En el municipio de Firgas, en el norte de Gran Canaria, se conserva uno de los ejemplos más singulares del patrimonio etnográfico del Archipiélago. Se trata del Molino de Firgas, también conocido como Molino del Conde, un molino de gofio hidráulico cuya construcción se remonta al año 1517 y que continúa en funcionamiento más de cinco siglos después.
Este histórico molino, considerado el más antiguo de las Islas Canarias que todavía sigue activo, se encuentra ubicado en el centro de la villa, junto a un parque. Su relevancia patrimonial llevó al Gobierno de Canarias a declararlo Bien de Interés Cultural en 2007, dentro de la categoría de Sitio Etnológico.
Un molino histórico
El Molino del Conde se levanta sobre la acequia de la Heredad de aguas de Arucas y Firgas, un sistema hidráulico tradicional que ha permitido durante siglos el aprovechamiento del agua para distintas actividades agrícolas e industriales.
Gracias a la fuerza del agua que circula por esta acequia, el molino sigue realizando la molienda del grano para producir gofio, uno de los alimentos más representativos de la gastronomía tradicional canaria. Su continuidad en el tiempo lo convierte en un testimonio vivo de las prácticas alimentarias y agrícolas que marcaron la historia de las Islas.
Arquitectura tradicional
El edificio del molino está organizado alrededor de un patio central, desde el que se distribuyen las distintas dependencias. La construcción responde a la tipología tradicional de la arquitectura rural canaria, con tejado a dos aguas, tejas exteriores y estructura interior de madera de tea.
En el salón principal se encuentran los elementos fundamentales del proceso de molienda. Entre ellos destacan la tolva, donde se carga el grano; el avisador, que indica el nivel de grano disponible; y la canaleta por la que el cereal desciende hasta las piedras de moltura.
El corazón del molino
El proceso culmina en las piedras de moltura, encargadas de triturar el grano tostado hasta convertirlo en harina de gofio. Estas piedras se encuentran protegidas por el denominado ruedo o guardapolvo, una estructura que evita la pérdida de harina durante la molienda.
El funcionamiento de este mecanismo, impulsado por la energía hidráulica, ha permitido que el molino continúe operativo durante siglos, manteniendo técnicas tradicionales que apenas han variado con el paso del tiempo.
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La cueva
Bajo las piedras de moler se encuentra una planta inferior conocida como la cueva. Se trata de una bóveda de mampostería donde el agua que alimenta el molino desciende a través del cubo antes de accionar el mecanismo.
Desde este punto, el agua sale por el bocín, una estrecha abertura que canaliza su salida tras haber movido la maquinaria. Este sistema hidráulico es fundamental para el funcionamiento del molino y constituye uno de los elementos más interesantes de la instalación.
Durante el proceso de restauración del edificio se incorporó una finalidad didáctica al proyecto. Por ello, en el suelo del salón principal se habilitó una ventana que permite observar la cueva y contemplar el funcionamiento de la maquinaria cuando el agua entra en el molino.
Orígenes en el siglo XVI
La historia del molino se remonta al siglo XVI, cuando la actual villa de Firgas era un pequeño asentamiento que crecía alrededor de un ingenio azucarero. La población necesitaba contar con un molino para producir harina, o más concretamente gofio, que constituía el alimento básico de la dieta campesina en Canarias.
Fue entonces cuando el Condado de la Vega Grande impulsó la construcción de este molino hidráulico, que aprovechaba el agua de la Heredad de Firgas y Arucas para mover sus ruedas. Según recoge el decreto de declaración patrimonial, la molienda se sitúa junto a la acequia matriz de la Heredad, que discurre junto al molino y cuenta con un desvío de aguas hacia la entrada del cubo. En ese punto se instalaron rejillas destinadas a impedir que impurezas llegaran al bocín.
De molino tradicional a recurso cultural
A lo largo de los siglos, diversas generaciones de molineros explotaron esta infraestructura hidráulica. Sin embargo, en el siglo XX el conjunto sufrió un importante deterioro. Entre 1959 y 1994 el molino permaneció cerrado y abandonado, lo que provocó que tanto el edificio como la vivienda del molinero llegaran a encontrarse en ruinas. La situación cambió cuando el Ayuntamiento de la Villa de Firgas adquirió el inmueble en 1994.
Tras su compra, el consistorio impulsó un proceso de restauración que permitió recuperar el conjunto y devolverle su función original. Hoy, cinco siglos después de su construcción, el molino sigue moliendo gofio y se ha convertido también en un atractivo turístico y cultural.
Conocer la tradición del gofio
Actualmente, la antigua vivienda del molinero alberga la Oficina de Información Turística del municipio, mientras que el molino continúa activo y recibe visitantes interesados en conocer el proceso tradicional de elaboración del gofio.
El Molino de Firgas se ha consolidado así como uno de los espacios más representativos del patrimonio etnográfico de Gran Canaria, permitiendo acercar a residentes y turistas a una tradición que forma parte de la identidad cultural del Archipiélago.