Canarias ha sido durante décadas uno de los destinos más consolidados del turismo europeo. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio que sitúa a las islas de paraíso a lugar que no visitar en las vacaciones.
El aviso ha llegado especialmente desde el mercado británico, uno de los principales emisores de turistas hacia las islas. Por ejemplo, el diario Daily Express informa que Fodor, especialistas internacionales en guías de viaje, han incluido destinos como Lanzarote y Tenerife en listados de lugares cuya visita no se recomienda temporalmente debido a la presión turística y sus consecuencias sobre el territorio.
De paraíso a rechazo
Las guías y páginas de viajes insisten que no se trata de dejar de visitar Canarias de manera definitiva, como si fuera un boicot. Es más bien una advertencia sobre el impacto que el turismo está teniendo en determinados enclaves y plantear una pausa que permita aliviar la presión sobre el entorno y la población local.
El archipiélago se suma así a otros destinos europeos como Barcelona o Venecia, donde la saturación turística ha obligado a replantear el modelo y ha deteriorado su imagen internacional hasta el punto de que hay un concepto global para referirse a esta situación, overtourism.
Las protestas y el impacto ambiental
Entre los factores que explican este giro en la percepción exterior destacan las protestas que se han producido en las islas de manera individual y a nivel regional con lemas por delante como "Canarias tiene un límite".
Las movilizaciones han puesto el foco en el impacto del turismo, el encarecimiento del coste de vida y la transformación del territorio, así como la preocupación por la contaminación en el litoral.

Vertidos al mar
Esto último se posiciona como uno de los principales motivos que llevan a las guías a colocar a Canarias como un destino que dejar respirar. Informes recientes citados en estas guías internacionales advierten de vertidos diarios de aguas residuales al mar que alcanzan volúmenes muy elevados, lo que afecta directamente a la calidad de las aguas y a la imagen de las playas.
Este tipo de mensajes, amplificados por medios extranjeros, contribuyen a consolidar la idea de que el modelo turístico actual está generando tensiones que van más allá de lo económico, como resalta Fodor.
Récord de turistas
El cambio de percepción llega en un momento en el que Canarias sigue batiendo cifras históricas. En 2025 se superaron los 18,3 millones de turistas totales, lo que supuso el mayor récord de visitantes a las Islas, con más de 40.000 turistas adicionales al día en promedio.
El mercado británico ha tenido un papel muy relevante en este crecimiento, al ser de los principales emisores de turistas en el Archipiélago, lo que explica que sea desde este país desde donde sugren ahora algunas de las principales advertencias.
Además de que estos datos refuerzan también el argumento que exponen las guías: el incremento sostenido de visitantes está intensificando la presión sobre los recursos naturales, las infraestructuras y la vida cotidiana de los residentes.

Riesgo para el destino
Según los análisis que han comenzado a incluir Canarias en sus listados, el aumento de visitantes, la presión sobre el territorio y las tensiones medioambientales están poniendo en riesgo elementos clave de la vida local, desde la cultura hasta la cohesión comunitaria.
No se trata solo de un problema de capacidad, sino de modelo. La advertencia que llega desde fuera no cuestiona la importancia del turismo, pero sí alerta de sus efectos cuando el crecimiento no va acompañado de medidas de control y sostenibilidad.
Un punto de inflexión
La inclusión de Canarias en este tipo de recomendaciones marca un punto de inflexión en su posicionamiento internacional. El Archipiélago pasa de ser un destino atractivo a convertirse en un territorio bajo observación dentro del debate global sobre el turismo masivo.
Como las guías y los movimientos sociales han planteado, el reto ya no es atraer turistas, sino gestionar el crecimiento sin comprometer la sostenibilidad social y ambiental del destino. Porque, como demuestra la experiencia de otros enclaves europeos, el éxito turístico sin control puede acabar convirtiéndose en su principal problema.
