Canarias figura entre las regiones europeas con mayor presión turística por habitante. Un estudio elaborado por la New Economics Foundation (NEF) para a Federación Europea de Transportes y Medio Ambiente (F&E) sitúa al Archipiélago en el puesto 13 de 273 regiones europeas por llegadas de turistas extranjeros por residente, con 4,9 visitantes por cada habitante.
El dato coloca a las Islas por encima de otros territorios turísticos que también han vivido debates o protestas vinculadas al modelo turístico, como Madeira, con 3,9 llegadas por residente; Noord-Holland, donde se encuentra Ámsterdam, con 3,8; Véneto, con 2,7; el área metropolitana de Lisboa, con 2; o Cataluña, también con 2.
Cinco veces la media europea
La comparación con la media europea muestra la dimensión del dato. Según la tabla recogida en el informe, la media de los 27 países de la Unión Europea se sitúa en 0,9 llegadas de turistas extranjeros por residente, mientras que Canarias alcanza las 4,9. Es decir, el Archipiélago multiplica por más de cinco esa referencia.
Dentro de España, solo Baleares aparece por encima de Canarias entre las regiones seleccionadas en la tabla, con 9,2 llegadas por residente y el puesto 8 del ranking europeo. En cabeza figura Notio Aigaio, en Grecia, con 19 llegadas por habitante y el primer puesto de las 273 regiones analizadas.
Turismo y malestar social
La tabla del estudio incluye regiones europeas que han acogido protestas vinculadas al turismo en los últimos cinco años. En ese mapa aparece Canarias, donde el debate sobre el modelo turístico se ha intensificado por su impacto en la vivienda, el territorio, los servicios públicos y la calidad de vida de la población residente.
El informe no analiza al Archipiélago de forma aislada, pero sí lo sitúa dentro de un fenómeno más amplio: territorios donde el turismo internacional, impulsado en gran parte por la conectividad aérea, tiene un peso muy elevado frente a la población local.
La investigación señala que el aumento de llegadas puede generar actividad económica, pero también costes que no siempre se reparten de forma equilibrada entre visitantes, empresas y residentes.
El precio de la vivienda
La presión turística también conecta con uno de los grandes problemas de Canarias, el acceso a la vivienda. El estudio de NEF estima que, en España, el crecimiento del turismo aéreo internacional entre 2026 y 2031 podría estar asociado a una subida media de 3.500 euros en el precio de la vivienda y de 217 euros anuales en el alquiler medio por hogar.
La advertencia no aparece aislada. El Banco de España también ha señalado en su Informe Anual 2025 que las viviendas de uso turístico y las propiedades en manos de extranjeros no residentes reducen la oferta disponible para vivir en zonas con fuerte demanda residencial. En conjunto, ambos usos alcanzan cerca de 900.000 viviendas en España, el 3,3% del parque total.
Las islas, entre las zonas más expuestas
El propio Banco de España apunta que este fenómeno tiene especial peso en las islas y la costa mediterránea. En Canarias, el informe sitúa el peso de las viviendas turísticas y de no residentes en el 7,4% del parque residencial de Las Palmas y en el 9,1% de Santa Cruz de Tenerife, por encima de la media estatal.
Además, el organismo recuerda que las compras de vivienda por parte de no residentes tienen más relevancia en zonas turísticas. En 2025 supusieron el 20,3% de las compraventas en Santa Cruz de Tenerife y el 14,9% en Las Palmas, frente al 7,4% del conjunto de España.
Una presión desigual
El dato europeo ayuda a entender por qué el debate turístico se ha intensificado en Canarias. Las Islas reciben 4,9 turistas extranjeros por residente, más de cinco veces la media europea, y el Banco de España sitúa además al Archipiélago entre los territorios donde el uso turístico y no residencial de la vivienda tiene más peso.
La lectura no implica que el turismo explique por sí solo la crisis habitacional, pero sí refuerza la idea de que en territorios con mucha demanda turística y poca vivienda disponible, el crecimiento de visitantes puede actuar como un factor añadido de presión sobre el mercado residencial.
