Distintos momentos de la operación coordinada por Pascual Calabuig para intentar salvar a una cría de delfín. / MONTAJE AH
Distintos momentos de la operación coordinada por Pascual Calabuig para intentar salvar a una cría de delfín. / MONTAJE AH

El amargo final de una cría de delfín rescatada en Castillo del Romeral

La corta edad del animal y su mal estado de salud obligaron a practicarle la eutanasia para evitarle la agonía en el mar

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La naturaleza, a veces, dicta sentencias que ni el mayor de los esfuerzos humanos puede revocar. La costa de Castillo del Romeral, en el sur de Gran Canaria, vivió este miércoles el rescate de una cría de delfín listado (Stenella coeruleoalba) que agonizaba en la orilla.

A pesar de la rápida movilización de ciudadanos, agentes y especialistas, el desenlace no fue el deseado y hubo que practicarle una eutanasia al animal, lo que dejó un sentimiento de impotencia en el personal involucrado en la emergencia.

Rescate contra la adversidad

El aviso saltó a media mañana. Una pequeña hembra lactante, extremadamente débil, se quedó varada en la playa sureña. Según Pascual Calabuig, director del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Cabildo de Gran Canaria, el animal se encontraba en una situación muy vulnerable, con pocas posibilidades de prosperar por sí mismo: "Era un lactante abandonado por su madre dado su mal estado", explica el veterinario. 

Aunque cuesta decirlo, era una cría "sin futuro" que estaba condenada a morir de forma agónica en la costa.

A pesar de ese primer diagnóstico, el delfín fue trasladado urgente a las instalaciones de Taliarte, con la ayuda de los vecinos de Castillo del Romeral, que fueron los primeros en auxiliar al cetáceo, la Policía Local de San Bartolomé de Tirajana y científicos del IUSA (Instituto Universitario de Sanidad Animal y Seguridad Alimentaria).

Eutanasia por bienestar

Una vez en el centro y tras una valoración exhaustiva de su estado clínico, el equipo técnico liderado por Calabuig tuvo que enfrentarse a la realidad más amarga: la imposibilidad de devolverla sana al mar y el sufrimiento evidente de la cría obligaron a sacrificarla.

Fue una acción dolorosa, de esas que cuesta olvidar, pero realizada por criterios de bienestar animal, con la finalidad de evitar que el proceso de muerte se prolongara innecesariamente.

Pese al triste final, Calabuig ha querido destacar la "inestimable ayuda" de todos los que se volcaron en el intento de salvamento. La coordinación entre la ciudadanía, los cuerpos de seguridad y los expertos científicos permitió que, al menos, la pequeña delfín no muriera sola y desprotegida en las rocas.