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Opinión

Que nuestra única huella sea la que dejemos en la arena

Un poco a modo de encuesta he observado que se alude a la huella de carbono, vinculada a la sostenibilidad del planeta, con nulo conocimiento de lo que es realmente y cómo repercute en nuestro día a día

5 minutos

Francisco Belín González./

No pocas veces los animalitos que somos los humanos cogemos con alfileres determinadas nociones que son relevantes para nuestra existencia. A ver, que nos paremos por un instante para razonar y no hacernos los interesantes con el vocabulario.

Acuñamos una palabra en nuestro cerebro o en el reservorio particular de términos con los que “se nos llena la boca” sin, en realidad, saber delimitar lo que significa en la práctica y mucho menos trasmitirlo con seriedad.

Un poco a modo de encuesta he observado que se alude a la huella de carbono, vinculada a la sostenibilidad del planeta, con nulo conocimiento de lo que es realmente y cómo repercute en nuestro día a día. Al final pasa un poco también con muchas de las palabras “sofisticadas” a la hora de expresarnos y que utilizamos de forma aleatoria. Todo por no perder un momentito acudiendo al diccionario.
Internet permite hoy consultar, en un pis-pas, lo que es la huella de carbono y así el que lo tenía “cogido con alfileres” –insisto- tiene la opción de entender y enfocar más esa “palabreja” que vale muchos quilates en el esfuerzo por conservar y defender el planeta de la devastación.

“Representa el volumen total de gases de efecto invernadero (GEI) que producen las actividades económicas y cotidianas del ser humano. Conocer el dato -expresado en toneladas de CO2 emitidas- es importante para tomar medidas y poner en marcha las iniciativas necesarias para reducirla al máximo, empezando por cada uno de nosotros en nuestro día a día”.

Es una de las incontables respuestas que me he encontrado en mi consulta simplemente a través del móvil. No cuesta nada adentrarse en estas indicaciones porque, entendida como globalidad, es decir todos los humanos juntitos en la convicción y en la motivación, parece muy visual el hecho de ponernos las pilas para reducir los efectos del cambio climático –que existir, existe, por mucho que se niegue-. Cuando hablamos de cada persona, monda y lironda, ya es otro cantar.

En otra información visitada en el navegador se resalta que “la huella de carbono personal es la que origina un solo individuo en su vida cotidiana al desplazarse, consumir, alimentarse y utilizar recursos como la energía. Se daría por bueno que cada habitante del planeta genera, más allá-más acá, una media de casi cuatro toneladas anuales de CO2, mientras que en países como Estados Unidos esta cantidad se cuadruplica por persona y año”.

Puestas así las cosas, y subrayadas, parece ser que juntitos seguimos poco menos que hacia la deriva en la conservación de la salud medioambiental y en lo que respecta a cada uno y cada una, ya sabremos en conciencia cómo nos las apañamos a la hora de cuidar nuestros recursos y qué grado de implicación dedicamos, por ejemplo, en el reciclaje o en hábitos saludables para nuestros entornos (especialmente eliminando lo más posible los plásticos de nuestra vida cotidiana). No hay vuelta de hoja.

Una imagen vale más que mil palabras

Sin más me “disfrutaba” hace bien poco un reportaje televisivo en un informativo reciente en el que aparecían imágenes de pescadores, sus redes destrozadas y las especies que “capturaban” en el Mediterráneo. Contenedores oxidados, una nevera (a treinta metros de profundidad), tuberías, el carrito del bebé y hasta… ¡un tobogán! Sí, un tobogán de parque infantil en el mar.

Qué paciencia hay que tener –o algo más y me refiero a esos pescadores- y es que en las cajas de clasificación de especies comerciales –vamos las que supuestamente van a consumir la ciudadanía- había todo tipo de “asquerosidades” –permitan por favor la palabra-. Entre una y otra, algún pescadito al que se le había quedado los ojos más abiertos de lo habitual. No me extraña ante tamaña desfachatez humana.

Al final entre la falta de educación o civismo, o la más mínima sensibilidad con la vida, en mayúsculas, nos encontramos con personas (¿?) que tienen las… de arrojar una nevera por la borda. Luego, también, lo dejamos todo en mano de los Estados, los Gobiernos, la ONU o la FAO para que nos salven de las atrocidades que están por venir (echa un vistazo a este artículo acerca de los grandes “habladores”), porque les aseguro que las aludidas imágenes del telediario eran dignas de tener en cuenta a la hora de dar un giro radical a nuestros gestos cotidianos a favor del medio ambiente.

Cada vez, menos tiempo, menos margen

Imágenes durísimas, eso sí, con plásticos y más plástico y, ya que somos así, pues echaremos la culpa a las gaviotas de lo que nos está pasando con la porquería. Créanme, no tengo el perfil, en absoluto, de catastrofista aunque esto huele muy muy mal –y nunca mejor dicho-.  

“Cada vez que viajamos en coche, cargamos el teléfono móvil o ponemos una lavadora, entre otras miles de rutinas, dejamos atrás una estela de gases que se acumulan en la atmósfera y sobrecalientan el planeta. Estas emisiones aceleran el cambio climático, como advierte la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y si no las neutralizamos a tiempo con la descarbonización de la economía y otras medidas, como los impuestos ambientales, nos espera un mundo más inhóspito a la vuelta de la esquina”. Categóricos estos párrafos capturados en la información de Iberdrola.com

Es por lo que desde este artículo periodístico me animo incluso hasta a rogar que cada uno de nosotros, de nosotras, procuremos esforzarnos lo máximo para que, por el bien de la humanidad, de las próximas generaciones, del planeta, nuestra única huella, la que dejemos visible, sea la de nuestro pie en la arena limpia y que el mar “azul” sea el encargado de borrarla sin más parafernalias aparejadas con nuestro paso por este planeta maltratado.

Encuentro de los Mares, Tenerife

Hablando del gran azul, excelente noticia la que hemos podido conocer hace poco y es que el único congreso del mundo que vincula la gastronomía con la ciencia y el sector de la pesca, celebrará en la Isla su quinta edición, del 16 al 19 de julio. Será la primera vez que Canarias acoge este esta cumbre, organizada por Vocento Gastronomía y promovida por el Cabildo tinerfeño, que tiene como objetivo debatir y profundizar en la defensa de la cultura del mar.

Hay que apuntar en el calendario esta acción que convertirá a Tenerife en un referente entre los territorios que defienden el futuro de los mares y sus ecosistemas, apostando por la riqueza ecológica y la potencialidad económica, turística y social de nuestros mares. El director general de Vocento Gastronomía, Benjamín Lana, señaló que “este congreso único en el mundo en el que se enrolan chefs, científicos y gentes del mar se ha consolidado a lo largo de estos años como una iniciativa comprometida con la explotación responsable de los recursos marinos y en una travesía que busca cambiarle el rumbo a la destrucción de los océanos.

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