Las Galletas

He disfrutado mucho leyendo la novela de Óscar Liam. Lean a quienes están cambiando por completo la literatura que se escribe en las islas.

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Santiago Gil.

La literatura es una voz que se repite en la intemperie, en medio de la nada, una voz que resuena en el pensamiento de quienes leen las palabras que alguien escribe siguiendo una música, un destino o un camino hacia lo desconocido que, a veces, alcanza un punto y final. Viene de la oralidad, de lo que se contaba para vencer el miedo a la noche o a la muerte, y de lo que seguiremos contando para tratar de atisbar un poco más nuestros pozos más profundos, los que vamos escribiendo a lo largo de la vida y de los sueños, y, a lo mejor también, los que ya traíamos escritos y no descubrimos hasta que no los reconocemos en un argumento.

Óscar Liam ha escrito un libro necesario, valiente, bello y de una calidad literaria que estoy seguro que se irá reconociendo cada día un poco más. Le ha puesto voz a su abuela, la deja hablar, que le haga sus cuentos; pero lo hace sabiendo lo que nos enseñó Flaubert, que la literatura es forma y que debe tener su palabra y su estructura precisa, que todo depende de cómo contemos la historia o de cómo logremos que la cuente la voz que elegimos para que se adentre en el pensamiento de quienes luego lean esa sucesión de símbolos que son las letras. Su abuela aparcera, su abuela del Norte de Tenerife, su abuela que escribe la historia de tantas mujeres de las islas trabajando en los tomateros y luego en los primeros hoteles, la abuela que recupera la voz en el nieto que sí pudo leer y estudiar, en el nieto que honra su memoria y su sabiduría atávica, que reconoce su música y la deja sonar en cada página de ese libro fascinante titulado Las Galletas.

Irlanda, Joyce y Ulises

Creo que también es importante decir que la otra rama de la familia de Óscar Liam es de Irlanda, la Islanda del libro que cuenta su abuela cuando habla de ese viaje lejano que cruzó los destinos del escritor. En Irlanda, aprendimos del flujo de conciencia y del monólogo interior a través del Ulises de James Joyce. Hablan los personajes, en su jerga, con sus palabras y giros exclusivamente dublineses, y ese también intuyo que es uno de los secretos de Liam, dejando de lado los timoratos intentos de quienes quisieron dar voz a nuestras abuelas cambiando sus giros, sus tiempos verbalos y hasta su sintaxis: aquí se conserva todo como es, y se convierte, porque hay alguien con la inteligencia y el oficio de saber buscar, en literatura que dignifica el pasado y que, de alguna manera, devuelve la voz a quienes sacaron del colegio antes de los doce años.

He disfrutado mucho leyendo la novela de Óscar Liam. No hago más que recomendarla como recomendé en su día Panza de burro de Andrea Abreu o recomiendo Han cantado bingo de Lana Corujo. Lean a quienes están cambiando por completo la literatura que se escribe en las islas. Es una gran noticia lo que está aconteciendo. Porque, además, están saliendo fuera sin ningún complejo, publicando y vendiendo lejos de Canarias con la voz de dentro, con la memoria de los barrancos y de la oralidad; pero también con la sapiencia de quienes se han educado en una cultura abierta al mundo, sabiendo lo que se hace en todo el planeta. Esa mirada universal es la que creo que está engrandeciendo los argumentos de los pequeños pagos de las islas que están contando, con las voces y, sobre todo, con la música con la que Rulfo, por ejemplo, contó Mexico desde Comala, desde donde resuenan las palabras cuando dejamos que se escuchen, desde lo más pequeño y lo más cierto. También desde lo mas sabio que quedó del tiempo.