La ciencia que tenemos y la economía que no construimos

Canarias lleva décadas invirtiendo en ciencia pública de calidad. La Estrategia Deep Tech aprobada por Moncloa abre una ventana inusual: que ese conocimiento deje de ser solo un activo científico y se convierta en base para una economía de mayor valor

La ciencia que tenemos y la economía que no construimos. / EFE
La ciencia que tenemos y la economía que no construimos. / EFE

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El martes, el Consejo de Ministros aprobó la Estrategia Deep Tech España 2026–2030. Más de 8.000 millones de euros movilizados hasta el fin de la década para convertir ciencia en industria. Para que grupos de investigación, startups tecnológicas y capital privado encuentren el espacio institucional y financiero que hoy, en la mayoría de los casos, no tienen.

La noticia llegó dispersa por el ruido habitual de la agenda política, pero hay un debate que esa noticia abre, especialmente para los territorios periféricos, que merece una lectura más reposada. Y Canarias, en ese debate, tiene mucho que decir. O mucho que perder si decide quedarse callada.

Un archipiélago que ya produce ciencia

Canarias no parte de cero. Esa es la primera cosa que hay que decir, porque a veces el discurso sobre la innovación en las islas parece dar por sentado que estamos mirando desde fuera un tren que aún no ha llegado a nuestra estación.

Nuestras universidades públicas lideran de forma sólida buena parte de la generación de conocimiento en el Archipiélago. Los hospitales, centros tecnológicos, infraestructuras científicas e institutos de investigación forman un ecosistema que se ha construido con esfuerzo público sostenido a lo largo de décadas. Son activos reales. Son capacidades probadas.

Tenemos capacidades singulares en astrofísica y comunicaciones ópticas, en salud y biotecnología, en energía, datos, comunicaciones avanzadas, fotónica, sensores, sostenibilidad y economía azul. Campos que no son marginales. Campos que están en el centro de la nueva economía tecnológica global.

El nudo que no hemos sabido desatar

El problema no es la ciencia. El problema es lo que pasa después de la ciencia.

Cuando una región convierte conocimiento científico en tecnología, y tecnología en empresas, no solo genera actividad económica puntual. Genera propiedad intelectual. Crea talento especializado que se queda. Atrae inversión productiva. Produce startups y spin-offs, empleo cualificado y, sobre todo, la capacidad de competir fuera del territorio en condiciones de igual a igual.

Canarias, hasta ahora, no ha tenido en esto una estrategia propia ni una ambición explícita. La transferencia de conocimiento ha sido la gran asignatura pendiente. Los centros de investigación han producido excelencia científica, pero pocas veces esa excelencia ha cruzado la frontera hacia el tejido empresarial con startups globales. Los inversores no han aprendido a leer proyectos tecnológicos de maduración larga. La administración ha tendido más a tramitar que a habilitar.

Lo que tiene que cambiar en el ecosistema

Para que la Estrategia Deep Tech tenga sentido para Canarias, todos los actores del ecosistema tendrán que moverse.

Las universidades llevan años haciendo un trabajo muy serio en transferencia de conocimiento. Hay que reconocerlo y reforzarlo. El resto de centros públicos de investigación y la investigación sanitaria necesitan dar un paso más: facilitar activamente que el conocimiento que se genera llegue al mercado, no solo publicarlo en revistas especializadas.

Las administraciones públicas deben dejar de actuar solo como gestoras de ayudas y convertirse en verdaderas habilitadoras del ecosistema: facilitando suelo, reduciendo fricción burocrática a los emprendedores, abriendo compra pública innovadora. Las empresas consolidadas deben abrirse a colaborar con startups y grupos científicos, en lugar de esperar resultados ya probados. Y quienes emprendemos debemos aprender a traducir conocimiento complejo en propuestas empresariales claras, financiables y orientadas al mercado.

La pregunta que no podemos eludir

Llevamos años trabajando en la diversificación económica de las islas: turismo de mayor valor, economía azul, sector audiovisual, energías renovables, logística. Son apuestas válidas y necesarias. Pero la diversificación basada en ciencia y tecnología tiene algo que esas otras líneas no tienen en la misma medida: crea capacidades propias difíciles de copiar. Genera ventajas competitivas que no dependen de la climatología, del precio del combustible ni de las decisiones de ningún operador turístico externo.

La pregunta no es si Canarias debe apostar solo por la ciencia como motor económico. La pregunta es más incómoda: ¿puede Canarias permitirse no aprovechar la ciencia que ya ha pagado, que ya tiene, que ya produce?

La Estrategia Deep Tech España no debe verse como una nueva bolsa de fondos a repartir. Debe verse como una oportunidad para que Canarias defina, por fin, qué papel quiere jugar en la nueva economía tecnológica. Qué quiere ser cuando el turismo no alcance. Qué quiere dejar construido para las próximas generaciones.

Nosotros lo tenemos claro. El futuro económico de Canarias pasa también por convertir ciencia en industria. No como alternativa al resto de apuestas. Como el eslabón que falta.