La mala fama de un barrio - relacionada con los prejuicios, en muchas ocasiones, o por las incomodidades que afectan a los vecinos - no siempre se traduce en alquileres más baratos. En Las Palmas de Gran Canaria hay zonas que aparecen señaladas por los jóvenes con una imagen negativa y que, aun así, mantienen precios altos o muy altos en el mercado de la vivienda. Es lo que ocurre en áreas como La Isleta, Guanarteme o Santa Catalina-Canteras, donde la presión turística y residencial pesa más que la percepción local.
Así lo recoge un estudio elaborado por los geógrafos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Víctor Jiménez Barrado, Juan Manuel Parreño Castellano, Claudio Jesús Moreno Medina y Teresa Castro Hernández, bajo el título Zonas estigmatizadas y evolución del precio de la vivienda en Las Palmas de Gran Canaria.
Qué barrios son
Para realizar el estudio, los autores partieron de una encuesta hecha durante el curso 2020-2021 a estudiantes de 4º de ESO de Las Palmas de Gran Canaria. A partir de esas respuestas, localizaron los barrios que los jóvenes asociaban con una imagen más negativa. Después, compararon esa información con los precios medios del alquiler de 2023 recogidos por el Sistema Estatal de Referencia del Precio del Alquiler de Vivienda.
La investigación detecta 38 barrios con algún tipo de estigma, aunque la mayor parte de las respuestas se concentra en 14: Jinámar, La Isleta, Las Rehoyas —especialmente El Polvorín—, La Feria, Zárate, San Cristóbal, Vega de San José, Schamann, Tamaraceite, Las Chumberas, Don Zoilo, San Antonio, Santa Catalina-Canteras y Guanarteme.
No todos son iguales
El trabajo deja claro que no todos los barrios cargan con el mismo tipo de estigma. En algunos casos, la percepción negativa está relacionada con deterioro urbano, falta de servicios, baja renta, desempleo, inseguridad o problemas de limpieza y transporte público. Es lo que ocurre en zonas históricamente más vulnerables, muchas de ellas vinculadas a vivienda pública o autoconstruida.
En barrios como Las Rehoyas, Jinámar o Schamann, los precios del alquiler son más bajos que en otras zonas de la ciudad, o incluso hay áreas sin datos porque apenas existe oferta.
Los autores apuntan que esa falta de vivienda en alquiler puede explicarse por varias razones: desde la escasez general del mercado hasta el menor interés por vivir en esas áreas o la existencia de alquileres más informales, ligados a redes familiares y vecinales.
Cuando el turismo pesa más
Pero el caso de La Isleta, Guanarteme y Santa Catalina-Canteras es diferente. En estas zonas, la imagen negativa no responde necesariamente a pobreza o abandono, sino a los efectos de la turistificación y de la presión sobre la vida cotidiana: más tráfico, más ruido, más saturación y una sensación de pérdida del barrio para sus residentes.
La paradoja es que esos mismos factores que generan rechazo entre parte de la población local son también los que hacen que el alquiler siga subiendo. La cercanía al mar, el atractivo turístico y la llegada de población con mayor capacidad adquisitiva empujan los precios al alza. Por eso, según el estudio, la mala fama no actúa como freno cuando la demanda externa sostiene el mercado.
La Isleta es uno de los ejemplos más claros de esa doble realidad. El estudio señala que la zona central y Las Coloradas presentan algunos de los precios más bajos del alquiler, mientras que los bordes próximos a Santa Catalina-Canteras registran algunos de los valores más elevados de la ciudad.
Guanarteme y Santa Catalina
Algo parecido ocurre en Guanarteme y Santa Catalina-Canteras, barrios tradicionalmente valorados y ahora muy tensionados por el turismo, el ocio y la demanda residencial. Aunque aparecen entre las zonas con percepciones negativas por parte de los jóvenes, el mercado no parece verse afectado en sentido descendente.
Los autores explican que, en estos casos, el rechazo juvenil refleja más bien una transformación del barrio. Espacios que antes podían ser percibidos de forma neutra o positiva pasan a generar incomodidad por los cambios asociados al turismo y a la presión inmobiliaria. Sin embargo, esa mirada local no impide que sigan siendo zonas caras para alquilar.
La mala fama y la desigualdad
El estudio también advierte que las percepciones negativas no siempre nacen de experiencias directas. Muchas veces se construyen a través de discursos familiares, comentarios del entorno, medios de comunicación o redes sociales. Así, una parte concreta de un barrio puede acabar marcando la imagen de todo el conjunto.
En los barrios más vulnerables, esa mala fama puede tener consecuencias importantes. Puede reforzar el aislamiento, reducir el atractivo del lugar y alimentar un círculo en el que la desigualdad y el estigma se retroalimentan. Según los autores, en esas zonas las miradas negativas pueden contribuir a consolidar dinámicas de exclusión.
La reputación y el alquiler
La principal conclusión del trabajo es que no existe una relación automática entre estigma y alquiler barato. Todo depende de las causas que están detrás de esa mala imagen. Cuando el estigma se asocia a vulnerabilidad social o deterioro urbano, puede coincidir con precios más bajos. Pero cuando está relacionado con la turistificación, puede convivir perfectamente con alquileres altos.
En definitiva, el estudio de la ULPGC muestra que la vivienda en Las Palmas de Gran Canaria no se explica solo por metros cuadrados, ubicación o demanda. También influyen las percepciones, las etiquetas y la forma en que se habla de cada barrio. Pero en zonas como La Isleta, Guanarteme o Santa Catalina-Canteras, el mercado parece tenerlo claro: ni la "mala fama" del barrio baja el precio del alquiler.
