Los canarios son unos derrochadores y la culpa no es del todo de ellos. La escasa educación financiera sigue siendo uno de los principales factores que explican las dificultades económicas que muchas familias canarias atraviesan cada año tras las fiestas navideñas.
Así lo advierte Juan José Hernández, secretario técnico del Colegio de Economistas de Santa Cruz de Tenerife, quien alerta de que la llamada cuesta de enero no es un fenómeno puntual, sino el síntoma de una mala planificación financiera que se va alargando durante todo el año al cometer siempre los mismos errores.
Vivir por encima de las capacidades
Según Hernández, muchas personas llegan a enero sin un presupuesto claro y con compromisos de gasto, es decir, pagos que tienen que hacer, que superan su capacidad real de ingresos.
“No amoldamos nuestro perfil de consumo a nuestra realidad económica, sino a la moda, a la publicidad o a lo que la sociedad nos exige”, explica. Esta desconexión entre ingresos y consumo acaba obligando a recurrir a la financiación que, en muchos casos, no se termina de entender muy bien cómo funciona o lo que supone.
Términos financieros que no se entienden
Uno de los principales problemas, señala el experto, es el uso generalizado de tarjetas de crédito y productos financieros complejos, cuyos costes reales pasan desapercibidos para el consumidor a simple vista. “La gente no es consciente de que no solo compra un bien, sino también una financiación con intereses. Un móvil de 1.500 euros puede acabar costando más de 2.000”, afirma.
La falta de conocimiento sobre conceptos básicos como la TAE o los intereses compuestos provoca que pequeñas decisiones acumuladas terminen colapsando la economía doméstica, según el economista.
Una bola de deuda
Este escenario se agrava después la Navidad, cuando el cargo de los gastos aplazados coincide con un inicio de año en el que no se ha tenido en cuenta un margen financiero. Lo que viene siendo guardar un colchoncito.
Sin un presupuesto con el que afrontar los cobros de enero, la situación que se da es frecuente, según Hernández: tarjetas que se cargan en enero, cuentas en descubierto, penalizaciones bancarias y una bola de deuda que crece mes a mes. “A partir de ahí, se entra en una espiral que puede acabar en procedimientos judiciales, embargos o incluso la pérdida de la vivienda”, advierte.
Afecta a todas las edades
El ecnomista expone que el problema es estructural y afecta a todas las edades, aunque resulta preocupante en especial entre los jóvenes. Tras participar en programas de educación financiera en institutos de Canarias, Hernández asegura haber detectado “un desconocimiento impresionante” entre futuros consumidores.
“No saben calcular el coste real de una financiación ni identificar si un producto les conviene o no”, señala, añadiendo que el nivel de educación financiera en Canarias es incluso inferior al promedio nacional, que de por sí es uno de los más bajos de Europa.
Prácticas abusivas de las financieras
A esta carencia formativa se suma, en muchos casos, la falta de transparencia y el oportunismo de determinadas entidades financieras, que ofrecen productos inadecuados para el perfil del cliente.
“Una persona con ingresos mínimos no debería tener acceso a créditos elevados o tarjetas revolving. Es una locura”, afirma el experto, recordando que la normativa europea obliga a evaluar si el producto es adecuado o no para el cliente, algo que no siempre se cumple.
Más educación y control
Ante este panorama, para Hernández, la solución pasa por poner el foco en los dos grandes problemas. Por un lado, ofrecer más educación financiera desde edades tempranas y, además, mayor control sobre el mercado financiero.
“No solo hablamos de préstamos o tarjetas, sino también de inversiones, criptomonedas y falsas promesas de alta rentabilidad que esconden estafas”, explica. En este sentido, menciona el Caso Tradex como ejemplo de estafa.
En su experiencia profesional, las consecuencias de estas decisiones mal informadas son graves y duraderas: “Salir de un problema económico es muy complicado cuando ya afecta a tu casa, a tu trabajo o a tu familia”.
"De cuesta en cuesta"
Es así como la cuesta de enero deja de ser un momento aislado del año para descubrir que es solo un escalón de constantes dificultades marcadas por las decisiones financieras, todo ello desde el desconocimiento.
“Vamos de cuesta en cuesta: enero, carnavales, Semana Santa, verano… y al final el barco se hunde”, concluye Hernández. Una realidad que, a su juicio, solo podrá revertirse con formación, planificación y consumo responsable.