Auster dijo una vez que a partir de los cincuenta años se ha perdido a buena parte de las personas que has querido y que te han querido, que hay más tiempo detrás que por delante y que uno camina con fantasmas por dentro. Ya Auster no está en este plano de la existencia, pero su esposa Siri Hustvedt, lo ha traído de vuelta en un libro conmovedor y bello, emocionante, y creo que necesario para entender la ausencia y para saber un poco más del amor. No es fácil contar lo que cuenta; pero ha logrado que un libro que, por momentos, nos golpea fuertemente en el alma, se convierta en testimonio de vida, en el corolario de alguien que vivió y amó la existencia como pocos y que la escribió aún mejor, dejándonos muchas de las páginas más inolvidables de la literatura de los últimos años.
Yo no entendería la literatura de mi tiempo sin Paul Auster, y me costaría rastrear en mis recuerdos y en el placer de la lectura sin revisitar algunos de sus libros, sobre todo la Trilogía de Nueva York, pero también Cuaderno de invierno, Brooklyn Follies, El libro de las ilusiones, Tombuctú, Sunset Park Viajes por el Scriptorum o 4,3,2,1. Nos enseñó el azar y la fragilidad humana, lo que puede cambiar una vida con una caída o con el orden de una fila. Todo lo convertía en materia literaria, y de toda esa materia ha escrito Hustvedt.
Historias de Fantasmas, un libro revelador y bello que nos habla del dolor de sus últimos años con las muertes de su nieta y de su hijo, del terrible proceso de su enfermedad y del miedo a la llegada de un Trump que ya se asomaba como una mala sombra para el mundo a principios de 2024, cuando Auster escribe sus textos finales, las cartas a su nieto Miles, nacido en enero de ese año, cuatro meses antes de su muerte. Pero sobre todo aparece su obsesión de convertirse en fantasma para seguir visitando a su mujer, a su hija y a su yerno, para ver cómo crece ese nieto, y para mirar, por fin, el mundo con la distancia necesaria para entenderlo, o por lo menos para intuirlo como hizo siempre en cada una de sus novelas.
Abrazo
Un día le dijo a Siri que quería morir contando un chiste, y lo que transmite el libro es su ejemplo de despedida, con el abrazo con Salman Rusdhie el día antes de partir, y con la declaración de amor a su mujer y a la vida que se va recogiendo en un mapa literario trazado muy inteligentemente por Siri Hustvedt para poder asomarse a la enfermedad, a la muerte y al duelo desde muchas ventanas. Leyendo este libro, uno no puede dejar de recordar qué es la vida y lo importante que es la literatura cuando se apaga el cuerpo y nos quedamos sin respuestas.
Solo queda una estela de silencio antes de que podamos reconstruir de nuevo la vida escribiendo palabras como quienes empiezan a conocer su significado, y es así como nos enseñó a escribir Auster, buscando siempre algo nuevo, inesperado, en cada una de las vivencias y cada una de las miradas. También cada vez que utilicemos la misma palabra. Si leemos o escribimos muerte, por ejemplo, no podemos pretender que tenga siempre el mismo significado. Cada cual la escribe o la vive a su manera. Siri Hustvedt nos enseña que desde ese abismo, del que escribía Emily Dickinson, cada cual se inventa una ficción necesaria para tratar de seguir respirando.
