Cuando se piensa en el sur de Tenerife, mucha gente imagina grandes hoteles, piscinas infinitas frente al mar y paseos llenos de turistas. Pero a apenas unos kilómetros de esa imagen más conocida de la isla existe otro sur completamente distinto. Más lento. Más silencioso. Más escondido.
En mitad de calles empedradas, casas blancas y antiguos olivares aparece Ecohotel El Agua, un alojamiento que ha conseguido colarse entre los más especiales del archipiélago para quienes buscan desconectar de verdad.
La revista Condé Nast Traveler lo ha señalado como uno de los hoteles más románticos y saludables de Canarias. Y no es la primera vez que el lugar llama la atención fuera de las islas: también ha aparecido en recomendaciones de National Geographic Traveller por su concepto de escapada íntima y sostenible.
Un refugio escondido
El hotel se encuentra en Arico el Nuevo, uno de esos pueblos del sur tinerfeño que todavía conservan la calma de otra época. El núcleo histórico, declarado Bien de Interés Cultural, parece vivir ajeno al ritmo frenético del turismo masivo. Fachadas blancas, puertas de madera, huertas tradicionales y silencio. Mucho silencio.
En ese entorno se levantaba una antigua finca rural del siglo XIX que hoy funciona como un pequeño hotel boutique de cinco estrellas con una filosofía muy distinta a la habitual en el sector turístico. Aquí no hay cientos de habitaciones ni grandes zonas comunes llenas de actividad. La idea es justo la contraria: pocas personas, privacidad absoluta y sensación constante de retiro.
El lujo de desconectar
El proyecto está impulsado por el grupo NAOKŌ Healing Hotels y gira alrededor de un concepto muy concreto: bienestar físico y mental. La experiencia está pensada casi como una pausa radical frente al ruido cotidiano.
El alojamiento apenas cuenta con unas pocas villas privadas integradas en el paisaje volcánico del sur de Tenerife. Una de ellas ocupa una antigua bodega de piedra restaurada conservando gran parte de la estructura original. Otra incorpora piscina infinita climatizada con energía solar y vistas abiertas al océano.
Todo el diseño interior sigue una estética minimalista muy influenciada por el estilo japonés wabi-sabi: materiales naturales, tonos tierra, madera, piedra volcánica y espacios concebidos para transmitir calma. La sensación general es que el hotel intenta desaparecer dentro del paisaje en lugar de imponerse sobre él.
Spa excavado en la roca
Uno de los rincones más llamativos del complejo está bajo tierra. El spa se construyó excavado directamente en la roca y combina sauna, hammam, jacuzzi de agua salada, piscina fría y zonas de relajación donde el sonido del agua sustituye prácticamente a cualquier otra cosa.
Además, el hotel ofrece actividades muy enfocadas al bienestar integral: yoga, pilates, meditación, respiración Wim Hof, hidroterapia o programas de ayuno supervisado. Incluso incorporan estudios epigenéticos y tratamientos vinculados a salud preventiva, algo todavía poco habitual en hoteles de Canarias.
Detrás de buena parte de esa filosofía está Anthony Picq, naturópata y especialista en bienestar que decidió desarrollar este concepto entre Barcelona y Tenerife tras años trabajando en turismo sostenible.
La cocina, parte de la experiencia
Otro de los puntos fuertes del lugar es la gastronomía. Los huéspedes suelen destacar especialmente el restaurante, donde gran parte del producto procede de huertos ecológicos propios o de pequeñas explotaciones cercanas del sur de Tenerife.
La propuesta apuesta sobre todo por cocina vegetariana, vegana y crudivegana, aunque también incorpora pescado local, quesos artesanales y productos de temporada. El chef Kalu ha convertido la cocina en una extensión más de la experiencia de bienestar que vende el hotel: platos ligeros, ingredientes naturales y mucho protagonismo del producto fresco.
El proyecto incluso ya mira al futuro con ambición. Entre sus planes aparece ampliar instalaciones y abrir un restaurante gastronómico con aspiraciones de entrar en las grandes guías culinarias nacionales.