El movimiento ha sido rápido y contundente. Japón, durante décadas el gran proveedor de dinero barato del sistema financiero mundial, está cambiando las reglas del juego. Y ese giro ya empieza a generar inquietud en los mercados internacionales.
Los bonos del Estado japonés han alcanzado niveles de rentabilidad inéditos en la era moderna, con el título a 30 años cerca del 4% y el de 10 años por encima del 2,3%. Para los inversores, la señal es inequívoca: prestar dinero desde Japón ya no es casi gratis.
Ese detalle técnico tiene una consecuencia directa. Durante años, el capital japonés ha sostenido deuda pública, mercados inmobiliarios e inversión privada en todo el mundo. Ahora, con rendimientos más atractivos en casa, el dinero empieza a regresar, reduciendo la liquidez global y elevando el coste de la financiación internacional.
En ese nuevo escenario, las economías más dependientes del capital externo, como Canarias, figuran entre las más expuestas a los efectos del cambio de ciclo.
Crédito más caro
Cuando la liquidez global se reduce, el primer impacto se nota en el crédito. Canarias podría enfrentarse a financiación más cara y más selectiva, tanto para administraciones públicas como para empresas.
Proyectos ligados a infraestructuras, vivienda, energía o grandes desarrollos turísticos podrían avanzar con mayor cautela. El dinero seguirá existiendo, pero ya no fluirá con la facilidad de los últimos años, lo que obliga a replantear prioridades y calendarios.
¿Riesgo de enfriamiento del gasto?
El turismo canario depende en gran medida de la salud económica de Europa. Un contexto de tipos más altos y crédito más caro tiende a reducir el gasto disponible de las familias, especialmente en viajes y ocio.
El impacto no sería inmediato ni uniforme, pero sí podría traducirse en menor dinamismo del consumo turístico, sobre todo en temporadas medias y en segmentos sensibles al precio.
Vivienda e inversión
El mercado inmobiliario ha sido uno de los grandes beneficiarios del exceso de liquidez global. En Canarias, la inversión extranjera ha actuado como motor en los últimos años.
El nuevo escenario apunta a un ajuste progresivo, con menos operaciones de inversión, mayor prudencia bancaria y un ritmo más lento en nuevas promociones. No se trata de una crisis, sino de un cambio de tendencia que puede marcar el medio plazo.
Lo que está ocurriendo en Japón no es un episodio lejano ni ajeno. Es la señal de que la era del dinero abundante y barato toca a su fin. Para Canarias, el reto será adaptarse a un mundo donde el crédito cuesta más, la inversión es más exigente y cada decisión económica pesa el doble.
