Cans-hadas de trabajar, pero las uñitas siempre hechas

"La juventud canaria, una mijita de alegría nos tendremos que dar. Porque entre los mil y pico para el alquiler, comida, coche, gimnasio y, con suerte ocio, algo tendremos que hacer mientras sobrevivimos a las mentiras que nos cuentan los que gobiernan"

Carmen Peña

Actualizada:

Corre, pasa nena. Perdón, tía, no lograba aparcar. ¿Y quién en este barrio, chiqui? No te preocupes, ya sabía yo. [Suspirito], gracias. Nos sonreímos cansadas en la puerta, cada una con lo suyo, dos besitos en los mofletes sonoros y muacks, muacks. ¡Qué guapa estás pal tute que llevas! Uf, estoy tiesa, la verdad, pero un clean look y a sobrevivir la semana, tú sabes. Y oye, gracias por hacerme hueco, que la hora se que es malísima. Nada, nena, derecho al descanso no… ¡es broma!, que eres de las de siempre y el alquiler no se paga solo. Anda, bota por ahí el bolso y dime qué te quieres hacer. 

Hay una paz interior que conocemos las que llevamos las uñitas siempre hechas. Para mí, es esta hora y media, este ratito que me obligo a estar quieta porque le doy mis manos y disocio, dándole a la cabeza y al chucu chucu. Aunque a veces, toda desesperada, cojo el móvil y me pongo a hacer llamadas, responder audios, mirar esas conversación que se me fue pa’bajo y Neli me echa la bronca: ¡Tate quieta ya!

¿Saliste a los Carnavales al final? Solo el lunes, tía, quería salir el sábado pero estoy jodida de la espalda y mi madre me dio unos relajantes musculares que son mano de santo, pero claro, imagínate que salgo el sábado, el domingo trancada y hoy lunes estoy peor y no puedo venir a trabajar; qué va, qué va, no me lo puedo permitir.

Vivir y sobrevivir 

Qué mierda, la verdad, estar eligiendo siempre entre vivir y sobrevivir, pero mira, es lo que hay. A mi me da vergüenza pedirle pasta a mi madre, a estas alturas se la debería estar dando yo a ella, pero total, la gente no es ni consciente de sus privilegios. 

Hablamos un poco de todo, del curro, de la familia, de aquí y de allá, un poco de chisme, y a veces, cuando no nos da para más, nos regalamos un poquito de silencio y de cariño cómplice. Cansa-hadas. No solo con mi manicurista, sino con mi entorno, sobretodo con los que tenemos la vida a medio hacer —la juventú—, la mayoría de las conversaciones están atravesadas por el “¡oh, qué será!”, y no el de Willie Colón —pasdescanse aunque se revirara—, sino a la verdadera incertidumbre del “¡oh, qué será de nuestras vidas con nuestros sueldos rasitos sin poder pagar una casa!”.

No lo entienden. Los que nos han llevado hasta aquí ni nos entienden ni quieren cambiar nada. El último informe del Consejo de la Juventud de Canarias refleja que para poder pagar la entrada media de una vivienda se necesitan cuatro años de salario íntegro. Vamos, un imposible para la juventud obrera.

Juventud

La juventud canaria, de los 16 a los 35 años, más o menos, nos vamos de parranda, pero no por vagos, sino porque una mijita de alegría nos tendremos que dar. Porque entre los mil y pico que alcanzan para el alquiler, comida, coche, gimnasio y con suerte un poco de vivir, ocio y cultura, que no es tan accesible, algo tendremos que hacer mientras sobrevivimos a las mentiras que nos cuentan los que gobiernan.

Ahora invierten nuestros impuestos en sus campañas de comunicación como si fueran influencers, en vez de hacer planes de empleo y formación que es lo que una espera de un gobierno decente. Los cambios reales para que podamos tener trabajos dignos, emprender, tener una formación de calidad, vivir de otra cosa que no sea el turismo o no terminar de cargarse la tierra no se ven. Eso sí, postureo mucho.

Tía, no me pases esas cosas por insta que es lo que aguanto todos los días. Ya, loca, perdón, es que dan mucho cringe bailando y quería contarte mis dramas, me pareció buena forma de empezar. A ver, sorpréndeme. Pues al final tenías razón, menos mal que escondí dinero porque se me rompió el termo y agüita, el frío de La Laguna no es normal. Al final sí te supo no salir en fin de año, camarera pero duchada con agua caliente. Qué mala eres. Que no… este año te hacen indefinida. Ojalá.  

Pobreza

Con una de las tasas de paro juvenil más altas del Estado, trabajar tampoco es sinónimo de poder vivir, de emanciparse. 3 de cada 4 jóvenes ocupados siguen estando en riesgo de pobreza. Muchas personas jóvenes, aún trabajando, no salen del domicilio familiar, ¿Y las que no tienen apoyo familiar, a las que la vida se les complica, las que vienen de otro lugar? Pues se la buscan para sobrevivir. Tasas de incorporación al mercado laboral y de emancipación más altas que los nacidos aquí. Cuando no hay colchón hay que meterle a la supervivencia sí o sí. Todo esto, con el mantra de la salud mental de por medio y con cero medidas institucionales que realmente den futuro.

La juventú —y no tan juventú— no nos vamos a quedar en relatos de victimismo, de qué mal el mundo que me han heredado, que yo pensé que todo era más fácil, me vendieron la moto de la meritocracia, del progreso sin fin, de que yo lo valgo y al mismo tiempo vivo con el síndrome del impostor y borrándome cosas del CV a ver si me cogen. Somos la generación que tenemos el tablero para nosotras. Está difícil, pero tanta información, tantos recursos, tanto talento y también tanta autoestima, que cuantita falta hace para dejar de buscar fuera lo que está en casa, para dejar de mirar a la capital del reino y a sus voceros como los salvadores. Esto también es deconstrucción decolonial, amore.

Cambios sociales 

Tanta gente joven —y no tanto— haciendo cosas porque las siente, porque amamos esto, porque esto va a ser desde aquí con orgullo. No somos conscientes todavía del impacto que tendrá en el chiquillaje la nueva ola de cultura canaria autocentrada, que ahora tenga sus propios referentes en casa, que los sueños se hacen realidad porque los vivimos nosotras y no somos ni más ni menos que nadie. 

Obviamente, todos estos cambios sociales y culturales tienen su reflejo en otros espacios, en la política también, y esa es la razón de la existencia de Drago Canarias, un espacio político de todas las islas, con una raíz soberanista y confederal, de un montón de gente que quiere hacer las cosas diferentes y no vamos a doblegarnos porque tenemos más hambre que miedo. El respeto se gana y se exige y aquí estamos la gente joven que vamos a cambiar nuestro país. 

No me mudo ni borracho es la respuesta correcta. Quedarse en casa y construir futuro es lo que pide la juventud del Archipiélago, por la veredita de superar la endofobia y de ponernos en el centro andamos, de querer ser dueñas de nuestro futuro. A los que no nos quieren irse de aquí, los que no nos vamos a mudar porque vamos a cambiarlo todo, ¿Qué hacen que no están en Drago Canarias?