Loading...
Crucero en el Puerto de Las Palmas. / AH

¿Cuántos cruceristas son demasiados? Las Palmas y Santa Cruz reciben 2,4 millones y concentran más de un tercio del total de España

Las dos capitales canarias refuerzan su liderazgo en el mapa nacional de los cruceros con más de 2,3 millones de pasajeros en seis meses, un volumen que reabre el debate entre el impacto económico y la presión sobre los servicios públicos y el territorio

Las cifras vuelven a colocar a Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife en el centro del mapa español de los cruceros. Entre ambas capitales recibieron durante el primer semestre del año más de 2,3 millones de pasajeros —en el entorno de los 2,4 millones—, un volumen que supone más de uno de cada tres cruceristas que llegaron a España y que confirma el extraordinario peso que tiene Canarias dentro de esta industria.

Los datos publicados por Puertos del Estado reflejan que el Puerto de Las Palmas alcanzó los 1.300.770 cruceristas, un 9,6% más que en el mismo periodo del año anterior. Por su parte, el Puerto de Santa Cruz de Tenerife contabilizó 1.000.417 pasajeros, con un crecimiento del 10,2%. En conjunto, ambas instalaciones superan ampliamente los 2,3 millones de viajeros, mientras que el tráfico nacional avanzó un 1,8%, lo que evidencia que Canarias crece muy por encima de la media española.

Estadísticas nacionales

Estas cifras contrastan con la evolución del conjunto del país. España recibió 6,38 millones de cruceristas entre enero y junio, apenas un 1,8% más que un año antes, muy lejos del crecimiento del 18,1% registrado durante el primer semestre de 2025. El sector sigue creciendo, pero lo hace ya en una fase mucho más moderada, una señal de que el mercado entra en un escenario de mayor estabilidad tras la fuerte recuperación posterior a la pandemia.

Mientras algunos destinos tradicionales empiezan a poner límites al turismo de cruceros, Canarias mantiene una estrategia orientada a consolidar este segmento como uno de los motores de su economía. Baleares, por ejemplo, perdió un 18,3% de pasajeros y redujo un 11,6% el número de escalas en un contexto marcado por las restricciones al tráfico marítimo y el debate social sobre la saturación turística en Palma.

Terminal de cruceros en el Puerto de Las Palmas. / AH

Debate 

El dato trasciende el ámbito portuario. Habla de la posición estratégica que han consolidado las dos capitales canarias en las rutas internacionales del Atlántico y de su capacidad para atraer a las principales navieras del mundo. Pocos territorios concentran un peso semejante dentro del mercado español de cruceros.

Pero esa fortaleza económica convive desde hace años con un debate cada vez más intenso. El aumento constante del número de escalas y pasajeros ha reabierto la discusión sobre cuál es la capacidad real de las ciudades para absorber estos flujos sin deteriorar la calidad de vida de sus residentes.

Presión en los servicios

Uno de los ejemplos más visibles se produce cada vez que coinciden varios buques en el puerto. La ausencia de taxis en las calles de las capitales —con unidades en busca de clientes en las dársenas de cruceros—, las retenciones en los accesos a las terminales o la elevada concentración de visitantes en determinadas zonas comerciales y turísticas se han convertido en escenas habituales tanto en Las Palmas de Gran Canaria como en Santa Cruz de Tenerife durante los días de mayor actividad.

A ello se suma un debate más amplio sobre la presión que el turismo ejerce sobre el territorio, especialmente en un archipiélago con recursos limitados y donde la gestión del crecimiento turístico ocupa desde hace meses una parte importante de la agenda política y social. El incremento de cruceristas se interpreta de forma muy distinta según el prisma desde el que se observe.

Porque, al mismo tiempo, el sector recuerda que cada escala supone actividad para el comercio, la restauración, el transporte, las excursiones organizadas y numerosos servicios vinculados al turismo. Los cruceros generan empleo directo e indirecto, alimentan la economía local y consolidan a las dos capitales como puertas de entrada al Archipiélago para cientos de miles de visitantes cada temporada.

Barcelona y Baleares

El debate no es exclusivo de Canarias. Barcelona, el principal puerto de cruceros de Europa, ha decidido limitar su capacidad reduciendo el número de terminales y concentrando toda la actividad en el muelle Adossat para alejar las emisiones del centro urbano y contener el crecimiento del tráfico. Además, el Ayuntamiento ha impulsado un incremento de la fiscalidad sobre determinados cruceros de escala y prioriza aquellos pasajeros que inician o terminan allí su viaje por el mayor impacto económico que generan.

Palma también ha optado por un modelo de gestión más restrictivo mediante un acuerdo entre las administraciones y las navieras para ordenar la llegada de buques, reducir las emisiones, distribuir mejor los flujos de visitantes y compatibilizar la actividad económica con la calidad de vida de los residentes. Frente a esas estrategias, el debate en Canarias continúa centrado, sobre todo, en cómo absorber un volumen creciente de pasajeros sin que la movilidad, el transporte, los espacios urbanos o los servicios públicos de las dos capitales acaben soportando una presión difícil de gestionar.

El crucero 'Hondius' zarpando hacia Países Bajos desde Tenerife./ RTVC

Crisis del 'Hondius'

La pregunta, por tanto, ya no es únicamente cuántos cruceristas llegan a Canarias, sino cómo gestionar un liderazgo que sitúa a Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife entre los grandes polos del turismo de cruceros en España. Los datos confirman su fortaleza, pero también obligan a afrontar los retos que acompañan a ese crecimiento. El episodio del Hondius demostró que el debate trasciende la economía.

La reacción que provocó la posibilidad de que Canarias acogiera el desembarco de los pasajeros de ese buque, en una operación excepcional impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), evidenció que el consenso cambia cuando un crucero deja de representar actividad económica para convertirse en un desafío sanitario o logístico. Esa aparente contradicción acompaña hoy al sector: el Archipiélago aspira a reforzar su posición como uno de los grandes destinos de cruceros de Europa, mientras la sociedad discute hasta dónde está dispuesta a asumir las consecuencias de ese liderazgo.

Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora