TEXTO ALE LUIS ROLO
Cerrábamos el viernes con el análisis del rival, el de la AD Alcorcón de Julio Velázquez, conociendo más a fondo la ecuación que ningún equipo de la Liga 1|2|3 había podido resolver aún. Este martes, desgranaremos las variables que no solo utilizó Jose Luis Martí para dar con la solución sino, también, para extraer un mayor rédito a la capacidad individual y colectiva de sus jugadores.
El técnico balear presentó el pasado sábado un once atípico e inédito. Utilizó un nuevo sistema que, a priori, no levantó ninguna pasión, pero que, a medida transcurría el encuentro, iría ganándose la aprobación y la conformidad del respetado. Hablamos del 4-3-1-2, una disposición táctica que fue clave en la victoria y en el rendimiento de varios jugadores a tener en cuenta.
Martí colocó a Vitolo de pivote, entre la línea defensiva y los interiores Acosta y Aitor Sanz, liberándolo de realizar una mayor carga de trabajo en la presión y de tener la responsabilidad de generar fútbol. Se encargó de la parte sucia, de esa misión de la que él tanto domina. Cortó, robó e hizo de nexo entre la defensa y el centro del campo. Por delante, Aitor Sanz y Bryan Acosta. Dos jugadores que, en labores ofensivas, se incorporaban desde la segunda línea, mientras que, defensivamente, presionaban a los centrocampistas rivales para dificultar la circulación de la pelota y robar la posesión del esférico en campo contrario.
Juan Carlos se ubicó con total libertad por detrás de Longo y Malbašić, los dos hombres más adelantados. Como bien se ve en la imagen, su posición sería clave para formar triángulos entre sus compañeros de ataque, lo que ayudó a encontrar apoyos y líneas de pase, como si de un rondo se tratara. Ahí, Juan Carlos Real, disfruta y hace disfrutar. Sabe qué tiene que hacer y ejecuta su labor con la precisión que atesora. Los jugadores blanquiazules lo tenían claro: robo tras presión y transición ofensiva por el carril central. Tanto Juan Carlos como Malbašić lo entendieron perfectamente y generaron numerosas ventajas y superioridades numéricas. La aportación de Longo también fue vital. Sus desmarques crearon espacios que o bien fueron aprovechados por la segunda línea del cuadro insular, sobre todo por Acosta, o para quedarse solo ante Casto, como en el segundo tanto blanquiazul.
En la segunda mitad llegaron los cambios, pero el sistema seguía intacto. Se hacía raro no ver a ningún extremo, pero no era necesario, el experimento funcionaba. Los laterales alternaban su función de ataque y defensa, aunque Camille resultara más ofensivo que Cámara, hecho evidente. El trivote, que retrasó su posición debido ímpetu rival, siguió a lo suyo: aportando contención, presión y equilibrio. Arriba, Martí dio entrada a un Victor Casadesús que interpretó de maravilla su ejercicio y leyó de forma excelente lo que pedía el juego. La conexión Juan Carlos-Casadesús-Malbašić, que estaba en consonancia, aportó sus frutos: dos goles más al marcador.
Gracias a este sistema, en un encuentro cuyo desarrollo reflejó la misma superioridad que su conclusión, Martí dio con la solución a la infranqueable defensa alfarera y al ímpetu contraatacante del Alcorcón que no encontró a su ejecutor, a un habitualmente lúcido Errasti, que estuvo negado. Juan Carlos recibía entre líneas y con espacio para progresar a la espalda del mediocampo visitante, Acosta y Aitor hacían trabajar a los mediocampistas, y tanto Malbašić como Longo mantenían en vilo a línea defensiva. Así, el Tenerife no solo logró desnivelar el campo, sino, también, quebró un muro de barro con tantas sonrisas como goles.