Carlos Ruiz.

Opinión

Ficción aumentada

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Sr. Presidente del Club Natación Metropole:

Hace más de diez años que numerosos centros deportivos se han instaurado en nuestra ciudad; modernos, con abono asequible, con personal altamente preparado, tecnología punta en la maquinaria para la salud y un amplio abanico de actividades a elegir. El Metropole, que reinó durante décadas, ha permanecido invariable, sin sopesar adaptarse a la nueva realidad competitiva. El posicionamiento de mercado de la marca metropolista lleva tiempo perdiendo fuerza respecto a la imparable y exponencial oferta deportiva.

El modelo de negocio ha quedado obsoleto. El CN Metropole no solo tiene que ser rentable, también debe ser capaz de crear valor para el socio, para que se abone convencido por el producto y/o servicio que recibe.

A lo largo de estos años hay que agradecer algunas iniciativas relevantes, como la compra del terreno en el que se asienta el propio Club, decisión valiente, ilusionante y certera por parte de D. Manuel Herrera Macario. Genialidad y anticipación de la mano de D. Arturo Lang-Lenton por la construcción de dos pozos que, con el paso de los años, pidieron a gritos una geotermia de baja entalpía; obra que, acertadamente, ejecutó D. José Feo.

Pero, en mi humilde opinión, el punto de inflexión en la larga vida del CN Metropole, indubitadamente, lo marca la pandemia de la Covid-19 en marzo de 2020, que dio lugar a un cataclismo que alteró cualquier faceta de nuestra cotidiana vida y arrasó con más de mil clubes deportivos en todo el territorio español.

Se paralizaron las competiciones deportivas, se ausentaron los ingresos por actividades, se cancelaron y retrasaron los eventos deportivos comprometidos y, por primera vez en sus 89 años de historia, se cerraron las puertas del Club Natación Metropole.

Recuerdo un sostenido mensaje, sin sonrojarse, de un vehemente y acalorado discípulo de Siempre Metropole, los días previos al primer estado de alarma decretado por el gobierno de la nación: “Es imposible que el Metropole cierre, porque es un club privado". Nada más lejos de la realidad.

La merma de ingresos, junto con la existencia de pagos fijos, desembocaron en un incremento de las necesidades de liquidez del Club. En este contexto de creciente incertidumbre general y de mayor preocupación, así como la falta de predictibilidad e imposibilidad de planificación, hicieron que los prestamistas conectaran la alarma sobre los riesgos asumidos.

Las cuotas sociales resultaron imprescindibles para atender las obligaciones de pago adquiridas, resolver las innumerables dificultades acaecidas y garantizar la supervivencia del CN Metropole. Y todavía algún lumbrera de boquilla con pedigrí reclamaba en redes sociales una reducción de la cuota social. Para mayor inri, acechaba una hilera de infortunios que se apelotonaban sin descanso en la casilla de salida: la guerra ruso-ucraniana, el sobrecoste energético, la inflación, y el desabastecimiento y encarecimiento de productos básicos, entre otros.

En los primeros tres meses de pandemia se publicaron 71 números de BOE, 22 de ellos extraordinarios. El Club Natación Metropole atravesó un tiempo excepcional, convulso y desconocido, asfixiado por el aluvión normativo a todos los niveles, estatal, autonómico y local, y teniendo que gestionar situaciones complejas y altamente volubles.

Prácticamente todas las empresas del mundo se han visto afectadas por la Covid-19, pero algunos metropolistas aseguraron sin vergüenza, que la pandemia de coronavirus no fue para tanto. Monstruoso.

Al mismísimo Fred Vergnoux le cuestionaron absolutamente todo. Un profesional que ha sido entrenador olímpico (2000-2004-2008-2012-2016-2020); que ha trabajado con 32 nadadores olímpicos (cinco  medallas olímpicas); que ha ejercido como entrenador en campeonatos del mundo (2003-2004-2005-2007-2008-2009-2010-2011-2012-2013-2014-2015-2016-2017-2018-2019-2023, con ocho récords del mundo, 22 medallas mundiales, 38 medallas europeas); que fue elegido entrenador del año en Bielorrusia (2003), Gran Bretaña (2006-2007), España (2012-2014-2016-2017); y que nombrado mejor entrenador del mundo en 2014.

Recuerdo que un día cualquiera, después de haberlo criticado sin mesura desde su llegada, el metropolista con pedigrí afamado le soltó sin titubear: “Compañero, de otra cosa no, pero de natación sí entiendo". Ignorancia y altivez ilimitada.

Por el camino también se ha puesto en cuestión a Alena Popchanka, licenciada en la Universidad Estatal de Cultura Física (Bielorrusia), licenciada en Educación Física (Francia) y reputada entrenadora superior de natación en Francia y España. Cuatro veces nadadora olímpica y campeona del mundo en 200 metros libres. Dos veces medallista en campeonatos del mundo y 17 podios en campeonatos de Europa, incluido un récord europeo. Un profesional incansable, cumplidora, afanosa y respetuosa con los deportistas; y ahora relegada a cuarta entrenadora. Surrealista, incomprensible, insensato.

El informe provisional del Administrador Concursal, fechado el 6 de marzo del presente año, no se ha publicado a disposición de los socios. Transparencia, pero solo si me conviene. En ese documento, resalta los acertados esfuerzos de reestructuración y los planes estratégicos de la anterior Junta Directiva. Valora positivamente la reducción del coste de personal por la sobredimensionada plantilla, pone de manifiesto el envejecimiento de la masa social y el absentismo laboral padecido, y califica de inasumibles los salarios, con costes de empresa, en muchos casos, superiores a los 55.000 euros.

