Llevo días queriendo escribirte estas líneas. Todo el mundo habla de ti. Tu música suena por todas partes. Yo tengo cincuenta y nueve años y tú, déjame que te tutee, veinticuatro. Nos separa un abismo, pero nos une el paisanaje y la devoción por la Unión Deportiva Las Palmas. También nos separa la manera de pensar y, por supuesto, el cariz de muchas de las frases de tus canciones. Sí te digo que una de las expresiones que más repetía mi padre, que hace unos años que ya no está en este lado del tiempo, era la del baifo, lo hacía cada vez que llegaba el olvido o se le quedaba algo atrás, o cuando se confundía: ese baifo hacía tiempo que estaba extraviado en mi entorno, no se lo escuchaba a nadie; pero has aparecido tú y lo has colocado en todo el planeta, al baifo, a la ropa vieja, a Gáldar, a la Vará del pescado, a Telde, a Guayadeque o a La Graciosa, y yo tengo que confesar que, como todos los viejos, no me gustaba ese sonido extraño y nuevo de tu música y tampoco tu forma de declamar; aunque todo eso, Pedro, cambió el día del concierto en el Estadio de Gran Canaria, en la presencialidad, en el face to face, como dicen ahora, delante de cuarenta mil personas.
Yo fui porque acompañaba a mi hija, que entonces tenía trece años: disfruté ese concierto, bailé, canté y me emocioné como pocas veces cuando salieron Los Gofiones y cantaste con ellos la canción de Gran Canaria. Los mayores no esperábamos ese guiño, y no fue un brindis al sol o una ocurrencia de un día, no haces más que rebuscar en la memoria de nuestros abuelos, en el habla lejana y olvidada, y luego lo fusionas con las jergas de tu generación, y lo cantas con los ritmos que más se escuchan, y haciendo eso, desde una isla, contando las islas, te has colocado en la cima de la fama, sin complejos, y claro que hay letras que cambiaría, pero no te voy a pedir que pienses como yo: tú cantas como quieres y como eres, y haciendo eso has logrado derribar esos muros oceánicos que tanto nos han aislado a lo largo de la historia: todo tu disco arrasa en Spotify y en las listas de las canciones del momento, eso tiene mucho mérito; pero es que encima eres un pibe generoso, lo vi en el estadio aquel día cuando sacaste a muchos amigos canarios a compartir tu éxito y tu público, y lo eres ahora invitándolos a cantar en tu nuevo disco. Claro que lo he escuchado, el domingo entre Las Palmas y Mogán, ida y vuelta, y el sábado entre Las Palmas y Sardina de Gáldar, también yendo y viniendo.
Culpables
Mi hija escucha tus canciones a todas horas, y también fue a lo de los drones: esos mismos drones que sirven para tirar bombas en el otro lado del mundo tú los convertiste en belleza en Las Canteras, y claro que Canarias está como está, con mucha pobreza y con un desempleo tremendo, con abandono escolar y con niños que no tienen ni para el desayuno; pero es que parece que te están echando la culpa a ti de todo eso, por contar solo la fiesta, y qué pasa si eso es lo que tú quieres contar, que encima dejarás una millonada en Canarias, porque no concibo una campaña de promoción más exitosa para las islas, y no, no eres tú el que tiene la culpa de todo eso que pasa, los que tenemos la culpa somos nosotros, y muchos de los que te critican, por acción o por omisión hemos dejado que las islas estén como están, y me parece fuera de lugar que te critiquen por eso, porque cada cual hace lo que quiere, y canta lo que le da la gana, y si tú eliges esa mirada yo seré el primero que la defienda aunque no esté de acuerdo; pero en la vida se me ocurriría criticarte, que ya quisieran otros llegar donde tú has llegado eligiendo quedarte y no estar donde se supone que hay que estar para acercar el foco del éxito, y ya termino, y lo hago por donde mismo comencé: me gustan mucho Hijos del volcán y Mi balcón, y me alegra sentir que no estoy tan viejo.
También siento una pequeña punzada al ver cómo tantos canarios se convierten en los primeros enemigos de los canarios cuando triunfan, eso ha sido siempre así, en cualquier faceta, en la literatura, en la pintura, y hasta en el fútbol, cuando medio Estadio Insular le silbaba a ese genio que fue Germán Dévora, o mira, el otro día mismo, cómo le silbaban a Kirian Rodríguez, ese jugador ante el que siempre me quitaré el sombrero: me gusta que ustedes, los jóvenes, tengan ese buen rollo unos con otros, porque solo se crece y se avanza desde la generosidad, y por eso creo que la vida te ha sonreído, Pedro. Disfruta de lo conseguido. Aquí tienes un admirador que valora ese camino que has abierto tú solo. Y me gusta que seas consciente en tus letras de ese milagro que no se llama suerte sino coherencia con el destino que tú mismo has elegido.
