarios en el primer equipo?

—Es un tema con muchísimas aristas. Yo llevo 17 temporadas con esta en el primer equipo y durante las 16 anteriores el Gran Canaria estuvo peleando prácticamente todos los años por entrar en playoff y jugar la Copa del Rey. Estamos hablando de una competición de élite absoluta. Y partimos de un deporte en el que las cualidades físicas son determinantes y cada vez tienen más importancia. Esas condiciones las tienes o no las tienes. Ese es un primer factor. Después está la globalización. Hay que diferenciar entre ser canario y ser canterano. Un jugador puede haber nacido fuera, llegar aquí siendo un niño y haberse formado en nuestra cantera. Balcerowski o Khalifa Diop llegaron muy jóvenes y el club los formó hasta convertirlos en jugadores de máximo nivel. Yo soy canario y personalmente me encantaría que los cuatro cupos fueran cuatro canarios. Pero la realidad es muy complicada. También tenemos que mirar qué sucede en otros clubes. ¿Cuántos jugadores nacidos en Madrid llegan al primer equipo del Real Madrid? ¿Cuántos de Barcelona al Barça? Los grandes clubes también captan jugadores de todo el mundo. Nosotros tenemos que preguntarnos cómo podemos mejorar la cantera: contar con los mejores entrenadores posibles, realizar la mejor captación y ofrecer la mejor formación. Pero después hablamos de jugadores que tienen que alcanzar un nivel altísimo. No estamos formando para una tercera división; estamos intentando formar jugadores para una de las mejores ligas del mundo. Y el pasaporte no regala minutos. Si eres canario y eres bueno, jugarás. Pero primero tienes que demostrar que posees el nivel y las condiciones necesarias para jugar en un equipo como el Gran Canaria. Aquí no se regala nada a nadie porque estamos hablando de máxima exigencia.

—En su faceta fuera del club, ¿cómo queda ahora su relación con la Federación Española tras el cambio de seleccionador?

—Cuando llegó Chus Mateo me transmitieron que querían seguir contando conmigo y que continuase formando parte de la Federación. Este verano fui seleccionador U18 y conseguimos clasificarnos para el Mundial U19 del próximo año. Después se han producido cambios dentro de la Federación y ahora habrá que ver qué sucede de aquí al próximo verano.

—¿Qué le gustaría que ocurriera?

—Para mí, poder ser seleccionador español de cualquier categoría es un privilegio. España es uno de los países que está más arriba en el ranking FIBA y hay muchísimos entrenadores que darían cualquier cosa por tener esa oportunidad. Yo soy entrenador ayudante durante la temporada y poder asumir en verano el papel de primer entrenador, y obtener un resultado tan positivo, fue una ilusión enorme. Siempre que me llama la Federación me siento privilegiado y siento que valoran mi trabajo. Llevo con ellos desde que Sergio Scariolo me llamó en 2019.

—Después de tantos años como ayudante del Gran Canaria, ¿mantiene la ambición de convertirse algún día en primer entrenador?

—Si sigo en el club es porque siempre me he sentido muy valorado. Para mí es importante que llegue un entrenador, me explique su proyecto, confíe en mi trabajo y quiera contar conmigo. Necesito sentirme motivado. Después del descenso, cuando se produjo el cambio, que confiaran en que yo podía ayudar supuso una motivación muy importante. No me gustaba la idea de que el club hubiese descendido y marcharme si yo podía poner mi granito de arena para ayudar a devolverlo a la categoría en la que estaba. Mi papel también puede ser ese nexo: conocer el club, la casa y los jugadores y ayudar al entrenador a conseguir los objetivos. Eso es lo que me ha motivado a quedarme.

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Víctor García, durante un partido del Granca. / E. CASAS-ACB PHOTO

—Pero ¿se ve algún día dirigiendo su propio equipo?

—Sí. Mi personalidad y mi forma de ser son las de un primer entrenador porque me gusta tomar decisiones. Pero soy muy práctico. Creo que sería un mal ayudante si mientras estás trabajando como segundo estás pensando continuamente en ser primero. Si quieres ser primer entrenador en ese momento, tienes que irte a otro lugar y serlo. Las cosas llegan cuando tienen que llegar. Si el próximo verano aparece una situación, la estudiaré. Cada entrenador tiene su camino. Hay entrenadores que prácticamente nunca fueron ayudantes y otros que lo fueron durante muchos años.Tiene que aparecer un lugar en el que sientas que existe un proyecto serio y gente que realmente cree en ti. En la Isla tengo esa valoración y eso hace que esté motivado cada día. Si algún día aparece una opción que reúna esas condiciones, por supuesto que estaré encantado de asumir el reto.

—¿Qué le parece la apuesta por Bruno Savignani para afrontar un curso tan importante?

—Me parece una apuesta muy coherente y muy buena por parte del club. Se ha elegido a alguien que ha demostrado con solvencia estar preparado para asumir un objetivo como el que tiene el Gran Canaria este año. Conocer esta Liga es muy importante porque es una competición muy difícil y ese conocimiento te proporciona un plus. Y después, por el tiempo que llevo trabajando con él durante la pretemporada, me parece un entrenador trabajador, honesto y serio. Creo que el club cuenta con alguien preparado para asumir este reto y liderar al equipo hacia un objetivo muy exigente. Y entre todos, desde la presidencia, la dirección deportiva, el staff y los jugadores, tenemos que ayudarle.

—Y para terminar, Pedro Martínez. Fue quien le abrió las puertas del primer equipo y continúa siendo alguien muy cercano para usted. ¿Cómo ve su llegada a un lugar tan exigente y tan significado como el Real Madrid?

—He tenido muchísima suerte de coincidir con él. Yo considero que Pedro me enseñó a ser entrenador. Compartimos muchos años y mucho trabajo, y los valores que intenta inculcar a sus jugadores y a sus equipos forman parte de lo que yo quiero ser como entrenador cada día. Aunque hace muchos años que no trabajamos juntos, seguimos manteniendo una relación muy cercana y lo considero mi amigo. Siempre quiero que le vaya bien. Dice mucho de su personalidad aceptar un reto de tanta exigencia como el Madrid. Estaba cómodo, muy valorado y feliz donde estaba y, sin embargo, ha querido afrontar otro desafío y ponerse en un lugar en el que la presión es máxima. Eso habla de su valía personal y profesional y de esa voluntad permanente de mejorar. Primero intenta hacer mejores a sus jugadores y eso acaba haciéndolo también mejor entrenador. La exigencia será altísima. Pedro cree en un estilo y ahora tiene que conseguir imponerlo y hacerlo compatible con ganar. Yo creo que le irá bien porque sé cómo trabaja y, por supuesto, deseo que le vaya lo mejor posible.

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