El valor de los votos

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Héctor Morán. / AH

Ahora que todo el mundo parece ser zahorí del valor del voto propio y de los otros, convendría recordar a tan perspicaces adivinos que no hay nada que denote con más claridad la ignorancia y la vileza de la gente que confundir el valor con el precio real de lo conseguido. Si además se tiene la osadía de ser vocero o incitar a ello, esa indecencia entra en otra fase psicológica que no citaremos para que no se perciba como un insulto personal.

En todo caso, la idea no es nueva, se atribuye al genial Francisco de Quevedo, quien ya en el siglo XVII dejó escrito que “sólo el necio confunde valor y precio”, y tres siglos más tarde otro escritor no menos ilustre, Antonio Machado, concretó mucho más al decir que “todo necio confunde valor y precio”. Así pues, a la vista de las numerosas declaraciones en este sentido, deseamos convenir que el valor de un voto libre tiene poco o nada que ver con la querencia enfermiza y malsana de algunos opinadores o estrategas irresponsables para denigrar la utilidad de los sufragios que no les favorecen.

En democracia votar es un derecho ciudadano que debería ejercerse con absoluta libertad, sin falsedades, medias verdades, censuras, presiones, insultos, maniobras torticeras... vengan de conductas individuales o incitadas por organizaciones con pocos o ningún escrúpulo. Y siguiendo con los dichos, entendemos que cada cual intente arrimar el ascua a su sardina, pero tratar de meter la brasa en los ojos del adversario es un proceder infame más propio de personas o colectivos ruines que de aspirantes a cualquier representación ciudadana.

Es cierto que en el fragor de las campañas electorales se cometen excesos, pero nadie que desee mantener la cara alta y limpia debiera alentar o consentir insultos a la inteligencia colectiva, tratar de vender burras viejas como jóvenes y mucho menos utilizar el anonimato para convertir las redes sociales en un estercolero en el que se pudra la tradicional bonhomía de la sociedad canaria.

Camisas viejas

La mentira tiene las patas muy cortas, decían nuestros mayores: ¿Qué es eso de que unos votos valen y otros no? ¿Por qué algunos cachorros de camisas viejas de la izquierda se autodenominan lo que no son? ¿Por qué un progresismo exótico se permite repartir carnés de canariedad y engañar con proclamas de falsa unidad? ¿Qué es eso de escribir y verbalizar, con chulería, que los votos de unos canarios irán a la basura y los de otros ascenderán a la gloria de las instituciones? La ilusión y la esperanza se transmite con hechos y no con declaraciones repetidas a golpe de intereses creados tratando de interpelar a una sociedad harta de aguantar incumplimientos, abandono e indiferencia de su clase política.

El voto de todos y cada uno de los y las canarias es un mensaje inequívoco de una ciudadanía libre y madura para el 29 de noviembre, para mayo del veintisiete o para el momento que corresponda, ¡que a nadie se le olvide!

Es obvio que cada quién puede aceptar los eslóganes que considere, por falsarios que estos sean, pero la trayectoria reciente de algunas personas y organizaciones es historia viva que difícilmente podrá ser presente, y mucho menos futuro. Transmitir confianza, certidumbres, garantía de trabajo, fiabilidad... es lo que ofrecen las candidaturas de Drago Canarias a los más vulnerables, a la juventud y a quienes están con ella, al tejido social... todo lo demás es pura resignación y continuismo.

Creemos que toca dar frescura y certezas a la sociedad canaria para sacar a muchos de su apatía hacia la vieja política, que toca ofrecer programas y equipos limpios que no les puedan fallar porque son gente de palabra que no han mamado las malas mañas de su camada, gestores solventes de lo público cuya prioridad sean los intereses de Canarias y no el salvar los muebles de casas en ruinas. Sí, estamos plenamente convencidos de que eso es lo que toca el domingo del 29N.

Pegados a otra teta pública

En definitiva, queremos afirmar con solemnidad que para nosotros los votos de todos los canarios y canarias son igual de valiosos en estas elecciones, pero no valen para lo mismo. Y si no fuera a así, cabría preguntarse: ¿Por qué esos votos progresistas no sirvieron en las anteriores elecciones para cambiar lo que ahora pregonan? ¿Por qué han empeorado los indicadores de vida de la gente de esta tierra? ¿Por qué no se ha iniciado la diversificación del tejido productivo, una mayor protección del territorio, la mejora de los servicios públicos, el cuidado de nuestros mayores...? ¿Por qué no se ha priorizado la vivienda como la gran necesidad social? ¿Por qué no se ha legislado para facilitar un futuro de la juventud aquí?

No son preguntas en el aire, ahí está la gestión de anteriores diputados de Nueva Canarias en el Congreso o más recientemente el gran interrogante gestor de la diputada de Sumar transfugada inmediatamente a Podemos, el llamado Pacto de las Flores que disfrutaron algunas izquierdas en el Gobierno de Canarias, alcaldes, concejales, presidentes del cabildo, consejeros, diputadas... políticos todos ellos de las mismas camadas que ahora se esfuerzan en reinventarse para seguir pegados a otra teta de algún presupuesto público. 

La papeleta de Drago Canarias es la verdadera opción transformadora, el voto de la rebeldía social, del hartazgo de sostener a una vieja política incapaz de dar salida a los problemas que tiene Canarias, la única alternativa que ni está contaminada, ni va a dejar que la contaminen. Ese es nuestro compromiso.

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