La capacidad de Canarias para consolidar su crecimiento económico depende cada vez más de un factor que tradicionalmente se ha considerado ajeno a la planificación económica: el acceso a la vivienda.
Es lo que revela un informe de Keller Williams España-Andorra, que advierte de que la disponibilidad de una oferta residencial suficiente y asequible empieza a ser determinante para atraer y retener a los profesionales que necesitan las empresas y los servicios públicos del archipiélago. La vivienda deja así de ser exclusivamente una cuestión inmobiliaria o social para convertirse en un elemento estratégico de competitividad.
El coste de la vivienda en Canarias
Según el análisis elaborado por la compañía a partir de datos de Idealista de junio de 2026, comprar una vivienda tipo de 80 metros cuadrados cuesta una media de 263.760 euros en Canarias. En el conjunto de España, una vivienda equivalente se sitúa en 225.840 euros.
La diferencia también se observa en el mercado del alquiler. Arrendar una vivienda de esas características supone aproximadamente 1.272 euros mensuales en Canarias, frente a los 1.224 euros de media nacional. De acuerdo con Keller Williams, los precios de compra y alquiler manejados por la compañía se encuentran, respectivamente, un 70% y un 60% por encima de los niveles registrados hace cinco años.
Estas cifras son un 70% y un 60% por encima respectivamente de los precios que manejaba la compañía Keller Williams España-Andorra hace tan solo cinco años.
Un destino menos competitivo
Cuando el coste residencial no guarda relación con los salarios o la oferta disponible resulta insuficiente, disminuye la capacidad de los trabajadores para trasladarse allí donde se crean nuevas oportunidades laborales. También aumenta la dificultad de las empresas para cubrir vacantes, formar equipos estables y desarrollar nuevos proyectos.
“Durante muchos años la capacidad de un territorio para crecer se medía por factores como sus infraestructuras, la conectividad o la atracción de inversiones. Hoy la disponibilidad de vivienda empieza a desempeñar un papel igual de importante”, explica Leonardo Cromstedt, CEO de Keller Williams España-Andorra.
Dificultad para incorporar profesionales
La presión residencial afecta especialmente a las actividades que requieren trabajo presencial. Profesionales sanitarios, docentes, trabajadores del comercio, técnicos, especialistas tecnológicos o empleados trasladados por nuevas empresas necesitan encontrar una vivienda adecuada y económicamente compatible con sus condiciones laborales.
La falta de esa oferta puede reducir la movilidad laboral, prolongar los procesos de selección y dificultar la permanencia de los trabajadores en las islas. En último término, una empresa puede disponer de demanda, financiación y oportunidades de crecimiento, pero encontrar problemas para materializar sus proyectos si no consigue incorporar a las personas necesarias.
Desequilibrio
Para Keller Williams, el desafío no procede del crecimiento económico en sí mismo, sino del desequilibrio que puede producirse cuando la actividad y el empleo avanzan más rápidamente que la oferta residencial.
“No estamos ante una consecuencia negativa del crecimiento, sino ante uno de los retos que genera ese propio éxito. Canarias continúa creando empleo, atrayendo empresas y nuevos proyectos económicos. Precisamente por eso necesita disponer de un parque residencial capaz de absorber esa demanda”, señala Cromstedt.
La vivienda como infraestructura económica
La compañía considera que la vivienda debe incorporarse a la planificación del desarrollo económico de Canarias. Del mismo modo que la apertura de empresas depende de las comunicaciones, la energía, el transporte o la conectividad digital, también depende de que los trabajadores puedan residir a una distancia razonable de sus puestos de trabajo.
Esta consideración resulta especialmente relevante en un territorio insular, donde la vivienda disponible en una isla o municipio no siempre puede responder a las necesidades laborales surgidas en otro. El problema no se limita, por tanto, al número total de viviendas: también afecta a su localización, precio, estabilidad y adecuación a las necesidades de los trabajadores.
“Del mismo modo que un territorio necesita carreteras, puertos, aeropuertos, redes energéticas o infraestructuras digitales para seguir creciendo, también necesita un mercado residencial capaz de responder al incremento de población y actividad económica. La vivienda debe formar parte de la planificación del crecimiento”, concluye Cromstedt.
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