Durante décadas, la imagen de la economía canaria ha estado ligada casi exclusivamente al turismo. Sin embargo, existe otro tejido productivo que, aunque menos visible, resulta esencial para diversificar la economía, generar empleo estable y aportar valor añadido al Archipiélago. La industria ha acompañado el desarrollo de Canarias desde hace décadas y, desde 1978, la Asociación Industrial de Canarias (ASINCA) ha sido una de las principales voces en la defensa de ese modelo productivo.
Casi 50 años después de su creación, la organización afronta una nueva etapa marcada por la transformación tecnológica, la transición energética y la necesidad de seguir fortaleciendo la capacidad de las empresas para competir desde un territorio condicionado por la insularidad y la lejanía de los grandes mercados. Para su presidente, Jorge Escuder, el objetivo sigue siendo el mismo que inspiró el nacimiento de la asociación: que producir en Canarias continúe siendo una actividad viable y estratégica para el futuro económico de las islas.
De las fábricas tradicionales a una industria del conocimiento
La industria canaria de hoy poco tiene que ver con la de finales de los años setenta. Si entonces el sector estaba asociado principalmente a fábricas orientadas a abastecer el mercado insular, actualmente incorpora automatización, inteligencia artificial, laboratorios, eficiencia energética, investigación, economía circular y procesos productivos cada vez más avanzados.
Escuder considera que esa evolución ha sido mucho mayor de lo que percibe una parte de la sociedad. "Hoy hablamos de automatización, digitalización, inteligencia artificial, laboratorios, control de calidad, eficiencia energética, economía circular, logística avanzada, investigación y profesionales cada vez más cualificados", explica al describir la transformación experimentada por muchas empresas industriales canarias.
Entorno complejo
Todo ello, además, se ha desarrollado en un entorno especialmente complejo para producir. La fragmentación territorial, la dependencia del transporte marítimo, el reducido tamaño del mercado interior y los sobrecostes derivados de la condición ultraperiférica han obligado a las empresas a competir en circunstancias diferentes a las del territorio continental.
Precisamente por eso, el presidente de ASINCA reivindica una cualidad que considera distintiva del sector: "La industria canaria ha aprendido a competir desde la dificultad". Una capacidad de adaptación que, a su juicio, ha permitido que numerosas empresas mantengan su actividad durante décadas, superando crisis económicas, cambios tecnológicos y nuevas exigencias del mercado.
Una asociación que ha acompañado la evolución del sector
Desde su creación en 1978, ASINCA ha ejercido como interlocutor de la industria ante las administraciones autonómicas, estatales y europeas, participando en buena parte de los debates que han marcado la evolución del sector. Cuestiones como el Régimen Económico y Fiscal (REF), el Arbitrio sobre Importaciones y Entregas de Mercancías (AIEM), el coste energético, el transporte, el abastecimiento de materias primas, la sostenibilidad o la formación forman parte de una agenda que la asociación ha mantenido durante décadas.
Sin embargo, Escuder considera que el trabajo de la organización va mucho más allá de la defensa de medidas específicas. "Hay un trabajo mucho más silencioso que considero igualmente importante: escuchar a las empresas, detectar problemas comunes, aportar propuestas y conseguir que compañías que compiten en el mercado puedan colaborar cuando se trata de defender intereses compartidos", afirma.
Esa capacidad para reunir empresas de sectores y dimensiones muy diferentes constituye, según explica, una de las principales fortalezas de la organización. Desde compañías familiares hasta grandes industrias, todas comparten desafíos relacionados con la competitividad, la regulación o la incorporación de nuevas tecnologías.
Más que producir, crear valor
ASINCA insiste en la necesidad de que la industria contribuya a generar mayor valor añadido para la economía canaria. Uno de los conceptos que más se repite en la visión de Escuder es la productividad, entendida no como trabajar más horas, sino como producir mejor gracias a la innovación, la tecnología, la formación y la mejora de los procesos.
"El gran reto no es producir más, sino crear más valor desde Canarias: con empresas más productivas, más tecnología y jóvenes que puedan desarrollar aquí su futuro profesional", resume.
En ese escenario, la dimensión empresarial también adquiere una importancia creciente. Empresas con mayor tamaño disponen de más capacidad para invertir, internacionalizarse, incorporar innovación y ofrecer carreras profesionales más atractivas, mientras que la conexión entre empresa, Formación Profesional y universidad aparece como uno de los grandes desafíos para cubrir la demanda de nuevos perfiles tecnológicos.
El sello que acerca la industria al consumidor
Dentro de esa estrategia de acercar la industria a la sociedad, uno de los proyectos más reconocibles impulsados por ASINCA ha sido el sello Elaborado en Canarias, que este año cumple cuatro décadas.
Nacido con el objetivo de facilitar al consumidor la identificación de los productos fabricados en las islas, el distintivo ha evolucionado hasta convertirse en una marca que pone en valor el impacto económico que existe detrás de cada compra.
Según explica Escuder, un producto elaborado en Canarias no representa únicamente un lugar de fabricación. Detrás hay empleo, inversión, proveedores, conocimiento y empresas que han decidido desarrollar su actividad en el Archipiélago. No obstante, insiste en que el origen, por sí solo, ya no basta para competir.
"El consumidor actual exige calidad, precio, innovación, sostenibilidad y confianza. Nuestras empresas tienen que competir ofreciendo todo eso y, además, explicar el impacto positivo que supone producir aquí", sostiene.
Una industria para una economía más diversificada
Uno de los mensajes que atraviesa toda la visión de ASINCA es que la industria no debe plantearse como una alternativa al turismo, sino como un complemento capaz de reforzar la economía canaria.
Escuder rechaza esa dicotomía y defiende que ambos sectores pueden generar conjuntamente más riqueza mediante cadenas de suministro locales, innovación y una mayor capacidad para producir en Canarias parte de los bienes que demandan hoteles, comercios, restaurantes y hogares.
En paralelo, reclama un entorno que facilite la inversión industrial mediante una mayor seguridad jurídica, procedimientos administrativos más ágiles y una política industrial con visión de largo plazo. "Un empresario puede asumir el riesgo de invertir; lo que no podemos pedirle es que asuma años de incertidumbre administrativa", advierte.
Mirar al futuro desde la industria
Cuando ASINCA se aproxima a su medio siglo de trayectoria, la organización fija la mirada en una industria más tecnológica, más sostenible, internacionalizada y capaz de atraer talento joven.
El objetivo, explica su presidente, no es únicamente fortalecer las empresas industriales, sino contribuir a construir una economía más resiliente y con mayor capacidad para generar oportunidades desde el propio territorio.
En esa idea se resume buena parte del mensaje que la asociación ha defendido desde su fundación y que hoy sigue guiando su actividad. "Canarias no puede limitarse a consumir riqueza; tiene que ser capaz de crearla", zanja.
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