El Expediente de Regulación de Empleo (ERE)  obedeció a una necesidad forzosa, una exigencia establecida por la moral y la ley, capitaneado además por la principal causa de fuerza mayor, la económica. De los 18 trabajadores afectados, cuatro percibían salarios que suponían casi el 200% respecto a los recogidos en el convenio colectivo nacional y la suma de las nóminas de los 18, acarreaban un incremento del 50% respecto al citado convenio estatal de clubes deportivos.

Desde la perspectiva que da el tiempo, resulta imposible olvidar la dimisión de cuatro directivos de Siempre Metropole en marzo de 2020, que echaron pie a tierra asolados por el pánico a los pocos días de la declaración del estado de emergencia a nivel nacional por el Gobierno español, con motivo de la pandemia causada por la COVID-19, el reto médico más importante de la historia de la humanidad. No parece que haya sido la mejor declaración de amor por su Club. En los momentos difíciles es cuando se conoce realmente a las personas.

Mención especial para los miembros enquistados del comité de empresa, que lejos de velar en beneficio de sus camaradas, decidieron enfrascarse en litigios absurdos y personalizarlo por exaltación de su ego. El binomio, parapetado y garantizado por el sistema, no dudó en interponer denuncia tras denuncia, por el motivo que fuese y carente de sentido, importándole bien poco el sablazo que suponía para las arcas del club. Meses antes de cesar en su puesto de entrenador, alguno se aseguró los garbanzos y solicitó incorporarse a su otro empleo, ese que ejerció, durante mucho tiempo, conjuntamente con su labor de instructor de waterpolo. Existen las palabras honor, compañerismo y lealtad.

Es asombroso y esperpéntico el baboseo con la Federación Canaria de Natación, otorgándole carta blanca para el uso y disfrute de nuestras instalaciones sin contraprestación económica. ¿Pago de favores a cambio de votos, ruido, mentiras y odio en RRSS? Transparencia, pero cargada de dioptrías.

La plataforma del Sr. Presidente, experta en falacias, insultos y mentiras; ¿Se extinguió o se quedó muda? ¿Habrá otra quedada de Plataforma INactiva Metropole en la puerta del Club para silbar, insultar y amedrentar o sus simpatizantes han ganado ya algo de civismo?

Doloroso desistimiento súbito de tanto empleado. Es muy triste y significativo que un elevado número de trabajadores elija abandonar su ocupación en los tiempos que corren. Quizás porque el Presidente se olvidó de hablar un ratito con ellos antes de imponerles por auto judicial los detalles de su futuro. No puedo entender ese desapego, precisamente, con los asalariados que dieron el callo sin rechistar, más aún cuando la situación era francamente complicada. ¿Ha calculado el importe de las indemnizaciones de las personas que no siguen? Respire hondo antes de coger el lápiz.

Siempre Metropole mintió reiteradas veces, incluso en la entrevista radiofónica, cuando afirmó que la anterior Junta Directiva quería vender el Club en 52 millones de euros. Es absolutamente falso. Debió prosperar el plan de viabilidad presentado en mayo de 2022. No estaríamos hablando de ERE, concurso de acreedores y de una cuantiosa pérdida de la masa social.

La Fundación buscaba fomentar el deporte y colaboraciones con entidades públicas o privadas, para que el socio no tuviese que soportar el déficit de las secciones deportivas, además de conllevar su constitución un marco fiscal muy ventajoso. La idea englobaba que caminase de la mano con el Plan Nado, ambicioso proyecto de patrocinio-mecenazgo por el que se interesaron más de 100 empresas y que Siempre Metropole se encargó de ahuyentar con una avalancha de falacias en RRSS y a pie de piscina.

Cuando parecía imposible caer más bajo, la realidad supera a la ficción con el flamante secretario deportivo, que poco ha tardado en mostrar públicamente, Facebook, por enésima vez, sus dotes de bajezas e inmundicias, regocijándose y mofándose sin precedentes, nombrando a miembros de la anterior Junta Directiva con diminutivos, publicando una instantánea donde sonríe de oreja a oreja en la puerta de un club que, más bien, debería estar de luto por la dolorosa desbandada de tanto trabajador cualificado. Por si fuera poco, otro directivo del CN Metropole comparte la desagradable publicación con orgullo. Un Club que, por encima de todo, debería inculcar valores, modales, civismo, respeto y urbanidad.

D. Alberto Santana no fue el presidente que salvó al CN Metropole, pero usted tiene todas las papeletas, a tenor de tanta decisión improductiva y estéril, para ser el mandatario que hunda y arruine a su querido Metropole.

Recuerdo con estupor y desagrado su discurso populista en la desgarrada y fraudulenta moción de censura, fantaseando, insultando y voceando sandeces a los cuatro vientos; cito textualmente sus palabras: “El Metropole puede salir de esta situación y fácil además”. Vanidad aterradora.

Ciertamente, tampoco me gustó la afirmación del expresidente, me resultó malsonante, inútil y controversial. La diferencia radica en la entrega altruista e incondicional de D. Alberto Santana, desviviéndose literalmente por el CN Metropole desde que asumió esa responsabilidad. Podrán achacarle errores, es humano, pero siempre desde el desinterés, con valor, hombría, ilusión y sentido común.

D. Alberto Santana sí pudo salvar al CN Metropole, no tengo la menor duda, pero algunos decidieron boicotear el más mínimo movimiento, agraviarlo y ultrajarlo con una bajeza sin precedentes.

Sr. Presidente, usted también dejará huella, pero mezquina y embustera. El mismo que pedía transparencia, firmó por duplicado la moción que agitó con odio. Surrealista.

Hombre honrado, antes muerto que injuriado.

Carlos Ruiz.
Socio número 34.341

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