Lydia Lozano ha vuelto a ocupar un lugar visible en Telecinco, pero hay una parte de su historia que no se explica desde un plató. La periodista, uno de los rostros más reconocibles de la crónica social en España, tiene una raíz familiar profundamente ligada a El Paso, en La Palma, el municipio donde se encuentra buena parte de su memoria más íntima.
Su regreso a Mediaset se produjo en septiembre de 2025, cuando Telecinco anunció su incorporación como colaboradora habitual de ¡De viernes!, coincidiendo con el arranque de la nueva temporada del programa. Este verano, además, su nombre volvió a las tardes de la cadena con De lunes a viernes, el formato diario de Telecinco en el que también participan Terelu Campos, Ángela Portero, Antonio Rossi y José Antonio León.
Una vida de televisión y una raíz palmera
Lydia Lozano forma parte de una generación de periodistas y colaboradores que marcaron durante años la televisión del corazón en España. Desde formatos como Tómbola, A tu lado, La Noria o Sálvame, su figura quedó asociada a una manera muy reconocible de estar en pantalla: intensa, expresiva, emocional y cercana al público.
Pero detrás del personaje televisivo hay una historia familiar que mira hacia La Palma. Aunque nació en Madrid, la propia periodista ha contado en distintas entrevistas que su nacimiento en la capital fue casi una casualidad. Su rama materna procede de El Paso, en el centro de la isla, donde pasó parte de los veranos de su infancia y donde conserva vínculos familiares.
El Paso, el corazón geográfico de La Palma
El Paso es el municipio más extenso de La Palma, con 135,92 kilómetros cuadrados, y ocupa una posición estratégica en el centro de la isla. Abarca zonas del Valle de Aridane, Cumbre Nueva, Cumbre Vieja y parte de la Caldera de Taburiente, lo que lo convierte en uno de los territorios más diversos del mapa palmero. Su ubicación permite entender por qué este municipio tiene tanto peso paisajístico. El Paso funciona como puerta de entrada a algunos de los grandes escenarios naturales de La Palma, especialmente al Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.
Uno de sus puntos más conocidos es el Mirador de la Cumbrecita, desde donde se obtiene una de las vistas más espectaculares del interior de la Caldera. Es uno de esos lugares que ayudan a comprender la dimensión volcánica y forestal de la isla: paredes inmensas, pinares, barrancos y una sensación de amplitud difícil de olvidar.
El pino más antiguo y la memoria de un pueblo
El Paso guarda también uno de los símbolos naturales más queridos de La Palma: el Pino de la Virgen. Según el Ayuntamiento, en la parte alta del municipio se encuentra el pino canario más longevo del mundo, con más de 800 años de antigüedad y catalogado como Bien de Interés Cultural. Este árbol no es solo un elemento botánico singular. Está ligado a una de las grandes tradiciones pasenses: la Bajada de la Virgen del Pino, una celebración trienal que forma parte de la identidad del municipio.
En El Paso, naturaleza y devoción popular se mezclan con facilidad. El paisaje no es un decorado, sino parte de la vida cotidiana, de las fiestas y de la forma en que los vecinos entienden su relación con el territorio.
La seda de Las Hilanderas
Otro de los grandes tesoros de El Paso está en su tradición sedera. El municipio alberga el Museo de la Seda Las Hilanderas, un espacio dedicado a conservar una técnica artesanal que forma parte del patrimonio palmero. La web turística de La Palma sitúa este museo en el centro de la isla y lo presenta como uno de los lugares de interés del municipio.
En Las Hilanderas se mantiene vivo el ciclo completo de la seda, desde la cría del gusano hasta la elaboración final de las piezas. Es una tradición delicada, lenta y muy vinculada a la memoria de las mujeres que durante generaciones conservaron este oficio. Ese componente artesanal encaja muy bien con la imagen de El Paso como un municipio de montaña, agrícola, volcánico y cultural, donde las tradiciones no se exhiben como una postal vacía, sino como parte de una historia que todavía se trabaja con las manos.
Plátano, vino y cocina de interior
El municipio combina zonas agrícolas de medianías, cultivos de plátano en cotas más bajas y viñedos ligados a los suelos volcánicos de La Palma. La Denominación de Origen Vinos La Palma incluye a El Paso dentro de la subzona Fuencaliente, junto a Fuencaliente, Los Llanos de Aridane y Tazacorte. En esa parte de la isla, la viña crece en un paisaje marcado por la ceniza, la lava y el clima atlántico, dando lugar a vinos con una personalidad muy vinculada al terreno.
La gastronomía local se completa con productos de la huerta, papas, castañas, quesos de cabra palmera y platos tradicionales que suelen encontrarse en restaurantes rurales y guachinches del entorno. El Paso no es un municipio de grandes escaparates gastronómicos, sino de cocina de raíz, paisaje agrícola y mesas con vistas al Valle de Aridane o a la Caldera.
Una tierra marcada por el volcán
Como el resto de la comarca de Aridane, El Paso vivió muy de cerca la erupción volcánica de 2021. La lava transformó parte del paisaje, golpeó viviendas, cultivos y proyectos de vida, y dejó una huella profunda en la memoria reciente de la isla. Desde entonces, el municipio representa también la capacidad de recuperación de La Palma. La reconstrucción no ha borrado lo ocurrido, pero sí ha mostrado la fuerza de una comunidad acostumbrada a convivir con un territorio hermoso y exigente.
Ese contexto da todavía más peso a la relación emocional de Lydia Lozano con el municipio. Para muchos palmeros de dentro y fuera de la isla, El Paso no es solo un lugar de origen, sino una tierra que se lleva puesta incluso cuando la vida se desarrolla lejos.
Cómo llegar a El Paso
El Paso se encuentra en el centro de La Palma y está bien conectado por carretera. El acceso principal se realiza a través de la LP-3, tanto desde el Valle de Aridane como desde Santa Cruz de La Palma. Su posición lo convierte en una base cómoda para recorrer distintos puntos de la isla: la Caldera de Taburiente, Los Llanos de Aridane, Tazacorte, la zona volcánica de Cumbre Vieja o los pueblos del entorno.
Para quienes visitan La Palma, El Paso permite combinar naturaleza, historia, tradición y gastronomía en una misma jornada. Se puede empezar con un mirador, seguir con el Museo de la Seda, acercarse al Pino de la Virgen y terminar probando productos locales en algún restaurante de la zona.
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