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El buque de Salvamento Marítimo Guardamar Urania en las operaciones de rescate de migrantes en cayucos / EFE - ADRIEL PERDOMO

26 días; más de 80 muertos

Allá arriba, lejos de todo esto, no somos más que posiciones geoestratégicas, playas con dunas y palmeras, y a veces un gran problema, que ya hemos visto la posición de la Unión Europea cuando algo tiene lugar lejos del continente

Mientras aquí se farmeaban auras en los parques improvisando toda clase de gracietas, como si el alma fuera un videojuego o un medidor de aplausos o de audiencias, iban muriendo personas cada vez más cerca de nuestras costas. Mientras aquí nos negamos a ver el juego macabro de Marruecos con la connivencia de Estados Unidos para controlar Ceuta como ciudad estratégica en el Mediterráneo, iban muriendo personas en el cercano océano. Mientras aquí teorizamos con el drama de la inmigración en Ceuta, el drama de la inmigración navegaba por el Atlántico ajenos a informes del CNI o de la policía. Mientras nos damos cuenta de que España no ha avanzado en cien años y en lugar de sentarnos, entender y llegar a acuerdos nos dividimos para felicidad de Marruecos, ese cayuco perdía la noción de los días del calendario. Mientras unos y otros utilizan la emigración para sus réditos políticos, sobre todo Marruecos, que lleva haciendo eso desde hace muchos años sin que nadie, sobre todo, Europa le pare los pies en ese juego macabro, ellos seguían mirando el horizonte, los que quedaban vivos, aferrándose al milagro.

Muchos me dicen que escriba sobre Ceuta, estoy escribiendo sobre Ceuta, porque está claro que lo que importa en esa crisis es solo el territorio, porque mientras todos gritan, los ceutíes ven como de la noche a la mañana han perdido el control de su lugar de residencia y ven que no hay nadie que que los defienda, y los canarios tenemos que ponernos en su lugar para saber que eso nos puede pasar en cualquier momento, y entonces nos dolerá ver esa guerra de titulares y de informes, de juegos con el drama de la inmigración, y nos sentiremos como los ceutíes ahora mismo, lejos, muy lejos, desprotegidos y solos, como nos hemos sentido tantas veces. Pero lo que seguiremos viendo en primera línea es el drama de los que llegan, de los que seguirán llegando inevitablemente, cada vez más, porque las guerras, las sequías y la falta de futuro en África harán que los seres humanos que allí nacen sigan queriendo un futuro mejor, como mismo los buscaron nuestros antepasados tantas veces y como lo buscaríamos mañana en sus circunstancias.

Película lejana

Allá arriba, lejos de todo esto, no somos más que posiciones geoestratégicas, playas con dunas y palmeras, y a veces un gran problema, que ya hemos visto la posición de la Unión Europea cuando algo tiene lugar lejos del continente, casi prefieren desentenderse y, en un momento dado, casi preferirán que sea Marruecos quien tenga ese problema mientras a ellos les dejen venir a ponerse morenos en los resorts de Agadir o de Casablanca. Mientras tanto, nuestros jóvenes, en lugar de ser conscientes de ese problema o de citarse para enseñar nuestro idioma a los inmigrantes, llevar unos bocadillos o exigir que se cambie el mundo para no dejar condenados a la pobreza a tantos países, se ponen a farmear auras como si fueran figuras de videojuegos, que es lo que les pasa también a muchos adultos, que miran lo de Ceuta o lo de Canarias como una película lejana, y es también lo que sucede en la Carrera de San Jerónimo, en donde los inmigrantes muertos no importan nada, y en donde solo estilan gritos, bravuconerías y poses de telegenia hasta convertir el hemiciclo en un esperpento. Y es difícil escribir sobre la inmigración sin caer en tonos lastimeros o en demagogias. Esto lo deberían escribir quienes  llegaron a Arguineguín después de 26 días y de ver morir a más de 80 personas a su lado. Ojalá lo hagan algún día, y ojalá puedan contextualizar lo que vivieron este verano en el Atlántico, en esa Ruta de la muerte que está cada vez más unida a Canarias, con lo que decían los políticos, los periodistas incendiarios del continente y todos los que siguen farmeando su aura en espejos de insolidaridad y de desvergüenza.

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