Autocaravanas en una de las playas del norte de Fuerteventura / AYUNTAMIENTO DE LA OLIVA
Autocaravanas en una de las playas del norte de Fuerteventura / AYUNTAMIENTO DE LA OLIVA

Un estudio pone límite a las autocaravanas en 24 playas de Fuerteventura para combatir la masificación

La propuesta busca evitar que los vehículos se concentren en los enclaves más frágiles entre El Cotillo y Corralejo, dentro de una zona protegida por dunas, aves y hábitats sensibles

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ariadna

Entre El Cotillo y Corralejo, el paisaje protegido del norte de Fuerteventura se ha convertido en uno de los puntos donde mejor se ve la tensión entre turismo y conservación.

Un estudio, elaborado por miembros de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y publicada en Journal of Outdoor Recreation and Tourism, analiza 24 playas naturales de esta franja costera y propone ordenar los aparcamientos para evitar que la presión de coches y autocaravanas recaiga siempre sobre los mismos espacios.

Pues, según la investigación, la ausencia de aparcamientos definidos hace que muchos vehículos se concentren en las primeras playas accesibles y estacionen de forma no regulada, incluso sobre áreas de valor natural. A ello se suma la falta de caminos señalizados, lo que favorece el pisoteo fuera de los senderos y puede afectar a la vegetación, la fauna y los procesos naturales de la costa.

Playas protegidas

Las 24 playas analizadas se sitúan en el municipio de La Oliva, dentro de la ZEPA Costa Norte de Fuerteventura, una zona protegida por su valor ambiental. El área incluye hábitats de interés comunitario, sistemas dunares, campos de lava, pequeñas calas y zonas relevantes para aves como la hubara canaria.

El estudio también se enmarca en el proceso de restauración y evaluación ambiental vinculado a la urbanización ilegal Casas de Majanicho. Según recoge la investigación, esa actuación afectó a 140 hectáreas de suelo rústico en una zona costera de alto valor natural, de las que unas 15,5 hectáreas se encuentran dentro de la ZEPA.

Más turiso y más presión 

El contexto turístico ayuda a entender la dimensión del problema. Fuerteventura pasó de 2.030.244 visitantes en 2022 a 2.493.116 en 2024, lo que supone un aumento del 22,8% en apenas dos años. Esa presión se nota especialmente en el entorno de Corralejo, El Cotillo y Lajares.

El estudio recoge que Corralejo, con 18.704 residentes, recibió 405.852 llegadas en 2024, unas 22 por cada habitante. En El Cotillo, con 1.474 vecinos, la investigación apunta a una densidad de unas 126 camas turísticas por cada 100 habitantes, un caso que describe como ejemplo de “sobreturismo estructural”.

Cuánta gente puede soportar la costa

Para calcular la capacidad de estas playas, los investigadores no se limitaron a medir cuánta gente cabe físicamente. Primero estimaron la capacidad física y después aplicaron correcciones relacionadas con el viento — un atractivo para el surf, el windsurf o el kitesurf —, la lluvia, la sensibilidad de las aves y su protección, la forma de cada playa, el tipo de suelo y la falta de servicios, como señalización, seguridad o accesibilidad.

El resultado es muy llamativo. Aunque la capacidad física inicial de las 24 playas se calcula en 7.761 personas, la capacidad efectiva baja hasta 557 usuarios. A partir de esa cifra, el estudio propone 159 plazas de aparcamiento para todo el conjunto de playas analizadas. 

La presión por playas

La diferencia entre unas playas y otras es importante. No soporta la misma presión una playa amplia y arenosa que una cala pequeña, rocosa, expuesta al viento o situada en un entorno especialmente sensible para las aves. Por eso, el estudio no reparte las plazas de forma uniforme, sino por sectores y según la capacidad real de cada zona.

Entre las playas con mayor capacidad aparecen enclaves como El Hierro, El Río, Punta Gorda II o Bajada del Mejillón. En cambio, pequeñas calas como Caleta de María Díaz, Los Charcos o Caleta del Marrejo presentan márgenes mucho más reducidos.

Aparcamientos como herramienta ambiental

La propuesta final no consiste en llenar la costa de parkings, sino en calcular cuántas plazas podrían existir sin superar la capacidad del entorno. La investigación insiste en que el número de aparcamientos no debe responder a la demanda potencial de visitantes, sino a lo que cada playa puede soportar sin poner en riesgo sus valores naturales.

En total, el estudio divide el litoral analizado en sectores y plantea 159 plazas como referencia compatible con la conservación. Ese modelo permitiría ordenar el acceso, evitar que los coches y autocaravanas se acumulen en los puntos más sensibles y reducir la ocupación informal del territorio.