En Canarias, la tunera no es solo un cactus ornamental, es patrimonio, sobre todo por la Denominación de Origen Protegido (DOP) de la Cochinilla de Canarias. Es paisaje, es cultivo y es símbolo de una parte de la identidad isleña, pero ahora, esa tunera que algunos han ideado como símbolo de la tierra, se ve asediada por una plaga que nadie se ha detenido a contener.
La plaga de la tunera, explica, en declaraciones a Atlántico hoy, Theo Hernando, secretario general de Asaga, es la cochinilla mexicana, un insecto específico de ese cactus, distinto de la cochinilla que ataca a otros cultivos también en las Islas, “y muy distinto a la cochinilla canaria” que tanto ha aportado a la economía del Archipiélago.
Solución ecológica
Detalla Hernando que en un primer momento se decidió dejarla expandirse. “Se usó como método de control biológico de las tuneras asilvestradas. Había demasiadas tuneras ocupando zonas protegidas, donde deberían habitar tabaibales y cardonales, y también compitiendo con el rabo de gato”.
“La tunera es una especie exótica”, recalca Hernando. por lo que dejar que la cochinilla mexicana limpiara esas zonas asilvestradas sonaba casi a control natural, una solución ecológica. Pero se ha convertido en un grave problema para la tunera que se cultiva a propósito, tanto para la comercialización de su fruto, el higo pico, como para el negocio de la cochinilla denominación de origen.
Grana cochinilla
Es necesario tener en cuenta que en las Islas existen productores que cultivan las tuneras principalmente por la producción de la grana cochinilla, el insecto que se usa para obtener un colorante rojo natural. Como ya se ha indicado, en Canarias existe una denominación de origen protegida para la cochinilla, por ser un activo económico y cultural.
Por otro lado, la cochinilla mexicana, señala Hernando, es “la prima” de la grana cochinilla, se le parece mucho y, peor aún, para controlarla es necesario aplicar tratamientos que también acaban con la “cochinilla buena”. “Los productores se ven en un callejón”, resume, subrayando que si la plaga se extiende, arrasa la tunera y si se trata, arriesgan su cochinilla protegida.
Sin solución
Lo irónico es que, para esos agricultores que apuestan por la tunera de forma responsable, no existe un plan de contención claro. “No se ha puesto en marcha ninguna medida. En muchos casos, lo que toca es quitar el insecto de las plantas a mano, uno a uno”.
Mientras el Gobierno de Canarias, junto con organizaciones como ASAGA, ha presentado documentos técnicos y peticiones para la gestión de plagas en otros cultivos, en el caso de la tunera parece haberse apostado por la dejadez. Una dejadez que, en el mejor de los casos, se justifica como control biológico de la especie invasora, pero que en la práctica deja en evidencia a los productores que cultivan la tunera con fines económicos.
“Se ha dejado que se expanda esta plaga como método de control de la tunera asilvestrada y ahora muchos de los que la cultivan para la cochinilla o para higos están en el lío”, concluye.
