Joaquín Martínez

Opinión

Cuestión de elegir

Emprendedor y empresario

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Seguro que usted, como cualquier otro consumidor, habrá notado que su dinero le dura menos en la cartera. Los precios de (casi) todo han subido. De lo que más se habla, casi en cualquier lado, es de que el precio de la electricidad o de la vivienda están disparados, pero no son los únicos. Vamos a intentar arrojar un poco más de luz sobre el por qué y qué implicaciones puede tener esto en un futuro.

El IPC o Índice de Precios al Consumo es un indicador que mide la variación de los precios de una cesta amplia de bienes de manera porcentual en un período determinado de tiempo. En pocas palabras, es la medida que utilizamos para medir la inflación.

Antes de la pandemia, el IPC de 2019 en Canarias oscilaba entre el 0 y el 1% con una media anual del 0,4%. Esto significa que los precios casi no cambiaban. Solamente aumentaban mucho en bienes que no son de primera necesidad como tabaco, alcohol u hostelería. Sin embargo, en 2021, el IPC desde enero ha aumentado un 2,5% con un incremento de casi un 12% en vivienda y mas de un 7,5% en transporte, bienes ambos de primera necesidad. De toda la cesta de bienes que se estudian, solo ropa y calzado han disminuido sus precios este año.

Explicamos este aumento de los precios por el lado de la oferta y por el de la demanda, ya que al combinarse ambas circunstancias la inflación global está siendo mayor de lo esperada.

Poca oferta productiva

Por el lado de la oferta ha habido una reducción de oferta productiva, producida principalmente por la situación sanitaria sufrida en meses anteriores en países productores como India o Taiwán. También la crisis energética ha hecho que disminuya el volumen de fabricación en la industria de occidente. Asimismo, existen cuellos de botella en la producción debido a la falta de ciertas materias primas y productos claves como son los microchips (semiconductores). Pongamos un ejemplo básico de cómo la oferta influye en el aumento de precios. Ante la falta de semiconductores, la fabricación de nuevos vehículos se retrasa, por lo que, al haber una escasez de oferta, aumenta el precio de los pocos vehículos que salen a la venta y también aumenta el precio de los vehículos de segunda mano, ya que son los únicos disponibles.

Por el lado de la demanda, esta ha crecido debido al avance en la vacunación que ha fomentado una recuperación de la confianza y expectativas del consumidor y debido a las transferencias por parte de los estados a las manos de los consumidores finales en formas de flexibilidad en los créditos o de ayudas directas.

Volviendo a nuestro entorno más inmediato, se dan varias circunstancias que hace que esta inflación afecte a los sectores más básicos. En el mercado de la vivienda, vemos como hay una falta de suelo para aumentar la oferta de vivienda nueva. Aquí entran en juego, la combinación de lentitud por parte de las diferentes administraciones y la capacidad geográfica que tienen las islas para soportar nueva oferta de vivienda. Esto hace que el precio tanto de compra como de alquiler sigan subiendo.

Otro sector clave como es la alimentación, se encuentra con los problemas de distribución que se derivan del aumento global del precio del transporte marítimo de mercancías. A día de hoy el precio de la alimentación en Canarias es un 1,7% más cara que en febrero de 2020 antes de iniciarse la pandemia.

La consecuencia de una inflación alta y sostenida en el tiempo, como así parecen señalar todos los indicadores, puede ser la subida de los tipos de interés -que afectaría al famoso EURIBOR-, que trae como consecuencia el descenso de la oferta monetaria por parte de los bancos centrales -parar la “máquina de crear dinero”-. Por tanto, podemos decir que solo se puede reducir la inflación aumentando la oferta (lo cual va en contra de las políticas verdes), o disminuyendo la demanda (lo cual va en contra de las políticas sociales). Llegado el momento, será cuestión de elegir.

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