Compartir piso ya no es una opción temporal ni una etapa de transición para muchos canarios. Al cierre de 2025, el precio medio de una habitación en Canarias se sitúa en 452 euros mensuales, una cifra que confirma una tendencia al alza sostenida y que consolida este modelo habitacional como una salida casi obligada ante la falta de acceso a una vivienda completa.
Los datos proceden del informe Viviendas compartidas en España en 2025, elaborado por Fotocasa, que analiza la evolución del alquiler de habitaciones en la última década.
Subida acumulada
El incremento interanual en Canarias ha sido del 2,9%, pero el dato adquiere otra dimensión cuando se observa a largo plazo. En comparación con hace cinco años, el precio de una habitación es hoy un 48% más caro, y si se retrocede una década, el aumento alcanza el 63%.
Esta evolución coloca al Archipiélago en una situación de tensión estructural, donde compartir vivienda ha dejado de ser una elección vinculada a la juventud o a la movilidad laboral y se ha convertido en una respuesta forzada al encarecimiento del mercado residencial.
Capitales canarias
El informe refleja diferencias claras entre las dos capitales del Archipiélago. En Santa Cruz de Tenerife, el precio medio de una habitación alcanza los 504 euros mensuales, mientras que en Las Palmas de Gran Canaria se sitúa en 437 euros al mes.
En ambos casos, las cifras evidencian la presión del mercado urbano, donde la demanda supera ampliamente a la oferta y el alquiler por habitaciones se consolida como alternativa mayoritaria.
Contexto nacional
A nivel estatal, el precio medio de una habitación en España se sitúa en 521 euros mensuales, lo que supone un 62% más que en 2020 y un 97% más que en 2015. Aunque en 2025 el incremento respecto al año anterior ha sido prácticamente plano (+0,1%), el precio actual es el más alto registrado en los últimos diez años.
Esta aparente estabilidad, según los expertos, no responde a una relajación del mercado, sino a un ajuste previo muy intenso que ha llevado los precios a un techo difícil de superar, pero también difícil de bajar.
Análisis experto
La directora de Estudios de Fotocasa, María Matos, explica que la evolución de 2025 debe interpretarse con cautela. A su juicio, la falta de grandes subidas no implica una mejora real de la accesibilidad.
Al contrario, los precios se mantienen en máximos históricos, consolidando el alquiler de habitaciones como una “solución forzada” para miles de personas que no pueden asumir el coste de un piso completo, especialmente en grandes ciudades y territorios tensionados como Canarias.
Comparativa autonómica
En el ranking por comunidades autónomas, Canarias se sitúa en una posición intermedia-alta en cuanto al incremento anual del precio del alquiler de habitaciones. Por delante se encuentran regiones como Castilla-La Mancha (+12,5%), Cantabria (+8,2%) o Extremadura (+8%).
Tras Canarias (+2,9 %), aparecen comunidades como Navarra, Asturias o La Rioja, mientras que Andalucía es la única región donde el precio anual ha descendido, con una bajada del 3%.
Las más caras
En términos absolutos, hay cuatro comunidades que superan con holgura la barrera de los 500 euros mensuales por habitación. Cataluña lidera la lista con 638 euros, seguida de Madrid (608 euros), Baleares (580 euros) y País Vasco (580 euros).
Aunque Canarias no alcanza esos niveles, la evolución sostenida y el contexto insular hacen que el esfuerzo económico sea especialmente significativo para la población local, con salarios más bajos y menor disponibilidad de vivienda.
Un modelo que se cronifica
El informe de Fotocasa confirma una realidad cada vez más evidente: compartir vivienda ya no es una elección coyuntural, sino una situación estructural para amplias capas de la población. En Canarias, el encarecimiento acumulado del alquiler de habitaciones refleja no solo un problema de precios, sino también de acceso y disponibilidad de vivienda.
Mientras no se amplíe la oferta residencial ni se contengan los precios, el alquiler por habitaciones seguirá siendo, para muchos canarios, la única puerta de entrada posible al mercado de la vivienda.
