El sector de la fruta tropical en Canarias, que surgió como la gran esperanza tras el declive de cultivos históricos, observa con enorme preocupación las noticias que llegan desde Bruselas. La inminente firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia) amenaza la línea de flotación de su cultivo con mayor músculo exportador: la papaya.
Francisco Echandi, presidente de la Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas Tropicales y Subtropicales de Canarias (Tropican), advierte que el tratado podría suponer un golpe definitivo para una agricultura que ya se siente "herida de muerte".
Según los datos manejados por la asociación, el impacto no se sentiría tanto en el consumo local, sino en el mercado exterior, vital para la supervivencia del subsector. De los aproximadamente 20 millones de kilos de papaya que se producen en el Archipiélago, cerca del 70% se destina a la exportación hacia la Península y el resto de Europa.
Es en esos lineales, en supermercados de Alemania o Francia, donde el producto canario tendrá que competir en desventaja directa contra la fruta procedente de Brasil, uno de los mayores exportadores mundiales.
Desventaja en el lineal europeo
La principal denuncia de Tropican no se centra exclusivamente en los aranceles, sino en lo que consideran una competencia desleal normativa. Echandi explica que la papaya canaria llega al mercado europeo "con una mano atada a la espalda" debido a la estricta regulación de la UE sobre productos fitosanitarios.
Mientras que en Canarias no existen materias activas autorizadas para combatir determinadas plagas, los productores brasileños sí tienen libertad para usar químicos que eliminan cualquier amenaza para el cultivo.
Esta diferencia tiene una traducción económica inmediata en el punto de venta. La plaga, al no poder ser erradicada en las islas por falta de productos legales, daña la epidermis de la fruta. Esto obliga al agricultor canario a destinar hasta un 35% de su cosecha a "segunda categoría" por defectos estéticos, perdiendo valor comercial.
Por el contrario, la papaya brasileña, tratada con productos prohibidos en Europa, llega con una apariencia impecable y visualmente más atractiva para el consumidor, desplazando a la oferta de las Regiones Ultraperiféricas (RUP).
El fantasma del tomate
El temor del sector es que se repita la historia vivida con el tomate de exportación. Echandi recuerda que los cultivos tropicales nacieron como una alternativa para acondicionar las fincas que el tomate dejó atrás. Hace dos décadas, Canarias exportaba 400 millones de kilos de tomate; hoy, esa cifra es residual, y el relevo lo han tomado los tropicales con apenas 25 millones de kilos.
Desde Tropican lamentan que se firmen acuerdos que ignoran la realidad de los costes de producción europeos, las exigencias laborales y la carga burocrática que soportan las explotaciones locales frente a sus competidores sudamericanos.
El 'escudo' de 1987
A pesar de la amenaza comercial en el continente, el mercado interior de Canarias cuenta con una protección específica. Echandi matiza que la entrada masiva de fruta tropical extranjera en las islas está, por el momento, frenada por la Orden Ministerial de 1987. Esta normativa fitosanitaria actúa como un escudo legal para evitar la entrada de plagas foráneas que no existen en el Archipiélago.
Sin embargo, el presidente de Tropican no oculta su desconfianza ante el "pasotismo" político y teme que, en el futuro, las presiones comerciales lleven a relajar esta ley. Aunque la invasión física del producto en las islas está contenida, el daño económico se produce al perder el cliente europeo.
POSEI congelado hace 21 años
A la tormenta perfecta del acuerdo con Mercosur se suma la asfixia financiera. El sector denuncia que la ficha financiera del POSEI lleva 21 años sin actualizarse, a pesar del incremento exponencial de los costes de insumos, transporte y mano de obra.
Echandi critica que, lejos de atender las peticiones de aumento fundamentadas en estudios rigurosos, desde Europa se plantean escenarios de reducción de ayudas o cambios en el modelo de gestión que dejarían los fondos en manos del Estado miembro, en lugar de transferirse directamente a las regiones ultraperiféricas.
Asimismo, Echandi coincide en denunciar la paradoja que supone el marco del Pacto Verde Europeo. El presidente de Tropican lamenta que el sector agrícola sea utilizado como "moneda de cambio": mientras Bruselas exige una sostenibilidad extrema a los productores locales, se facilita la entrada de importaciones transoceánicas que no cumplen con los mismos estándares ambientales ni sociales."
