El 20 de abril de 2024 marcó un punto de inflexión en Canarias. Miles de personas salieron a la calle bajo la misma consigna de Canarias tiene un límite y lograron algo que no siempre ocurre: colocar en el centro del debate político y social un modelo de desarrollo que llevaba años generando malestar.
Pero lo cierto es que, dos años después, aquella jornada mítica casi no se recuerda en el día a día.
Dos años después del 20A
Aquel 20A abrió una conversación que ya prácticamente nadie discute y que gira en torno a la presión turística, el acceso a la vivienda, la saturación del territorio y la calidad del empleo, temas que dejaron de ser asuntos aislados para convertirse en un problema de modelo, estructural y profundo.
A partir de esa fecha, administraciones y partidos políticos han incluido en sus agendas con mayor fuerza la sostenibilidad, límites y derechos, pero los cambios tangibles, dos años después, han avanzado despacio.
La realidad apenas ha cambiado
Concretamente se han impulsado leyes, revisiones normativas y medidas que, sobre el papel, buscan corregir excesos del modelo turístico, desde el alquiler vacacional hasta las condiciones laborales en el sector alojativo.
Sin embargo, para buena parte de la población, la realidad cotidiana apenas ha variado: el alquiler sigue disparado, la presión turística se nota en las islas más tensionadas y la sensación de que “todo sigue igual” se extiende entre muchos de esos miles de manifestantes de 2024.
Las Kellys
Los movimientos que dieron vida al 20A tampoco han desaparecido y continúan haciéndose oír, pasando de la calle al seguimiento de políticas, a las alegaciones, a las reuniones y a esa presión constante que sostiene parte de los avances.
Es en ese terreno, el de la lucha larga y silenciosa, donde se sitúa el colectivo de las camareras de pisos de los alojamientos hoteleros, más conocidas como Las Kellys.
Todavía mucho por hacer
En aquella manifestación de Canarias tiene un límite, las camareras de piso acudieron con su propio manifiesto, conectando la defensa del territorio con la de sus cuerpos, castigados por años de sobrecarga y precariedad.
Su balance, dos años después, es duro. “No ha cambiado nada, a excepción de lo que acabamos de conseguir ahora”, resume Mónica González, presidenta de Kellys Tenerife, en declaraciones a Atlántico Hoy.
Cambio en la ley de Turismo
Ese “ahora” tiene nombre y fecha. El Parlamento de Canarias ha aprobado recientemente la reforma de la Ley de Ordenación del Turismo que obliga a los alojamientos turísticos a implantar camas elevables mecánicas y carros motorizados antes de 2033, además de retirar los nórdicos, esas fundas pesadas que se convierten en una prueba diaria para la espalda de las trabajadoras.
Se trata de una reivindicación histórica del colectivo, largamente postergada y ya vigente en otros destinos turísticos como Baleares.
Hasta 2033
La norma fija un calendario progresivo: los hoteles deberán ir incrementando el porcentaje de camas elevables hasta llegar al 100% antes de 2033, con objetivos intermedios y algunas excepciones para establecimientos pequeños o en espacios protegidos.
Para las Kellys, sin embargo, el logro no se mide solo en porcentajes, sino en lo que aún no recoge ninguna ley y es la adecuación real de la carga de trabajo.
El trabajo de 3 por el sueldo de 1
Porque, mientras se habla de camas más seguras, en los pasillos de los hoteles las cuentas no salen. “Llevamos mucho tiempo haciendo el trabajo de dos y hasta de tres camareras”, denuncia González, que recuerda que, al final de mes, el sueldo sigue siendo “el de una sola”, aunque el cuerpo diga lo contrario.
Entre habitaciones, pasillos y carros cargados, muchas trabajadoras siguen debatiéndose entre pagar el alquiler o llenar la nevera, renunciar al coche porque ya no pueden mantenerlo y vivir con el miedo constante a enfermar o lesionarse, según las palabras de la presidenta del colectivo.
Advierten de otros riesgos
Además y en relación a lo logrado, Mónica González advierte del riesgo de que la patronal convierta este avance en una excusa para exprimir más.
“Ahora que tenemos camas elevables, ya hablan de más rendimiento”, apunta. La preocupación del colectivo es que, donde debería haber alivio físico y más contrataciones, acabe habiendo más habitaciones por camarera, más presión y la misma precariedad, solo que con camas que suben y bajan.
“Paz social”
A esta presión se suma otra, más silenciosa, y que nace de la negociación sindical. Explica González que tras la huelga de Semana Santa 2025, se firmó un acuerdo de “paz social” entre el sindicato mayoritario y la patronal hotelera, que limita la capacidad de movilización hasta 2028.
En la práctica, las trabajadoras sienten que se les pide ir a la huelga para presionar y luego se les recuerda, a puerta cerrada, que “van a perder dinero” si lo hacen. La palabra miedo aparece de nuevo y se traduce en miedo a señalarse, a perder el empleo, a quedarse sin contrato en una industria que mueve millones, pero que no siempre protege a quienes la sostienen.
Un límite que sigue ahí
El cambio sobre el papel es innegable si tenemos en cuenta la nueva ley turística, la obligación de camas elevables y carros motorizados y el reconocimiento explícito de la penosidad del trabajo de las camareras de piso. Todo eso habría sido impensable sin años de lucha y sin un clima social como el que detonó el 20A, tal y como destaca la representante del colectivo.
Las Kellys reclaman que la implantación de estas medidas vaya de la mano de una bajada real de la carga de trabajo y de más contrataciones, para que la salud de las trabajadoras no se siga sacrificando al ritmo de la ocupación hotelera. Piden que la ley no se quede en un catálogo de buenas intenciones mientras en los hoteles se interpreta como una oportunidad para exigir más por menos.
Cambio en los discursos
Dos años después del 20A, el archipiélago sigue debatiendo los límites del territorio, los del precio de la vivienda, los del turismo que lo ocupa casi todo, los del cuerpo de las trabajadoras que hacen posible ese modelo.
El diagnóstico está asumido, los discursos han cambiado y algunas victorias, como la de las Kellys, empiezan a tomar forma en leyes y calendarios, pero no es suficiente.