Victoria López, presidenta de Grupo Fedola, lidera desde hace ocho años la segunda generación de una compañía familiar nacida en Canarias. Con cinco hoteles y unas 3.000 camas, el grupo ha apostado por diversificar su actividad hacia la construcción, los eventos, el sector primario o la distribución. Todo ello siempre con la idea de crecer sin poner en riesgo la estabilidad de la empresa ni el empleo.
En esta entrevista con Atlántico Hoy, López habla del momento que vive la compañía, de la necesidad de adaptarse al talento joven, de la innovación dentro de las empresas y la necesidad de cambiar la forma de liderar.
Diversificar para crecer
¿Cómo se crece en Canarias sin perder ese vínculo familiar y el arraigo a las islas?
Creciendo en diferentes sectores. Ahora estamos apostando un poco menos por el turismo y más por la construcción, con Prefabricados Teide, o por la organización de eventos, con Másquecarpas. Lo que queremos es diversificar, porque creemos que la economía canaria tiene que abrirse a más sectores.
El sector primario también sigue siendo una apuesta decidida para nosotros. Fue el inicio de mi padre y seguimos trabajando en campos de ensayo e investigación sobre el cultivo de la papa, no solo en la importación, sino también en la papa de semilla que sea buena para Canarias.
¿Les gustaría seguir creciendo en turismo?
Nos encantaría, pero ahora es imposible. Tenemos unas 3.000 camas y cinco hoteles, pero nuestros recursos no nos permiten afrontar los precios de venta de los hoteles, porque están las grandes cadenas y los fondos con capacidades muchísimo mayores.
Tampoco envidiamos ese camino. Si comprar o construir un nuevo hotel puede poner en riesgo económicamente a todo el grupo. Peferimos apretar el freno, nunca mejor dicho, y quedarnos tranquilos. La pandemia nos enseñó lo vulnerable que es cualquier empresa ante una parada total de actividad.
Retener el talento
Además de diversificar, uno de los grandes retos empresariales es atraer y retener talento. ¿Qué puede ofrecer una empresa para conseguirlo?
Las empresas tienen que diversificar también dentro de su propia actividad. En el turismo solemos pensar que solo se trabaja de directores para abajo, pero hay muchísimo más. Nosotros tenemos departamentos de comunicación llevados por periodistas, de sostenibilidad con ingenieros agrónomos, equipos de responsabilidad social corporativa, diseño, marketing o eventos. Hay muchos talentos que pueden encajar si la empresa abre espacios para ellos.
Y el talento también hay que pagarlo con sueldo. Hay empresarios que piensan que ahorran diciendo: “Si le puedo pagar 50, no le pago 100”. Nosotros preferimos pagarle 100, porque también le vamos a exigir por 100.
Cambiar eso solo lo pueden hacer quienes lideran las empresas. Nosotros nos formamos, nos asesoramos y hacemos muchísimos cursos fuera sobre liderazgo y trabajo en equipo, pero después la implantación de esa formación la hacemos nosotros mismos.
Las nuevas generaciones
Muchas generaciones jóvenes sienten que están sobrecualificadas y que en Canarias esa preparación no siempre se reconoce. ¿Qué opina?
Creo que pasa porque las empresas no se han movido en entender a las nuevas generaciones. Las generaciones jóvenes no quieren lo mismo que queríamos nosotros. Estamos a años luz. Una de las cosas que tenemos que hacer las empresas es adaptarnos.
Seguimos pensando que trabajar bien es dar el callo 14 horas y que, si no, no estás dando ejemplo. Y eso es mentira. Yo tengo muchísimo trabajo, pero también cojo vacaciones y descanso. En mis vacaciones no me llama ni Dios, porque he hecho que la gente confíe en sí misma y también he confiado en que ellos saben lo que tienen que hacer.
¿Qué ve en esa gente joven que llega ahora a las empresas?
Veo un talentazo enorme. Están súper preparados, no quieren trabajar más de ocho horas —si es posible, siete horas y media—, pero es que en siete horas y media hacen el trabajo que yo hacía en 14. Hoy tienen nuevas herramientas, son más eficientes y hay que escucharlos más.
También quieren sentirse protagonistas de lo que hacen. Ya vale de que alguien haga una campaña brutal y el mérito se lo lleve solo su jefe. La gente joven quiere reconocimiento, quiere tiempo para vivir y quiere sueldo para vivir. Y si las empresas no se adaptan, no van a tener mucho futuro.
¿La resistencia al cambio sigue siendo uno de los grandes frenos?
Sí, y muchas veces los frenos están dentro de la propia empresa. Ahora todo el mundo habla de inteligencia artificial, pero hay directivos que dicen: “Déjame como estoy, yo esto lo he hecho así toda la vida”. Esa resistencia existe.
Nosotros intentamos innovar creyendo en la gente. Si alguien viene con un proyecto viable y se ha trabajado el estudio, se le da la oportunidad. No es que alguien proponga un robot para un restaurante y ya está; tiene que demostrar que es útil y hacerse responsable de que funcione.
El presente y futuro del turismo
¿En qué momento se encuentra ahora mismo el sector turístico en Canarias?
El sector turístico sigue teniendo la misma fortaleza. Sigue siendo el motor de la economía canaria y va a seguir siéndolo muchísimo. Es una pena que el descontento social haya traído una sensación de que el turismo no es bueno.
Hay países que pelean por tener más turistas y nosotros a veces no sabemos valorar lo que tenemos. El sector está fuerte, está consolidado y Canarias sigue siendo un destino envidiable en todas las islas.
Frente a grandes cadenas y fondos, ¿qué necesitan las empresas canarias para sentirse más protegidas?
Necesitamos apoyo porque dependemos de lo que pasa aquí. Un fondo, si algo deja de ser rentable, lo quita y se marcha. Nosotros dependemos de aquí.
Cuando hablo de ayudas no me refiero a ayudas concretas para una empresa, sino a proteger y apoyar a las empresas canarias: conectividad aérea, precios de los billetes, tasas aeroportuarias, control de pasaportes, que el turista desde que llega tenga una sensación de acogida.
Estamos jugando con diferentes ventajas. Las grandes cadenas pueden asumir grandes reformas, contratar más personal o comprar hoteles que antes valían 10 y ahora valen 20. Nosotros tenemos que hacer los números. Y si los números no dan, no se puede hacer. Ahí es donde hace falta salvaguardar un poco a las empresas canarias.
