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Fernando Clavijo y Teodoro Sosa, este viernes, en el mitin celebrado en el Centro Sociocultural de Argana Baja. / AH

Clavijo, Sosa y el barco rumbo a La Graciosa

El viernes a las siete de la tarde, con algo más de un centenar de asistentes, el Centro Sociocultural de Argana Baja en Arrecife acogió el estreno lanzaroteño de la alianza de Coalición Canaria y Primero Canarias. El lema era “Canarias unida, Lanzarote unida”. 

En el escenario bailaban bajo la atronadora megafonía Fernando Clavijo y Teodoro Sosa, junto a Daisy Villalba para el Senado y David Monte para el Congreso. En la sala, dos miradas misteriosas, de reservistas (de sal a calentar, que juegas), las de Pedro San Ginés y Oswaldo Betancort. 

Entre vítores de los propios y aroma de fritanga del catering posterior, la promesa estrella fue un barco gratis total para los vecinos de La Graciosa. Cuánto costará y quién lo pagará quedó para otro mitin.

Nacionalismo peculiar

El resto del catálogo siguió el mismo patrón. Diputados que negocien con el Estado sin obedecer a ningún partido de ámbito nacional. Inversiones para el agua de Lanzarote, en emergencia insostenible desde hace meses. Límites a la compra de vivienda por parte de no residentes. Reproches al Gobierno central por la gestión migratoria. El que lidera Coalición Canaria es un nacionalismo peculiar, cuyo programa consiste en que pague España. Que AENA devuelva a los aeropuertos canarios los extraordinarios beneficios que obtiene en las islas (Sosa dixit). Soberanos en la reivindicación, súbditos fieles de los Presupuestos Generales.

Hasta aquí, nada nuevo. El problema está en el calendario. Las del 29N son unas generales anticipadas que PP y PSOE van a plantear como una final de Champions entre izquierda y derecha. Coalición y los municipalistas responden que su bloque es Canarias. Es una frase de pancarta, pero la aritmética no lee pancartas.

Tip O'Neill, el veterano presidente de la Cámara de Representantes, dejó dicho que toda la política es local. El nacionalismo canario ha vivido de esa máxima durante décadas. El 29N amenaza con darle la vuelta. Cuando el votante cree que se juega quién duerme en la Moncloa, toda la política se vuelve nacional y lo local queda para el aperitivo.

Precedente de 2023

El precedente está muy cerca. En julio de 2023, Canarias repartió quince escaños: seis fueron para el PSOE, seis para el PP, uno para Sumar, uno para Vox y uno para Coalición. Cuatro años antes, el nacionalismo había sacado dos. 

El escaño de Las Palmas se evaporó sin que nadie llegara a ver por dónde. Teruel Existe y los regionalistas cántabros, que también tenían su propio bloque, terminaron igual. La polarización de la corte madrileña no distingue entre causas nobles y causas pequeñas: barre todo lo que no tiene suelo.

Tiene una respuesta, y no es mala. Cristina Valido sobrevivió en 2023, y Coalición votó aquel año las investiduras de Feijóo y de Sánchez con una flexibilidad que envidiaría cualquier gimnasta. Con el Congreso partido por la mitad, un solo diputado canario vale su peso en convenios que echarse en la mochila.

Tono de despacho

Esa es la apuesta de Clavijo, que mitinea ya con tono de despacho: acuerdos firmados, Presupuestos que no llegan y peleas entre los dos grandes que dejan a Canarias en la sala de espera. Un electorado harto de trincheras puede agradecer a alguien que no grite.

El problema es Las Palmas. Allí encabeza la lista un partido con menos de un año de vida que se estrena en unas elecciones. Y el espacio está roto. Nueva Canarias, de donde salieron Sosa y sus alcaldes, se presenta en paralelo con IU, Sumar y Podemos bajo la marca Unidad del Pueblo Canario. Habrá dos unidades canarias peleando por los mismos votos. El regionalismo insular ha logrado lo que parecía imposible: dividirse para presentarse unido.

Un inconveniente

Sosa pone el pulso de mitin. Habla con cuatro notas y con el adversario bien señalado. A saber: en la presentación de la candidatura reservó los reproches para los diputados que tienen “jefes de la Península”. “Voy a ir a Madrid a que me escuchen”, prometió. En Gáldar eso gana elecciones con mayorías absolutísimas. 

Su gramática es la de los populismos de moda, a derecha y a izquierda, con acento del norte de Gran Canaria: un pueblo propio frente a unos jefes lejanos. El inconveniente es que en una campaña polarizada siempre hay alguien que grita más alto y, lo que es peor, con más presupuesto de megafonía.

Bisagra

La moderación de Clavijo también tiene letra pequeña. Gobierna Canarias con el PP, y el PP canario ha dicho estos días que no pone líneas rojas a un pacto con Vox. En un plebiscito entre bloques, cada bando preguntará a la bisagra hacia qué lado piensa girar. Si calla, parecerá ambigua. Si habla, perderá a medio electorado. Las bisagras tienen esa desgracia: funcionan mientras no tienen que elegir pared a la que atornillarse.

El 29-N puede votarse en el Archipiélago como un referéndum sobre Madrid, y en esa papeleta Canarias no aparece.

El barco a La Graciosa puede acabar siendo gratis. Para eso, antes hay que llegar al Congreso, y este noviembre la travesía sale de la Península con muy mala mar.

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