A pesar de como se han ido sucendiendo borrasca tras borrasca este invierno en las Islas, la borrasca Therese ha dejado imágenes poco habituales en Gran Canaria desde presas desbordadas, barrancos corriendo con fuerza y, en especial, la apertura de la charca de Maspalomas al mar.
Según explica Roberto Castro, ingeniero forestal de Fénix Canarias, este episodio no solo responde a la intensidad de las lluvias, sino que supone una oportunidad de regeneración ambiental. Ha actuado como una especie de “limpieza natural” eliminando hasta a especies invasoras.
Mejoras para la fauna y el agua
Hasta ahora, la charca presentaba problemas importantes como la acumulación de sedimentos, baja oxigenación y una elevada salinidad que afectaba incluso a proyectos de restauración, como la microisla gestionada por la propia asociación. “Era prácticamente una lámina de agua muerta”, señala el ingeniero forestal.
La fuerza del agua ha permitido que la charca de Maspalomas vuelva a conectarse con el mar, arrastrando sedimentos acumulados durante años y expulsando especies invasoras como la tilapia.
Este proceso, poco frecuente, puede suponer un punto de inflexión para la recuperación del ecosistema. “Las tilapias se han ido todas al mar, lo que va a permitir que se recupere la fauna autóctona”, indica Castro, que apunta que también mejorará la calidad del agua.
Los barrancos vuelven a la vida
El fenómeno no se limita a la charca. Las intensas lluvias y el alivio de presas como la de Fataga han reactivado numerosos barrancos de la isla, especialmente en el sur. “Estamos viendo nuestros barrancos correr como tienen que correr”, destaca Castro.
Tras años sin episodios de esta magnitud —en algunos casos más de 15 años—, los barrancos vuelven a desempeñar su función natural, arrastrando sedimentos, renovando suelos y favoreciendo la regeneración de la vegetación.
Planificación urbanística
Aunque las crecidas pueden generar daños y molestias, como en este episodio, que han provocado cortes de crreteras y complicaciones en las zonas habitadas cercanas al cauce, el experto apunta que esto se debe a cómo se ha desarrollado el territorio en las islas.
“En los barrancos primero se construyen carreteras y después se empieza a ocupar parte de la zona inundable con viviendas, con fincas, etc. Cuando vienen estos fenómenos, pasa esto", apunta Castro.
Regenerar los ecosistemas
Pero en sí se trata del funcionamiento natural del territorio: “Que un barranco corra con fuerza permite regenerar el ecosistema, aunque aparentemente lo destroce”.
El arrastre de sedimentos, ramas y materiales facilita la renovación del suelo y la reproducción de especies vegetales autóctonas. Algunas, como el tarajal, son capaces de rebrotar tras ser desplazadas por el agua, generando nuevos ejemplares aguas abajo.
Además, estos episodios ayudan a mantener vivos ecosistemas característicos de los fondos de barranco, donde conviven palmerales, balos o sauceras, fundamentales para la biodiversidad de la isla.
¿Cada cuánto debe correr un barranco?
Aunque cada barranco tiene su propia dinámica y no existe una regla exacta, el experto calcula una referencia orientativa que ayuda a entender la importancia de estos episodios: “Lo ideal sería que estos fenómenos se produjeran cada cinco o diez años, dependiendo del barranco”.
Y es que durante años, la escasez de lluvias intensas y la regulación del agua mediante presas han reducido la frecuencia con la que los barrancos transportan agua, alterando su equilibrio natural.
Frenar el agua desde arriba
Para minimizar los impactos negativos de estas crecidas, Castro apuesta por la llamada corrección hidrológica forestal, un conjunto de técnicas que buscan ralentizar el agua antes de que llegue a las zonas más sensibles.
Estas actuaciones incluyen diques, estructuras de retención o intervenciones con vegetación en las partes altas de los barrancos, y ayudan, además, a retener sedimentos y a crear suelo fértil, facilitando la recuperación de la vegetación en zonas degradadas, como en el proyecto Hermine, que lleva a cabo la asociación.
Entre molestias y beneficios
El episodio ha provocado cortes de carreteras, complicaciones en la movilidad y situaciones de riesgo en zonas cercanas a los cauces. Sin embargo, desde el punto de vista ambiental, el balance puede ser positivo a medio plazo.
“Los efectos negativos son sobre todo para las personas, pero a nivel ecológico estos fenómenos son necesarios”, resume Castro.
El reto, según el experto, pasa por adaptar la planificación del territorio a la realidad de las islas y entender que los barrancos, así como la charca de Maspalomas - habitualmente cortada por el turismo - no son solo infraestructuras naturales, sino auténticas “autopistas de biodiversidad” que necesitan funcionar con cierta periodicidad.
