Un archipiélago sin industria es un archipiélago frágil. Canarias importa más del 85% de lo que consume. Es el dato que mejor define nuestra situación estructural, y es el dato que más deberíamos tener en mente cuando hablamos del futuro de estas islas. Un territorio que no produce es un territorio que depende. Y un territorio que depende es un territorio vulnerable.
La industria canaria no es un sector residual. Representa aproximadamente el 7% del PIB regional, genera más de 55.000 empleos directos y más de 120.000 empleos totales vinculados en logística, distribución, servicios y proveedores. Cada puesto de trabajo industrial sostiene, de media, otros tres empleos en sectores auxiliares. Son cifras que la mayoría de los ciudadanos desconocen, porque la industria no llena telediarios ni acapara titulares.
Pero los datos no son el argumento más importante. El argumento más importante lo vivimos todos en 2020. Cuando las cadenas globales de suministro colapsaron, cuando los barcos tardaban y los pedidos no llegaban, fueron las industrias locales las que garantizaron que en Canarias hubiera productos de alimentación, de higiene, de materiales esenciales. No fue la importación. Fue la producción propia. Esa lección no puede olvidarse.
Mayor calidad
La industria es también el sector que ofrece el empleo de mayor calidad. La tasa de temporalidad en la industria es la más baja de todos los sectores. La remuneración media del trabajador industrial supera en un 15-20% la media regional. El nivel de cualificación requerido es significativamente superior al del sector servicios dominante. En un archipiélago donde la tasa de paro juvenil sigue siendo elevada y donde la precariedad del empleo estacional en hostelería es un problema estructural, la industria representa la alternativa más sólida para construir carreras profesionales sostenibles.
Y hay una dimensión que pocas veces se menciona: la industrial es el único sector con presencia significativa en todas las islas del archipiélago. El turismo se concentra en determinadas zonas. La construcción es cíclica. El comercio depende del consumo urbano. La industria, en cambio, genera actividad económica en polígonos industriales de todas las islas, redistribuye renta en los territorios donde opera y ancla capital humano cualificado que de otro modo emigraría.
Sin embargo, cuando la economía crece, cuando el turismo bate récords, cuando todo parece ir bien, la tentación es volver a mirar a la industria como algo secundario. Como un sector que está ahí y que puede esperar. Nosotros tenemos claro que no puede esperar. Y el Día de Canarias es el momento de recordarlo.
El dinero público que se va y no vuelve
Hay una palanca de política industrial que está en manos de las administraciones canarias, no requiere nuevas leyes, no precisa presupuestos adicionales y puede activarse hoy mismo. Se llama contratación pública. Y en Canarias no la estamos usando bien.
El sector público en Canarias moviliza miles de millones de euros al año en contratos de suministro. Alimentación para centros educativos, hospitalarios y residencias. Materiales de construcción y mantenimiento de infraestructuras. Productos de higiene y limpieza para edificios públicos. Equipamiento para oficinas, polideportivos, puertos. Una parte significativa de todo eso podría fabricarse en Canarias. Una parte significativa se importa.
El motivo es sencillo y lleva décadas sin resolverse: el criterio del precio es el de mayor peso en la mayoría de las licitaciones públicas canarias. Y eso beneficia sistemáticamente a los grandes operadores peninsulares o extranjeros que, por sus economías de escala, pueden ofrecer precios que la industria local no puede igualar. La escala de la industria canaria no le permite competir en ese terreno. Y mientras ese sea el único terreno que cuenta, perderá siempre.
Empleo
Pero no tiene por qué ser así. La Ley de Contratos del Sector Público permite, expresamente, incorporar criterios sociales y medioambientales en las licitaciones. El empleo generado en el territorio, la reducción de la huella de carbono que implica el consumo de productos fabricados localmente, el arraigo empresarial en el archipiélago. Si una empresa produce en Gran Canaria y otra en Alemania, el coste ambiental y social de traer el producto desde Alemania no puede ser invisible en una licitación pública. Las administraciones canarias tienen la capacidad legal de valorar eso. Deben hacerlo.
Un euro gastado en producto elaborado en Canarias es un euro que permanece en nuestra economía. Paga salarios aquí. Genera cotizaciones sociales aquí. Sostiene una empresa que tributa aquí. Cuando ese mismo euro se gasta en un producto importado, ese dinero se va. No vuelve. En un archipiélago que ya importa más del 85% de lo que consume, cada decisión de compra pública tiene consecuencias reales sobre la sostenibilidad del tejido productivo local.
ASINCA ha presentado propuestas concretas: una guía técnica de cláusulas sociales y medioambientales para los órganos de contratación de todas las administraciones canarias, una mesa permanente de seguimiento con participación del Gobierno de Canarias, y una reserva de mercado para pymes industriales canarias en determinadas categorías de consumo recurrente. No son propuestas complicadas. Son propuestas que ya funcionan en otras comunidades autónomas y que aquí, por alguna razón, cuestan más de implementar.
La contratación pública no es la única solución para la industria canaria. Pero es la más inmediata. La que puede activarse sin esperar a Bruselas, sin esperar a la reforma del REF, sin esperar a la negociación del Marco Financiero Plurianual. Es una decisión política que depende exclusivamente de la voluntad de las administraciones canarias. Y ASINCA va a seguir exigiendo que se tome.
Cuando compras canario, apuestas por Canarias
La contratación pública es la responsabilidad de las administraciones. Pero hay otra decisión que corresponde a cada ciudadano, a cada empresa, a cada establecimiento hostelero: qué se compra y de dónde viene.
Canarias recibió más de 16 millones de turistas en 2024. Cada visitante es un consumidor potencial de productos elaborados en Canarias. Sin embargo, los hoteles sirven productos que podrían ser canarios y no lo son. Las tiendas de los aeropuertos no tienen la presencia de la industria local que deberían tener. Los restaurantes utilizan materias primas que recorren miles de kilómetros cuando hay equivalentes locales de igual o superior calidad. La alianza estratégica entre industria y turismo sigue siendo una asignatura pendiente que nos pesa.
Y lo mismo ocurre con el consumidor local. Cuando se compra un producto elaborado en Canarias, se está eligiendo que ese dinero se quede en las islas. Que sostenga el empleo del vecino, del técnico que vive en el municipio, de la empresa que paga sus impuestos aquí. Con las campañas de Elaborado en Canarias procuramos que el consumidor tenga la información y la sensibilización suficiente para tomar una decisión consciente.
Industria para garantizar el futuro de Canarias
El 30 de mayo tiene sentido como celebración. Pero tiene más sentido como compromiso. Defender Canarias no es solo preservar el paisaje o la identidad cultural, aunque ambas cosas importen. Es también garantizar que este archipiélago tenga una base productiva propia, capaz de generar empleo estable, de reducir la dependencia exterior y de resistir las crisis con más fortaleza que la que tenemos hoy.
La industria canaria lleva décadas demostrando que es posible producir aquí, en condiciones objetivamente más difíciles que en el continente, con costes logísticos entre un 15% y un 30% superiores, con energía más cara, con mercados fragmentados en ocho islas, a más de 1.000 kilómetros del continente europeo. Esas empresas merecen un reconocimiento institucional acorde a su contribución. No en forma de discursos. En forma de contratos, de cláusulas, de criterios de valoración que pongan en precio lo que aportan a esta tierra.
Desde ASINCA, nuestra posición es clara. La industria no es un sector más en Canarias. Es el sector que garantiza que no seamos un territorio completamente dependiente del exterior. Defenderla es defender el futuro de Canarias.